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“Don Quijote” pone en pie al Campoamor

Gran éxito del Ballet Nice-Mediterranée con una representación academicista y preciosista del clásico versionado por Éric Vu-An

El Ballet Nice-Mediterranée, durante la representación de “Don Quijote” en el teatro Campoamor. | Valentina Ciuca

Éxito rotundo de la versión del “Don Quijote” del coreógrafo francés, de origen vietnamita y africano, Éric Vu-An, en el Festival Danza Oviedo. Con el público en pie, sonoras ovaciones y una larga secuencia de aplausos terminó ayer la representación del Ballet Nice-Mediterranée en el teatro Campoamor, tras una representación de dos horas, academicista y preciosista, en la que el cuerpo de baile brilló por su disciplina y su genio, y con una escenografía delicada que se recreaba en los tópicos del folclore español.

El “Don Quijote” de Vu-An fue todo divertimento, una exhibición de talento academicista, que mantuvo a los espectadores absortos, con la mirada concentrada en el escenario, con sus cuadros costumbristas y su tono romántico, sus episodios líricos y sus toques de humor.

Los tres actos del ballet se pasaron en un suspiro, dejando en el público con un sabor de boca delicioso. La función fue un regalo para todos los sentidos, pura danza y entretenimiento en mayúsculas sobre las tablas del Campoamor, por las que desfilaron toreros, chulos y chulapas, bailarinas, doncellas ingenuas y cármenes de rompe y rasga, un coqueto cupido y un Quijote enamorado.

La coreografía de Éric Vu-An fue un homenaje a la tradición del ballet clásico, recreando una España afrancesada, en la que se cruzan dos historias de amor, la del Quijote (Michel Bejar) y su Dulcinea (Zaloa Fabbrini) y la de Kitri (Ekaterina Oleynik) y su amado Basilio (Luis Valle Ponce). El cuerpo de baile, encabezado por Veronica Colombo y Théodore Nelson, se ganó a los asistentes a la gala, la primera que el Ballet Nice-Mediterranée ofrecía fuera de Francia tras dos años recluidos por la pandemia de covid y con el acompañamiento musical de la orquesta sinfónica local, Oviedo Filarmonía, también muy celebrado. Si el trabajo de Éric Vu-An brilló en la dirección artística, el de Léonard Ganvert lo hizo en la dirección musical.

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