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La Corredoria estalla por su instituto: “Nos tratan como a ciudadanos de segunda”

La consejera de Educación promete “agilizar al máximo” los trámites del nuevo proceso de contratación de las obras del centro educativo

Una protesta en el Instituto de La Corredoria para reclamar más espacio. | Luisma Murias

La consejera de Educación, Lydia Espina, se comprometió ayer a “agilizar al máximo” el nuevo proceso de contratación para las obras del Instituto de Educación Secundaria (IES) de La Corredoria, después de que la empresa a la que se había adjudicado las obras (Constructora Interurbana) decidiera tirar la toalla debido a que el coste de los materiales no encuentra techo. Con lo que los trabajos, presupuestados en 11,24 millones de euros –casi tres más de los inicialmente previstos–, le resultaran exiguos y no le saliera a cuenta ni siquiera colgar el cartel anunciando el proyecto. Un problema con el que el alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli, se mostró comprensivo. De hecho, el propio Consistorio lo está sufriendo en sus carnes. El regidor, que el miércoles mantuvo una conversación telefónica con Espina, aseguró que Educación “está haciendo todo lo posible” para sacar adelante el proyecto y añadió que la subida “brutal” de los precios es un problema que afecta a todas las administraciones. No lo entienden así los padres de los estudiantes y los vecinos del barrio que aseguran que el “cabreo es monumental”. “Nos tratan como a ciudadanos de segunda”, lamentaron.

Sin ir muy lejos el Ayuntamiento está “reproyectando”, en palabras de Catenli, varias obras cuyos contratos habían quedado desiertos por este mismo motivo. Citó entre ellas el nuevo proyecto para el centro de salud de La Manjoya (que se aprobó ayer mismo), el nuevo comedor del colegio de Ventanielles y el centro social de Tudela Veguín. “Es un problema que estamos sufriendo todos (el de la subida de los costes) y sobre el que se puede hacer poco”, apuntó el alcalde de la capital asturiana.

Menos comprensivos fueron los vecinos del barrio. Más en concreto las asociaciones de madres y padres de alumnos de los colegios públicos de La Corredoria (el CP La Corredoria, el Poeta Ángel González y el Carmen Ruiz-Tilve) y del actual instituto, vecino de la estación de tren. Portavoces de estos colectivos aseguraron sentirse “estafados, cabreados y decepcionados con la pésima y nefasta gestión de la Administración del Principado”. Estas asociaciones juzgan la situación de “lamentable” y reconocen que el “cabreo es monumental entre todos los vecinos del barrio, por el abandono que sentimos por parte de la Administración, la poca sensibilidad y el poco interés que demuestran por los jóvenes del barrio, privándoles de tener una educación de calidad en unas condiciones dignas y con unos medios adecuados”. Los padres critican que “los jóvenes siguen y seguirán ‘sine die’ hacinados en un instituto que está casi al doble de su capacidad, recluidos en barracones, con unos medios precarios”. Y no les falta razón. El único instituto de La Corredoria nació pequeño. Cuenta con capacidad para albergar a 650 estudiantes, pero este curso –debido al explosivo crecimiento demográfico que ha experimentado este barrio– acoge a 1.100. Muchos de ellos reciben clase en unos barracones que la Consejería habilitó hace unos meses. Dentro del edificio se habían quedado sin espacio. Los padres de estos alumnos ya han perdido la fe. “No queremos más promesas, ya hemos perdido la confianza en la Administración que nos llena de buenas palabras, pero de pocos hechos, que trata a los jóvenes de La Corredoria como ciudadanos de segunda, que no apuestan por su futuro”, aseguraron.

Pero aunque la Consejería de Educación quiera agilizar al máximo los plazos la demora en el inicio de la construcción del centro –que debería abrir su puertas el próximo curso– será de unos meses. Inevitablemente, pues los pasos administrativos son lentos. Lydia Espina explicó que primero hay que “rescindir el contrato, firmado en el último trimestre de 2021, porque la constructora ha dejado claro, por escrito y de manera verbal, que no iniciará las obras con el presupuesto actual, debido a la crisis de los materiales y a las consecuencias económicas del conflicto de Ucrania”. Una vez formalizada la rescisión del contrato, hay que someter la obra a una nueva revisión de los precios, para ponerlos al nivel del coste de las materias primas, y entonces ya podría volver a sacarse a contratación. “Se desplegarán todos los recursos de la Consejería para que pueda resolverse lo antes posible, el miércoles mismo tuvimos la última reunión con la empresa”, aseguró Espina, “tienen mi palabra de que el proyecto se va a llevar a cabo porque, sin duda alguna, supone una gran preocupación, un gran disgusto, y queremos sacar la obra adelante. Somos conocedores de que el barrio necesita este instituto”. Lo que rechazó la Consejera, por arriesgado, fue proporcionar un calendario. Ni aproximado .

Con estos argumentos sobre la mesa, los padres de los estudiantes exigen el “inicio de las obras de inmediato y que se cumpla la fecha prevista de inauguración”. “Estamos seguros de que, si el interés es real, se podrá construir un instituto en 12 meses, si en otros lados del mundo han sido capaces de construir hospitales en dos semanas, no dudamos de que con la apuesta firme de la Administración del Principado de Asturias se puede conseguir”, apuntan.

Las palabras de Espina encontraron abrigo en el Grupo municipal Socialista del Ayuntamiento de Oviedo. Su portavoz, Diego Valiño, aseguró “que hay que lamentar que los esfuerzos de Educación por exigir a la empresa el cumplimiento de sus compromisos no hayan dado resultado. En este escenario, una rápida resolución del contrato y una nueva licitación son el mejor camino para que La Corredoria pueda disponer cuanto antes de un nuevo centro de Secundaria”. Valiño es partidario de penalizar este tipo de comportamientos de las empresas. “Desgraciadamente, este tipo de prácticas, con ofertas muy a la baja, son demasiado comunes, solo buscan conseguir el contrato para luego tratar de exprimir a la Administración y conseguir beneficios extra”, aseguró.

Menos comprensivo fue el grupo municipal de Somos, que calificó de “intolerable” la situación del instituto. “No puede ser que legislatura tras legislatura el Gobierno asturiano siga sin poner en marcha estos equipamientos, mientras que el alumnado se ve abocado a seguir metido en barracones”, aseguró la portavoz Ana Taboada. Tampoco lo fue Vox. Su portavoz municipal, Cristina Coto, aseguró que “el día que instalaron los barracones tercermundistas dieron continuidad a más de 25 años de promesas incumplidas desde que Riopedre lo prometió para 2015. No hay excusas porque hay soluciones para el alza de precios”.

Una demora escandalosa: el proyecto se anunció en 2010, pero no se presentó hasta siete años después


El nuevo Instituto de Educación Secundaria de La Corredoria debería ubicarse entre el colegio Carmen Ruiz-Tilve y la primera fila de edificios de la calle de la Media Legua. En un terreno con un importante desnivel y que ahora mismo está serpenteado por el uso diario de centenares de vecinos del populoso barrio como lugar de recreo. El proyecto viene de atrás, de muy atrás. La primera vez que se prometió este equipamiento fue en 2010. Hace ahora doce años. De aquella la Consejería de Educación la ocupaba José Luis Iglesias Riopedre. Su planteamiento inicial era que el equipamiento estuviera terminado en 2015. Evidentemente, no fue así. El tiempo pasó y el proyecto fue diluyéndose para desesperación de los padres. Hasta que el otro instituto, el único del barrio, ubicado en la misma acera de la estación de tren y frente a un edificio municipal, comenzó a quedarse pequeñísimo. Tanto que Educación tuvo que habilitar unos barracones en el patio para que los estudiantes pudieran acudir a clase. Cambiaban las caras en la Consejería y a trompicones parecía que se iban dando paso. En mayo de 2017, el por aquel entonces consejero Genaro Alonso presentó un proyecto, con maqueta incluida, para un instituto con capacidad para 640 alumnos (con 16 aulas de la ESO y 8 de Bachillerato). Iba a costar 8,7 millones (casi tres menos que ahora). Tampoco fue de aquella. Ahora parecía que el proyecto, para alivio de los padres, iba a poder retomarse. Las obras se adjudicaron en octubre, pero la empresa no llegó ni a colgar el cartel anunciador del proyecto en la desnivelada parcela.

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