Suscríbete

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Ana Margarito Directora de la feria «60ymucho+», que promueve el valor de los mayores en la sociedad

“Nadie merece ser marginado después de una vida de trabajo”

“Luchamos contra la discriminación por sexo o raza, pero vemos natural discriminarnos por la edad”

Ana Margarito. | Jaime Casanova

Ana Margarito (Sevilla, 1961) es de esas personas inconformistas que le desean al mundo lo mismo que ella le pide a un futuro no muy lejano: cruzar la barrera senior sin sentir que debe pedir perdón por ello. “Vivimos en un momento en el que cumplir 50 años es sinónimo de perder valor. Y es al contrario”, sostiene. Por eso, en 2018 fundó “60ymucho+”, una plataforma de ayuda al envejecimiento con calidad de vida. Gracias a una colaboración con la Cámara de Comercio y el Ayuntamiento de Oviedo, el Palacio de Congresos de Buenavista acogerá dentro de un año, en abril de 2023, una feria que quiere cambiar la perspectiva sobre los más veteranos y su aportación a la sociedad: “Los tiempos han cambiado y las personas mayores no tienen por qué ser una carga”.

–¿Cómo nace su proyecto?

–Como la gran mayoría: debido a una experiencia personal. Llegas a una edad con un padre enfermo y sientes que no hay información sobre cómo proceder o a quién recurrir. En 2018 fundamos “60ymucho+” con la intención de hacerles la vida más fácil a las personas mayores.

–¿Y la feria?

–Con tres propósitos: promover la economía senior, las relaciones sociales y dotar de herramientas a los asistentes para amoldarse a un día a día en el que a pesar de formar parte del colectivo más numeroso, que más consume y tiene mayor poder adquisitivo, sufre una gran discriminación. Organizaremos talleres, charlas y ponencias informativas.

–¿Qué marginación se sufre a partir de cierta edad?

–Edadismo, algo que se encuentra muy normalizado. Luchamos contra la discriminación por sexo o raza pero vemos natural dejar solo a alguien por su edad. Para muchas empresas que su empleado cumpla 50 años no es sumar trayectoria, es un problema económico. Porque cuesta más mantenerle que a un joven al que le pagarán la mitad, algo terriblemente injusto para ambos. Nadie se merece ser marginado después de una vida trabajando. Además, se enfrentan a la brecha digital y eso que hacen grandes esfuerzos para adaptarse. Una abuela no es torpe por no saber usar Facebook, ni tampoco lo es su nieta por no escribir cartas.

–¿Interviene el factor social entre ambas generaciones?

–Sí. El modelo de familia ha cambiado y también los valores. El mayor de la casa ya no es visto como un patriarca o alguien a venerar. Se está infravalorando el conocimiento de toda una generación sin pensar que luchamos en una misma batalla.

–¿Por qué se lucha?

–Cuando veo a los pensionistas manifestándose pienso que deberían estar acompañados por los jóvenes. Son ellos quienes no van a tener pensión. Lo ideal sería ser empático y que ningún abuelo fuese una carga; pero, aun pensando de manera egoísta, su presente se va a convertir en el futuro de muchos.

–¿La solución pasa por unir fuerzas?

–Ese es el futuro al que aspiro. Donde se mezcle la innovación joven con la experiencia de los años. Aunque va a costar, porque en los tiempos que corren somos más de separar que de encontrar vínculos.

–Afirma que la pandemia ha servido para hacer algo de reflexión...

–Esto es una opinión personal, pero creo que durante mucho tiempo se ha cerrado los ojos a cuanto pasaba en algunas residencias e instituciones. Entonces llegó el covid y salieron a la luz imágenes que han servido para mentalizarnos algo más sobre el trato que reciben algunas personas mayores.

–Entonces, ¿ve luz al final del túnel?

–Creo que podemos llegar a una sociedad más justa y sostenible. Pero para ello no hay que mirar solo el medio ambiente. Debemos convencernos de que un envejecimiento saludable y feliz contribuye al avance social. Y la edad no tiene por qué ser un hándicap para vivir con entusiasmo.

Compartir el artículo

stats