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El Ayuntamiento media en una solución para la ruina de la fábrica de loza de San Claudio

Un promotor privado busca apoyo municipal para relanzar el conjunto, inmerso ahora en un concurso que los administradores se resisten a cerrar en falso

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La ruina de la fábrica de loza de San Claudio

Doce años después del fin de la actividad industrial y ocho desde que la Agencia Tributaria intentara venderla por primera vez, lo poco que queda en pie de la fábrica de loza de San Claudio tras los constantes incendios y los saqueos diarios libra su última batalla para evitar la ruina perpetua. Los casi 25.000 metros cuadrados de naves destartaladas, principal activo de lo que en su día fue una de las grandes actividades industriales de la zona, están a punto de volver a un punto de no retorno ante el inminente cierre en falso de un proceso concursal que no ha encontrado nuevos propietarios interesados. Hasta ahora. Un inversor privado acaba de llamar a las puertas de los administradores y el Ayuntamiento, que lleva al menos dos años reuniéndose con ellos y estudiando una posible adquisición, quiere ayudar a resolver este grave problema de degradación urbanística.

El concejal de Urbanismo, Nacho Cuesta, confirma que ha acompañado en varias ocasiones al Alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli, a negociar sobre el futuro de la factoría de San Claudio. Por ahora, la administración local no había encontrado la forma de asumir esas naves. Al margen de las cargas asociadas a la propiedad, deudas sobre la que los administradores parecen estar también dispuestos a negociar, los inmuebles son grandes y presentan una situación compleja. A su estado de ruina se suma una protección que, si bien ya no es la de Bien de Interés Cultural con la que en un primer momento se quiso proteger a los últimos trabajadores, pues el TSJA lo acabó anulando, sí es la de la inclusión de numerosos elementos en el catálogo del patrimonio regional. Es cierto que algunos de ellos, después de los incendios que el recinto fabril ha sufrido en los últimos años, incluso han desaparecido. Pero en resumen, el Ayuntamiento necesitaba, para rematar la operación, un interés o un proyecto para esos edificios que, hoy por hoy, no tenía.

Algunas de las naves de la factoría. | Irma Collín

Es en ese contexto, y justo ahora que el proceso concursal estaba obligado a cerrarse en falso, teniendo que regresar los activos a sus antiguos propietarios, es cuando la iniciativa privada ha venido a interesarse por la fábrica de loza.

Eliminar elementos en ruina

El proyecto que ha llegado al Ayuntamiento y que también se ha trasladado a los administradores concursales pasa por una intervención de mínimos y una ocupación que, en una primera fase, no sería nada agresiva con los elementos que quedan en pie. Se trataría, según ha podido saber este periódico, de limpiar la fábrica, consolidar aquello que se pueda mantener, eliminar los elementos en ruina, y acoger en ese espacio una actividad vinculada al ámbito sociocultural, en la línea de las fábricas de la cultura tan habituales en toda Europa en este tipo de recintos.

La coincidencia de las dos negociaciones, una en la que los administradores concursales ofrecen el activo a un Ayuntamiento no demasiado interesado en la operación y otra en la que un privado muestra su interés en hacerse con él, parece que puede hacer cambiar el destino de la fábrica de San Claudio. El Ayuntamiento, asegura Nacho Cuesta, es "consciente del problema urbanístico" que supone ahora la fábrica de loza y "quiere ayudar" a solucionarlo. Sin un proyecto municipal para los terrenos, sigue Cuesta, el gobierno local estaría dispuesto a "avalar un proyecto potente para que estos promotores privados pudieran afrontar la operación".

"Desde el Ayuntamiento no permaneceremos impávidos ante la situación de la fábirca de loza, y en el marco de la discreción de una operación de este tipo estamos valorando las expectativas y ahora mismo hay una vía muy interesante que vamos a seguir explorando", concluyó el concejal Nacho Cuesta.

La fábrica de loza, inaugurada en 1901, cerró en primavera de 2009 y los últimos propietarios de la marca deslocalizaron la producción y se llevaron la industria fuera de España. En su mejor época había llegado a tener 600 empleados.

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