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Presenta mañana en Oviedo su disco «En vivo, de momento» Jerónimo Granda Cantautor

"Nací para el pub, no para el campo de fútbol; eso ye lo mío, cantar en los chigres"

"No soy humorista, no me veo la gracia; se me pegó de los argentinos lo de hablar entre canciones, fui encajándolo y salió instantáneo, como el nescafé"

Jerónimo Granda, durante su concierto en el Teatro del Barrio en Madrid, el 9 de noviembre de 2019, un día antes de las elecciones generales.

Vuelve Jerónimo Granda (Oviedo, 1945) a tocar a un pub de su ciudad natal y lo hace para presentar "En vivo, de momento", el que fue su primer disco en directo de una ya larga trayectoria, grabado en noviembre de 2019 en el Teatro del Barrio, en Madrid, y editado a través de un proyecto de micromecenazgo, con la promesa de presentarlo en un concierto. Luego llegó el covid y un largo paréntesis, pero ahora, mañana jueves, a las 20.00 horas, lo pondrá de largo en La Piel del Tripulante (calle San José, 2, entradas en el local desde una hora antes, 10 euros).

–¿Cómo pasó la pandemia?

–Como todo el mundo. Tres meses en casa secuestrao por la policía, mascarilla p’arriba, mascarilla p’abajo. Dos años como un imbécil sin saber nada de nada.

–¿Algo sabremos después de tanto estudio científico?

–Pero la ciencia mete miedo al sustu. No nos informen de nada. Dicen que sí, que no, que ya veremos, que puede ser el mono, el murciélago, que si del tiempo de Tutankamon. Lo de la ciencia siempre fue así. Primero la ciencia decía que la tierra era plana y el que decía que era redonda lo quemaban en la hoguera. Ahora es al revés, y al que dice que es plana, a la hoguera. Vamos mejorando.

–¿No será negacionista, como Bosé?

–No me interesa ni Bosé ni nada de eso. Que digan lo que quieran. Más pijaes que yo no las va a decir nadie y a mí con las mías ya me sobra.

–Presenta disco en un local "piquiñín".

–Ye lo mío, nací pa eso, no nací pa Hollywood o el campo de fútbol. Nací para el pub, soy un hombre de bar, de chigre. Se perdió la costumbre de cantar en los chigres, de tomar un vaso y ponerse a cantar. Ahora ya no canta ni dios, quedaron cuatro trasnochaos.

–Alguna vez lo prohibieron.

–Prohibido cantar mal, sí, la gente se volvió muy fina.

–Sí, te meten el hilo musical.

–Sí, en el ascensor, en el hospital, en el dentista tienes que aguantar a Julio Iglesias, al Boss toda la tarde, a los "Beatles", que no los entiendes pero tienes que tragalos. En vez de poner unos cantarinos de aquí, unos coros, aunque sea de vez en cuando. Está todo en inglés, da asco. Pero ya se vio el otro día con la OTAN quién manda. Llevan ahí desde 1956 que desembarcó Eisenhower en Madrid, que lo vi yo.

–¿Nunca cantó en inglés?

–No, con "Los 106" tocábamos música de "Los Shadows". Yo no quise tocar a "Los Beatles" porque nadie sabía inglés, y habíalos que cantaben cosas que era para morise de risa. Además nunca fui "beatleliano", nunca me gustaron, siempre me pareció música de iglesia, de pastor irlandés que va cantando por las iglesias. Por lo menos cuando empezaron.

–Pero música americana sí.

–Elvis Presley, pero vía Enrique Guzmán y "Los Teen Tops". Pasó todas las canciones al castellano y lo hacía muy bien.

–¿Y lo de aquí, lo asturiano?

–Vienme de casa. Éramos muy cantarinos y cantábamos por los chigres, con los vieyos, haciendo coros... En el Cechini de la calle Mon que regentaba Angelita, la de la ópera, cantábamos los mis hermanos y yo a trío: "¡Un momento, que va a cantar el coro San Esteban!". Las sabíamos todas. Luego canté en mucho sitios. Pero lo del pub no tiene vuelta.

–Y en la tele.

–No ye lo mismo. En una actuación tiene que haber un público que va a vete, no uno que lu ponen allí. Tiene que ser uno que pasa por allí a tomar un vasu, te escucha y dice "¿quién ye este hijoputa?". Así me crié y estuve siempre.

–También hizo tele sin cantar.

–Fueron circunstancias raras, no era mi destino. Un día me invitó Javier Cuervo, que tenían un magazine, a que fuera a decir cosas. ¡Pero si no soy humorista! Y acabamos con "La radio piquiñina", pero no depende de mí, depende del público, que lo tragó. Vino rodado.

–¿No es humorista?

–No, cantante. Otra cosa es que haya canciones simpáticas y que entre canción y canción queda la huella argentina.

–¿Cuál?

–Tocábamos en Cimadevilla, en Gijón, y vinieron los argentinos, Mario el Indio, Carlos, uno de barba, Pablo que hacía bolsos de piel, porque estos argentinos hacen bolsos, canten, jueguen al fútbol... Y ellos entre canción y canción echen hora y media. Te cuentan quién compuso la canción, en qué disco sale, cuántas canciones hay, quién era la madre del autor, el sello discográfico y luego canten, pasó media hora y ya cumplieron. Eso se nos pegó.

–¿Dónde tocaban?

–En el Mesón del Gallo, calle Vicaría, 13. Ahí entré por la música suramericana, revolucionaria, algún tango, una canción cubana, y Mercedes Sosa cantó una vez allí, sentada en una silla, que te puedes morir.

–¿Entonces la coña, de dónde le sale?

–No te lo voy a explicar porque no lo sé. Yo no la veo. Yo no nací gracioso. Nunca me dediqué a contar chistes, empecé a darle a la chocolatera y ahí fui encajándolo, fue instantáneo, como el nescafé.

–¿Qué va a tocar mañana?

–No te sé decir. Nunca voy preparáu, no llevo guión ni escaleta. Llego, miro y según veo, voy.

–¿En vivo, de momento?

–Eso fue cosa de Edu Galán, que me quiere enterrar, el hijoputa. No, tien gracia. En vivo, de momento, porque te puedes caer en mitad de la actuación. Pero, de momento, estás ahí.

–¿Cómo lleva los años, la vieyera?

–Como siempre, esperando al año que viene, no me preocupa. Por lo demás, voy despacio, con el espíritu de la tortuga, que así viviremos más años.

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