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El camarero de Oviedo que no oye pero sí escucha: "El trabajo para nosotros está difícil"

Pedro Pablo Rey, sordo de nacimiento, pide que le hablen un poco más lento al coger comandas en el bar familiar: "Soy una persona como cualquier otra"

Pedro Pablo Rey Fernández sirve unas cervezas. | Luisma Murias

A veces, cuando toma comandas, Pedro Pablo Rey Fernández pide que le hablen un poco más despacio. Acumula años de experiencia y, por eso, muchos de los que no le conocen pasan por el bar familiar en el que trabaja sin darse cuenta de la situación. Es sordo de nacimiento y lee los labios con maestría. "Soy una persona como cualquier otra, pero el mundo laboral está muy complicado para nosotros", cuenta este ovetense obligado a poner especial cuidado para no cometer errores en la interpretación de los labios, pues no es lo mismo servir un Ribera que un Ribeiro. Y ahí está en quid de la cuestión, en no fallar.

El protagonista de esta historia lleva en el negocio prácticamente toda su vida. Confiesa que, sin la ayuda de su familia, no sabría cómo se hubiese "apañado" para salir adelante, o siquiera si lo habría logrado.

Hace unos días, un cliente de su bar, Antonio Blanco Prieto, quedó maravillado con su buen desempeño. De hecho, tardó en darse cuenta de la situación. Y lo relató en sus redes sociales: "Con un trato exquisito y en todo momento sonriente, fui muy bien atendido por el camarero, me pareció la mejor muestra de inclusión. Sin necesidad de eslóganes, me he hecho cliente", contó después de consumir en el bar que llevan entre Pedro Pablo Rey y su madre, Amada Fernández.

Fue ella la que decidió que su hijo podría prosperar en el negocio familiar de la calle Quintana, muy cerca de la plaza del Fontán. Fue ella la que, con infinita paciencia, le enseñó a leer los labios y también a hablar. Lamenta las pocas ayudas públicas a las que pueden optar las personas con discapacidad auditiva. "En vez de ayudarles y tenderles la mano, los aplastamos socialmente. Es una pena pero es lo que ocurre, por ese motivo, le di la oportunidad de trabajar en el bar con nosotros", contó Amada Fernández. "Es muy gentil y cariñoso, todo el mundo le quiere y muchos vuelven para ser atendidos de nuevo por él. He aprendido más yo de él que él de nosotros", reflexiona la madre.

Como todos, la pandemia se le hizo cuesta arriba a Pedro Pablo Rey. No por el asunto sanitario, que también, sino porque las mascarillas suponían una auténtica barrera ante su mejor vía para comunicarse. Sin ver la boca a la gente, las comandas eran misión imposible. Pero, como había hecho todos estos años, se las arregló como pudo y mientras su madre se batía el cobre en la cocina, él vendía menús de mesa en mesa.

Las limitaciones que puede tener, Pedro las suple con profesionalidad, capacidad de trabajo, cariño y amabilidad. Su buena actitud echa abajo cualquier problema. "Es muy trabajador y encantador", afirmaba un cliente mientras el camarero explica su situación.

Juan Manuel Sánchez Yeste, amigo de Pedro Pablo Rey, es también discapacitado auditivo y lamenta el panorama laboral al que deben enfrentarse. "Aunque quieran vendernos lo contrario, está muy complicado. A las empresas les da igual la formación o conocimientos que uno tenga, por lo general, todas las ofertas son para limpiar o similares, y a través de empresas que contratan el servicio, así que acabas subcontratado, esta es la verdadera realidad del mercado laboral para los sordos. Es súper injusto y queremos revertir esta situación", explica, siempre con su amigo como ejemplo de superación y de adaptación a una situación de vida y laboral tremendamente compleja.

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