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El belga que impulsó la industria asturiana

Charles Joseph Bertrand, que falleció hace 130 años, fundó en Santa Clara una avanzada fundición en la que construyó el quiosco del Bombé

Vista general de la fábrica de Trubia en la que trabajó Bertrand.

El modelo de industrialización estudiado por Jovellanos no fue puesto en marcha en Asturias hasta más de un siglo después de enunciar el ilustrado sus planteamientos teóricos. Así, la necesidad de abastecimiento que el ejército y la armada reclamaban, especialmente en lo referido al material armamentístico, y el interés por hacer despegar el movimiento industrial en la región trajeron a nuestro protagonista al puerto de Gijón un 28 de febrero de 1846. Ya era un hombre adulto y estaba a punto de cumplir 44 años. Por las fotografías que se conservan de nuestro protagonista, Charles Joseph Bertrand era un hombre ciertamente apuesto, de mirada seria, pelo negro y un bigote bien poblado. Hijo de una familia humilde y el penúltimo de nueve hermanos, este belga nacido en la provincia de Namur (en la región de Valonia) en 1814 tuvo que luchar mucho para llegar a convertirse en uno de los más prestigiosos empresarios metalúrgicos de su tiempo. Huérfano de padre, a los 15 años aprendió el oficio de herrero de la mano de un pariente hasta que, ante la evidente falta de recursos familiares y la necesidad de obtener un salario que le pudiera mantener de forma independiente decidió ingresar en el ejército belga donde siguió trabajando en el aprendizaje de la técnica metalúrgica. A los 26 años Charles se licenció como sargento mayor y abandonó el mundo militar para formarse en su verdadera pasión. Al año siguiente, el 7 de julio de 1841, contrajo matrimonio en Lieja con Josephine Renard Gobert, siete años más joven, con quien tuvo hasta nueve hijos. Curiosamente daría el nombre de algunas de sus hijas a las minas que posteriormente compró en la zona de Mieres (Carolina y Julia), mientras sus hijos heredarían su vasto imperio y su interés por el mundo de los negocios.

El quiosco del Bombé, durante un baile a principios del siglo pasado.

Bertrand trabajó en las fundiciones de Gante y Lieja y parece que allí conoció a quien fue uno de sus principales benefactores y posteriormente director de la Fábrica de Armas de Trubia, el militar guipuzcoano Francisco Antonio Elorza y Aguirre. Este, decidido como estaba a poner en marcha en Asturias una importante industria metalúrgica siguiendo los modelos por él conocidos en sus numerosos viajes alrededor de Europa, reclutó a Bertrand con la intención de ponerle al frente del taller de moldes de la Real Fábrica asturiana.

Así, tras asumir el militar (por aquel entonces Elorza era teniente coronel) la dirección de la misma en 1844, Bertrand decidió embarcarse rumbo a España procedente de Lieja apenas 19 meses después. Elorza había viajado por toda Europa con la intención de reclutar a personal cualificado que pudiera encargarse de las diversas funciones técnicas que requería la fábrica y entre ellos destacó siempre nuestro protagonista, pues conocía de primera mano el sistema de forja inglés, de gran interés para su aplicación en Asturias. Durante los diez años que trabajó en la fábrica de Trubia realizó los moldes de los bustos de la reina Isabel II, el de su esposo Francisco de Asís (galardonado con la Medalla de Oro en la Exposición Universal de Londres de 1851) o el del político y militar Ramón María Narváez.

Un retrato del empresario belga.

Elorza y Bertrand se convirtieron en grandes amigos, desarrollando una confianza mutua inquebrantable. De este modo se asociaron, junto al marqués de Campo-Sagrado, José María Bernaldo de Quirós, para crear en Oviedo la Fábrica La Amistad en 1856, con talleres de fundición y fraguas para realizar obras en bronce y en hierro.

Carlos, el Charles ya castellanizado, se convirtió así en un firme defensor de la empresa asturiana decidiendo emprender por su cuenta la creación, en 1860, de la conocida Fábrica de Fundición y Construcción Bertrand, dedicada especialmente a la realización de maquinaria y de obras en bronce y hierro fundido. Para ello, el belga adquirió unos terrenos en el ovetense Paseo de Santa Clara (actual calle del Progreso). La fábrica comenzó su andadura con apenas 40 empleados y en ella se fabricaron todo tipo de accesorios de maquinaria, miradores, camas, balconadas etc. Tras un enorme desarrollo en años posteriores, a la muerte del patriarca, la fábrica fue heredada por sus hijos, llegando a alcanzar, en 1902, casi el centenar de empleados. Algunas de sus obras más relevantes aún pueden contemplarse en la capital asturiana como varias farolas de la Plaza del Fontán o la ya desaparecida cúpula de la torre del Ayuntamiento de Oviedo como consecuencia de un bombardeo durante la Guerra Civil.

Los emblemáticos quioscos de la música del Campo de San Francisco de Oviedo y el del Paseo de Fray Ramón de Noreña fueron realizados respectivamente en 1892 y en 1888 por la Fundición y Construcción Bertrand, ambos de planta octogonal con estructura de hierro y madera y remate en forma de aguja.

En 1863, Bertrand también se dedicó a la explotación minera en el valle mierense de Turón, con participaciones de sus hijos Carlos (que se centraría posteriormente en el negocio de la madera), Julio, Arturo y Eugenio, que se encargarían del negocio familiar tras el fallecimiento de su progenitor.

Apasionado por la modernidad y la innovación en el campo de la industria, Bertrand llegó a viajar, con algo más de 75 años, a la Exposición Universal de París, deseoso como estaba por comprobar los nuevos avances tecnológicos que los albores del siglo XX proporcionaban. Poco tiempo después, y tras regresar a Oviedo, su tierra de adopción y su más querida patria, falleció un 23 de marzo de 1892 para ser enterrado en el cementerio de El Salvador de la capital asturiana.

Gran impulsor de la siderurgia y de la industria minera de la región, Bertrand logó también atraer capital belga y se convirtió él mismo en un gran inversor aportando dinero propio en sus actividades industriales. No en vano solía afirmar hasta la saciedad que "sin protección no hay industria, sin industrias no hay progreso y sin progreso no hay trabajo".

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