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El Salvador brilla entre laureles: día grande en la Catedral de Oviedo

La Sancta Ovetensis celebró el día de la Transfiguración del Señor, una de sus fiestas mayores, con gran presencia de fieles

Fieles cogiendo los laureles que rodeaban la imagen del Salvador mientras otros hacían fotografías con sus móviles, ayer, en la Catedral. María Fuentes

"No es un santo más en el calendario litúrgico, es el santo de los santos". La Catedral de Oviedo celebró ayer el día de su titular, el Salvador. Coincidiendo con el día de la Transfiguración del Señor, la Sancta Ovetensis dedicó una misa al Salvador, la primera sin restricciones de ningún tipo tras dos años de pandemia, y se notó en la nutrida asistencia de fieles, con los bancos prácticamente llenos por ovetenses, peregrinos y turistas.

Esta misa, una celebración muy especial para la Catedral de Oviedo, ha sido tradicionalmente una cita de referencia para los fieles. Es el caso de María del Carmen García y Teresa de Juan, dos amigas que todos los 6 de agosto desde hace muchos años acuden juntas a esta misa. "Es una fecha muy señalada, es el patrón de la ciudad y su imagen románica es preciosa", señala Teresa de Juan, en alusión a la venerada imagen del Salvador, la misma que ayer estaba rodeada de laureles.

María del Carmen García y Teresa de Juan no dudan en definir la Catedral como "la joya de Oviedo", aunque reconocen que aún no han subido a la torre gótica: "Son demasiados escalones para nosotras, pero es un privilegio que ya esté abierta a todo el mundo".

Benito Gallego, deán de la Catedral, presidió la misa, cuya homilía se centró en explicar el milagro de la Transfiguración de Jesús: el momento en el que comenzó a brillar con luz radiante en lo alto del Monte Tabor, y en presencia de los discípulos Pedro, Santiago y Juan. "Celebramos con gozo esta fiesta en honor al Salvador, titular de nuestra Catedral, que nos salvó del pecado", predicaron los sacerdotes que oficiaron la misa. En representación del Ayuntamiento de Oviedo acudieron los ediles Mario Arias, Gerardo Antuña, Alfredo García Quintana y Alfonso Pereira.

Siguiendo con la tradición, tras la ceremonia se realizó la procesión hasta el lugar donde se encuentra la imagen románica del Salvador, que estaba rodeada por ramos de laurel. Un arbusto que, como explicó Benito Gallego, "es el símbolo de los triunfadores, de los que han logrado la victoria, que así sea para cada uno de nosotros". Después de que el deán bendiciese los laureles, prácticamente todos los asistentes a la misa cogieron un ramo, con la esperanza de que les traiga suerte.

Pese a que durante el culto se suspendieron las visitas, fueron varios los turistas que entraron de casualidad a la Catedral y se quedaron a presenciar la liturgia por el Salvador. Como Eduardo Martínez, de Cartagena, que alabó el interior del templo y lo especial que había sido la ceremonia, llevándose su correspondiente ramo de laurel. También hubo presencia de peregrinos, que se arrodillaron ante la figura del Salvador.

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