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La Policía Local de Oviedo defiende el uso de las táser para evitar agresiones y ataques machistas

"El 80% de los casos se resuelve con solo enseñar el arma", dicen los agentes que dan clases para usar las tres pistolas de descargas de las que disponen

Los agentes, en una de las clases. | JAIME CASANOVA

"¡Táser, táser, táser!". Un grito de advertencia se escucha en los sótanos del cuartel del Rubín. Esa repetición es la advertencia de que un agente de la Policía Local ha tenido que disparar su pistola de descargas eléctricas. Sin embargo, en esta ocasión se trata de uno de los muchos simulacros que decenas de efectivos están realizando de cara a la incorporación inminente al cuerpo ovetense de los tres primeros dispositivos electrónicos de control (DEC) –nombre técnico de las pistolas táser–, con los que se busca mejorar la seguridad de los funcionarios y los propios delincuentes en los casos en los que estos se encuentran fuera de sí. "Hay mucho desconocimiento, los estudios dicen que con solo enseñar la pistola de descargas se evitan el 80% de incidentes con heridos", explica el subinspector Bernardo.

Los efectivos de la policía municipal muestran su malestar por algunas declaraciones contrarias a la incorporación de este tipo de armas no letales. "Se miente mucho sobre este tipo de herramientas, pero es un gran avance que desde años llevan utilizando la Policía Nacional y la Guardia Civil", subraya el mismo agente.

El subinspector David, agente que junto a Bernardo recibió formación especial en Alcalá de Henares para posteriormente poder formar al cuerpo del Ayuntamiento de Oviedo, considera que en ocasiones se facilitan datos sobre las pistolas de descargas que faltan a la verdad. "Es cierto que los dispositivos generan 50.000 voltios, pero también lo es que la intensidad que llega a la persona inmovilizada es de solo 0,0012 amperios", desvela, añadiendo que "no existen casos de muertes por este tipo de descargas, como mucho puede haber alguna lesión si el reducido cae en mala postura".

Un agente dispara una táser en un ejercicio.

De todos modos, los policías locales especializados para manejar estas tres primeras pistolas a las que se sumarán próximamente otras tres, recuerdan que la finalidad debe ser la de no llegar a tener que usar este dispositivo. "Existe un protocolo muy claro en el que se advierte en varias ocasiones antes de utilizarla y los estudios apuntan a que la gran mayoría de los advertidos deponen su actitud antes de sufrir la descarga", apunta el subinspector David.

Para dar a conocer todos estos detalles y propiciar un manejo correcto de las táser, más de medio centenar de policías han recibido formación en pequeños grupos. Además de pasar por unas clases teóricas en las que descubren las claves de los protocolos, en los bajos del Rubín tienen la oportunidad de simular la utilización de las pistolas en dos supuestos casos extremos en los que finalmente tienen que inmovilizar a un hombre con un arma blanca y paralizar al protagonista de un acto de violencia de género.

El primer paso en estos casos extremos es mostrar al supuesto delincuente la pistola. "Deponga su actitud, le advierto que tengo una pistola táser", advierten los policías en su maniobra. En caso de no conseguir que se entregue, el funcionario procederá a realizar un arco de advertencia sacando el arma de la funda colocada al lado opuesto de la pistola. Si el sospechoso insiste en su actitud, entonces el agente procede a encender el dispositivo el cual cuenta con una cámara colocada en el pecho del policía para grabar como se desarrolla la intervención. "Es un sistema para dar seguridad jurídica a la intervención y demostrar que se actuó bien", indican los policías locales ovetenses acerca de unos archivos audiovisuales que, nada más terminada la misión, pasan directamente a un sistema de almacenamiento "imposible de manipular" para dar garantías tanto a los agentes como a los sospechosos de que todo se hizo de acorde a la ley.

Una táser enfundada.

En última instancia, los agentes procederán a utilizar la pistola. La misma lanza dos finos cables conectados a una especie de alfileres que se clavan a más de 30 centímetros en distintas partes del cuerpo de la persona que quieren reducir. "Lo ideal es que uno impacte por encima de la cintura y otro por debajo para inmovilizar las cuatro extremidades", indican respecto a un disparo que les permitirá inmovilizar a su objetivo durante 5 segundos, tiempo suficiente para poder esposarle. "En la zona de Levante los cuerpos de seguridad llevan utilizándolo desde hace más de 20 años", asevera Bernardo.

Para la concejalía de Seguridad Ciudadana que dirige el popular José Ramón Prado, este nuevo mecanismo supone una alternativa para reducir las lesiones y correspondientes bajas laborales de unos agentes de la Policía Local que, en varias ocasiones al año, se juegan el tipo en determinadas operaciones. "Se trata de una medida intermedia que da garantías a los agentes y evita tener que recurrir a armas de fuego", comenta el concejal, al que satisface la idea de que el uso de los Dispositivos Electrónicos de Control (DEC) están siendo empleados con gran éxito por varios cuerpos para detener a personas en actitud muy agresiva, ciudadanos que amenazan con quitarse la vida y agresores de mujeres.

Una táser en la mano de un policía.

Los planes del Ayuntamiento de Oviedo pasan por que los agentes de la Policía Local puedan empezar a utilizar los dispositivos en cuestión de semanas o a lo sumo meses. Un estreno que desde la plantilla piden que no sea utilizado políticamente y se tenga en cuenta su integridad física. "Queremos trabajar con seguridad y que no se utilice nuestra integridad para hacer demagogia ni política", suplica el subinspector Bernardo que se dice cansado de ver como compañeros terminan en el hospital en los excepcionales casos de violencia extrema por parte de algunos delincuentes.

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