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El kiosco del Bombé apura su restauración y recupera pináculo y barandillas originales

El templete de De la Guardia ha incorporado ya los remates del alero y los trabajos podrían estar finalizados a lo largo de esta semana

El pináculo instalado.

Un pequeño paso para Sardesa Promogrado, un gran paso para el Campo San Francisco. A la UTE encargada de finalizar los trabajos de restauración del kiosco de la música de Juan Miguel de la Guardia en el paseo del Bombé apenas le quedan por recibir desde Francia e instalar las acróteras que rematan la decoración de los frontones del templete para rematar las obras.

La UTE confía en que a finales de esta misma semana, y con la única incógnita de esas piezas que vienen de fuera, la restauración del kiosco podría haber terminado. Ayer, en el Campo San Francisco, la estructura se encontraba ya mucho más cerca de su estado original. Ya sin ningún andamio y también despojada de vallas.

En el proceso de recuperación de formas y elementos decorativos originales, el kiosco ya ha incorporado algunas piezas propias, que se han restaurado y devuelto a su sitio. Ayer se podían ver ya las barandillas originales de la estructura y, en lo alto de la bóveda, el pináculo.

Vista general del kiosco según el estado que presentaba ayer.

Otras piezas que han ido recuperando todas las trazas del diseño primigenio proceden de esos talleres franceses donde han tenido que fabricarse de nuevo algunos elementos originales. Así, lanzas y cresterías rodean ya toda la cúpula por detrás de los frontones.

También se han instalado en el interior una nueva lámpara que, a diferencia de otros elementos no pretende reproducir la iluminación original, sino que ofrece una solución neutra que, precisa José Bárcena, director de obra, es la que figura en el proyecto aprobado por la Dirección General de Patrimonio.

También cuenta con el visto bueno de la Cultura el diseño del famoso lambrequín, que remata ya todo el alero con una dimensión idéntica a la original, aunque más sencilla, sin ornamentación. El detalle del lambrequín, recogido en el proyecto original de recuperación del kiosco presentado en 2013 por Clara Rey-Stolle.

En realidad, todo el alero es un elemento poco visto, porque el templete aguantó poco con ese diseño. Solo en las fotos más antiguas (últimas décadas del XIX y primeras del XX) puede verse ese "alero perimetral octogonal, del que colgaba un amplio lambrequín que en la parte superior dejaba paso a pequeños frontones con máscaras centrales, y que remataba adecuadamente la composición".

Un detalle de la crestería.

Con el gusto de la época desapareció el lambrequín, y en una obra gemela como es el kiosco de Noreña se mantuvieron los frontones (que ahora han servido de guía para recuperar los de Oviedo) pero tampoco esa característica decoración dentada. Era una forma de quitarle peso a la estructura. Ahora, unos cien años después, el kiosco del Bombé vuelve a colgar un lambrequín del alero.

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