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«Ha sido un duro golpe, pero resurgiremos», dicen en la escuela de danza sepultada en Oviedo por el derrumbe de una terraza

Los responsables del centro, con más de 300 matriculados, buscan un local cercano para el inicio de curso: «No queremos perjudicar a los alumnos»

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EN IMÁGENES: El derrumbe de una terraza por las lluvias aplasta una academia de baile vacía en Oviedo Irma Collín

«Ha sido un duro golpe, pero resurgiremos como el ave Fénix». Lleno de esperanza, Monchu Pereira lanza un mensaje de ánimo desde Lemarí Danza, su academia de baile, en los días más complicados de sus ocho años de vida. La escuela perdió parte de sus instalaciones en el derrumbe de la terraza del primer piso del portal 16 de la calle Sacramento el pasado miércoles. Pudo ser una tragedia porque la sala principal, donde unas horas antes ensayaba un grupo de chicas, quedó reducida a escombros. En ese momento, las siete de la mañana, la academia estaba vacía.

«De las tres salas que tenemos hemos perdido una al completo, ni siquiera se puede acceder a ella porque está totalmente enterrada», explica Pereira tras el destrozo en su local, cuyo techo es, a su vez, el suelo de la terraza interior que se vino abajo. De las otras dos, una tiene grietas en las paredes y los espejos rotos. El suelo de esa sala y de gran parte de la escuela está abombado por el agua que se filtró tras el suceso.

Los vecinos del inmueble también siguen con el susto en el cuerpo. Juan Carlos Díaz y Gema Quintero, del séptimo, se despertaron con el estruendo y pensaron que «se caía el edificio». Por suerte, todos han podido seguir en sus casas, pues la terraza, que da desde el primer piso al patio interior de la manzana, era independiente respecto al inmueble, que no se ha visto afectado. Lo que sí quedó precintado, además de la academia, fue el garaje de la comunidad. Falta por iniciar el proceso más tedioso de evaluación de daños y los trabajos de reparación, en un lugar con difícil acceso para la maquinaria. «Esperemos que sea todo lo más rápido posible, aunque parece que serán obras complicadas», conjeturan los vecinos del séptimo. Ayer mismo, un perito y un arquitecto del seguro se pasaron para realizaron una primera valoración de los daños.

Los vecinos Juan Carlos Díaz y Gema Quintero, ante el garaje precintado, con la escuela, también precintada, al fondo. | Irma Collín

La escuela de danza debe iniciar en septiembre el que será su noveno curso. Será muy diferente a los anteriores. «Estamos trabajando para tener en el barrio el espacio que necesitamos y comenzar el curso a tiempo», afirma Pereira. Una de sus prioridades es no alejarse demasiado de sus sede. «No queremos ocasionar trastornos a los alumnos y que tengan que desplazarse», añade.

La dirección académica del centro está en manos de María Luisa Rodríguez, titulada en Ballet Clásico por el Real Conservatorio Superior de Danza de Sevilla. Define el suceso como «un duro golpe», pero agradece que «por divina fortuna no ha habido ningún daño personal, lo material siempre tiene solución», publicó en las redes sociales de la academia. La hora del derrumbe, las siete de la mañana, evitó una tragedia porque, aunque durante el mes de agosto la academia solo abre para ensayos puntuales, la tarde anterior un grupo de chicas estuvo bailando en la sala que quedó enterrada bajo los escombros.

En la escuela, ubicada desde sus inicios en ese mismo local de la calle Sacramento, muy cerca del Seminario Metropolitano, se imparten disciplinas muy variadas, como flamenco, hip hop y bailes de salón, para alumnos de todas las edades: «Cada curso contamos con unos 300 o 400 alumnos, desde niños de 3 años hasta un señor de 90». Todos ellos han mostrado su apoyo a los dueños de la academia. «Estamos muy agradecidos por todas las muestras de cariño que estamos recibiendo, en situaciones como esta reconforta sentir el calor de la gente», agradece Monchu Pereira.

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