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Cristo-Llamaquique, un puzle complejo

Llevar la Audiencia a Ciencias libera el espacio suficiente para reagrupar los Juzgados dispersos: el plan para alojar Ciencias y Educación en los edificios del viejo HUCA debe resolver cómo adecuar esos inmuebles para un uso docente que el Principado descartó en 2015

Interior del viejo Hospital General en una visita a las instalaciones, ya abandonadas, en 2018. Irma Collín

Más de dos décadas lleva la administración dando vueltas al puzle que, en Oviedo, ha dejado las piezas de la Justicia y la Universidad esparcidas por la ciudad, a la espera de un ambicioso plan que las ordene y garantice su buen funcionamiento durante los próximos años. Lo que ahora acaba de anunciar el ejecutivo regional que preside Adrián Barbón se parece bastante a lo de hace solo dos años. En enero de 2020 otro rector, Santiago García Granda, se reunía con el presidente del Tribunal Superior de Justicia de Asturias, Jesús Chamorro, y celebraba que el plan de El Cristo permitiría desarrollar el campus en los terrenos del viejo HUCA e impulsar la "Ciudad de la Justicia" en Llamaquique. Aquel ambicioso proyecto acabó fracasando por falta de consenso entre las instituciones involucradas en los terrenos de El Cristo y, de hecho, el nuevo rector, Ignacio Villaverde, aparcó la hoja de ruta porque temía, dijo entonces, que una solución que pasara por mudarse al viejo hospital se demoraría, al menos, ocho años. Barbón rescata ahora las líneas maestras del primer plan, que consistían en llevar las facultades a El Cristo y Justicia a los edificios que estas dejaran libres en Llamaquique, pero con un cambio sustancial. Si en 2020, con el nuevo impulso al plan de El Cristo que habían anunciado el equipo de gobierno de Canteli, en Oviedo, y el ejecutivo de Barbón, lo que estaba prevista era la construcción de nuevos edificios para la Universidad en los terrenos que son del Principado y donde está prevista la demolición del antiguo Hospital General, ahora el Principado plantea dejar esos ocho años que temía Villaverde en nada echando mano de los edificios que la Seguridad Social tiene en el viejo hospital y que están en buenas condiciones: Maternidad, Silicosis y Consultas Externas. El propio Principado ya analizó, no obstante, esos inmuebles en 2015, en otro contexto, y descartó por caro su uso educativo en el plan de viabilidad elaborado antes de lanzar el concurso de ideas para el viejo HUCA.

El documento, al que ha tenido acceso este periódico, no deja lugar a dudas: "Ninguno de los edificios analizados, Centro Materno Infantil, Instituto Nacional de Silicosis, Consultas Externas y Bloques Polivalentes, son susceptibles de albergar usos educativos, debido principalmente a su distribución (morfología interna) sin tener que realizar una obra desproporcionada y de difícil justificación económica. El Centro Materno Infantil, Consultas Externas y Policlínicas-Hongos, son susceptibles de albergar un uso terciario, de oficinas, por ser éste menos exigente formalmente y compatible con su capacidad estructural. El Instituto Nacional de Silicosis puede ser el edificio idóneo para albergar uso asistencial". La conclusión llega después de aplicar una matriz para el análisis funcional de estos inmuebles, donde se muestra que de los tres edificios ahora en danza es Silicosis el que mejor preparado estaría para albergar aulas, pues solo incumple con el apartado referido a la morfología. Por contra, el de Maternidad es el que más difícilmente podría servir para dar clases, ya que, según este documento, no cumple tampoco en altura, resistencia estructural, ni dispone de espacios para instalar salón de actos, aulas, sala de profesores, etcétera.

Consultas externas no sale tan mal parado, pues, como sucede con Silicosis, incumple en su morfología, pero solo le resta, además, tener un tamaño insuficiente, y cumple con el resto de criterios. Hay que tener en cuenta que este edificio, de todos los del viejo HUCA, es el que más se ha estado aprovechando desde que el complejo hospitalario se mudó a la Cadellada, pues allí alojó el Principado, temporalmente, a funcionarios de Educación y de Hacienda, mientras se hacían reformas en las sedes oficiales de estos servicios.

Por el momento, ni el área de Justicia del Principado ni la Universidad parecen conocer más detalles del nuevo plan. Otras fuentes del gobierno regional indican que el informe de 2015 no invalida la operación, ya que, en todo caso, de lo que se trata ahora es de cuantificar la inversión para que se pueda dar clase en esos edificios. En la solución del Principado, y al margen de la dificultad de los usos docentes en estos inmuebles, el otro rompecabezas que se despeja es el que hasta ahora había hecho encallar el plan de El Cristo. Con el Ministerio del Interior fuera de la nueva fórmula urbanística, pues renunció a construir un nuevo cuartel y pidió quedarse donde estaba con una reforma, ya proyectada, de sus instalaciones, ha sido la Tesorería de la Seguridad Social (TSS) la que apeló a su propia ley de patrimonio para separarse del acuerdo marco y exigir otro tipo de compensaciones a cambio de renunciar a sus propiedades en El Cristo. Estas incluyen los tres edificios ahora citados y también la Residencia, aunque los estudios previos indican que su destino, por problemas estructurales, es la demolición. El Principado habría encontrado ahora la fórmula para que la Seguridad Social volviera a sumarse al Plan de El Cristo con el nuevo uso universitario de estos edificios, de los que la TSS no se desprendería. Lo que se negocia es una cesión a cambio de un canon, es decir, un alquiler. Para la TSS tiene mejor encaje legal enajenar temporalmente sus bienes que deshacerse de ellos, y parece que en Madrid están dispuestos a llegar a un acuerdo.

Si el Principado logra finalmente llevar allí las facultades de Ciencias y de Formación del Profesorado y Educación, inyectará al barrio una población universitaria de unas 3.000 personas, entre estudiantes y profesorado. El espacio libre en Llamaquique cumpliría, por otra parte, con la vieja aspiración de la Justicia asturiana de reunificar sus sedes, aunque en cifras y dimensiones menos ambiciosas que las que se barajaron con anterioridad.

El primer intento de darle a los jueces un nuevo espacio, lo suficientemente grande como para acabar con la dispersión de sedes y estrecheces para almacenar expedientes, llegó en 2009, cuando el Principado anunció el proyecto de construcción del gran Palacio de Justicia en el Vasco. Una denuncia de IU y una respuesta favorable a sus quejas por parte de la autoridad Comunitaria acabó dando al traste con aquel proyecto, pero merece la pena revisar aquellas cifras para comparar las necesidades de entonces con las de ahora.

Aquel palacio iba a ofrecer 60.000 metros cuadrados para la administración de justicia y otros 20.000 para archivo, iba a costar 190 millones de euros e iba a desplazar a la zona 800 profesionales, entre funcionarios de Justicia y servicios policiales adscritos. Pasados más de diez años, el presidente del TSJA se ha cansado de repetir durante los últimos meses las necesidades que tienen en Oviedo. A corto plazo, 4.000 metros cuadrados para reunificar los Juzgados que tienen en el Rosal, en Pedro Masaveu, en la Ería y en La Corredoria. A largo, al menos 20.000 metros, según un informe del Colegio de Arquitectos, suficiente para reubicar sedes dispersas y tener espacio para crecer.

Sobre el papel del nuevo proyecto, los tres edificios universitarios que quedarían libres para Llamaquique, el de la facultad de Ciencias, el de la antigua Escuela Normal de Magisterio y el de ladrillo rojo que hoy también ocupa Educación suman 17.140 metros cuadrados. Si, por el momento, el primer paso es solo mover la Audiencia Provincial a Ciencias, se dejarían libres 4.700 metros cuadrados en el actual Palacio de Justicia de Llamaquique, suficiente para reagrupar sedes dispersas, y se ocuparían 7.618 metros en el campus.

Pero si a la administración de Justicia las cuentas le salen bien, a la Universidad parece que el nuevo plan de Barbón le pilla con el pie cambiado, pues el rector Villaverde basó de hecho su ambicioso plan estratégico en descartar la ampliación del Campus de El Cristo en los terrenos del viejo HUCA por esa demora prevista en el desarrollo del planeamiento en la parte alta de la ciudad. El nuevo equipo rectoral basó en la baja matrícula y el mucho espacio de la Escuela de Minas una concatenación de traslados que llevaba estos estudios a Mieres, los de Ciencias a los 15.464 metros cuadrados del inmenso edificio anexo al Hotel de la Reconquista que quedaba así libre, y ampliaba en el inmueble de Ciencias en Llamaquique los estudios de Educación y Formación del Profesorado, uno de los más masificados en la Universidad de Oviedo. Ahora, a pocos días de haber ratificado el traslado de Minas a Mieres, Villaverde ha tenido que aceptar el atajo de Barbón, que trata de resolver de un solo golpe los problemas de las sedes judiciales y las universitarias. El edificio de Minas, vacío para el próximo curso, quedaría, así, como una solución intermedia mientras se hace el traslado del campus de Llamaquique a El Cristo, todavía un tanto incierto. No sería, no obstante, la primera vez que las facultades ocupan sedes intermedias en medio de un proceso de cambio a largo plazo. Pasó, por ejemplo, con la facultad de Historia, desplazada del caserón de Feijoo a El Cristo antes de mudarse definitivamente al Milán.

Lo que queda ahora por resolver, además del presupuesto y la viabilidad para adaptar los tres edificios del viejo HUCA a usos docentes, es el acelerón a la tramitación urbanística que debe hacer el Ayuntamiento. Los antecedentes de los últimos años dicen que no será rápido ni fácil. Los ejemplos en otras comunidades autónomas dicen, no obstante, que es posible: es el caso de Vigo, donde este mismo año lograron inaugurar en los terrenos del viejo Hospital Xeral la nueva Ciudad de la Justicia, presidida por la imponente torre Pizarro y tras una inversión de 40 millones de euros.

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