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La vuelta al mundo para llegar a la última página: el ovetense León Garzón vuelve de Argentina con su primera novela

El ingeniero informático vela armas como escritor con el thriller psicológico "La memoria de las cicatrices"

León Garzón

De todas las casualidades que rodean los caminos por los que León Garzón (Fort Bragg, California, 1985) llegó a convertirse en escritor y que él contempla ahora como las pruebas inequívocas de un destino inevitable, quizá la más definitiva sea la que descubrió ahora, al ver que su foto en la solapa de "La memoria de las cicatrices", su primera novela, en la que aparece partiéndose de risa, recuerda mucho a la que su abuelo, el catedrático de Energía Nuclear y exconcejal del Ayuntamiento de Oviedo León Garzón, utilizaba en las solapas de los suyos. "El origen de la vida", "Historia de la materia" o "Radioactividad y medioambiente" tienen poco que ver con el thriller caribeño que ha escrito su nieto, pero sí hay una pasión literaria compartida. Unos años antes de fallecer, cuando esta novela era un embrión en su cabeza, el abuelo le dijo al nieto que la mejor herencia que le dejaba era "el camino de escritor bien pavimentado": "el nombre de escritor ya lo tienes".

Siendo, pues, el segundo León Garzón de la familia, a este ingeniero de telecomunicaciones tampoco le faltaba una biografía algo exótica que ahora también alimenta en parte su novela. "La respuesta rápida es que soy asturiano, soy ovetense, pero mi pueblo es el mundo", resuelve el autor. Antes de llegar a California, sus padres se habían encontrado en México. Su padre se escapó allí del servicio militar y en busca de experiencias. Su madre, hija de emigrantes indios en Trinidad y Tobago y de una nativa de las islas, buscaba perfeccionar el español. La pareja se escapó a California, allí nacieron sus dos hijos y la falta de visado mandó el regreso a España, Asturias, Oviedo.

León aprendió antes a escribir en inglés pero no tardó con el español, y paseaba muy orgulloso a todas partes un librito con poemas de Bécquer que le habían regalado. Pese a esas inclinaciones primerizas, acabó estudiando telecomunicaciones en Viesques, en parte por presión familiar, porque le interesaban los ordenadores y porque escuchó al primo de un amigo que era ingeniero informático que cobraban medio millón de pesetas al mes. "Y es verdad que he podido hacer un montón de cosas gracias a mi trabajo".

De alguna forma, le ha permitido ser novelista. En su primer destino, en Madrid, le resultaba difícil engañar a sus amigos. "Recuerdo que, para no salir, les decía que me tenía que quedar a estudiar un máster, y así escribía tres horas, porque si les decía la verdad, no lo entendían". León Garzón ya llevaba tres novelas empezadas y asistía a un taller de escritura para ayudarle a completar aquellos proyectos. Fue el año que viajó a Trinidad a conocer a su abuela, con la que antes solo se relacionaba por cartas que llegaban con unos sellos maravillosos con colibríes y plantas exóticas que también han florecido en la novela. Aquel verano lanzó un reto a dos amigas de la escuela de escritura. Una frase para escribir un relato: "El sonido del mar era un susurro disimulado con la mano". Diez páginas y tenía que transcurrir en una playa. Pero León Garzón siguió e intuyó que esta vez iba a lograrlo. Su empresa le dio entonces la oportunidad de irse a una rotación, Argentina. Llegó con 9 capítulos y volvió con 32 y las casi 700 páginas que componen la versión final. Le permitió reinventarse. Allí decía que era escritor y que se iba a quedar a trabajar en su novela. Viajó por Patagonia solo con aquel proyecto en la cabeza. "Argentina me regaló una página en blanco para decidir quién quería ser, la energía creativa era muy grande y hasta para regresar me regalé un mes entero en Buenos Aires en el que solo escribía, hasta 14 horas al día".

Regresó a España antes de la pandemia y después de mover el manuscrito por algunos concursos y editoriales, descubrió las posibilidades de la autoedición. En Caligrama tenía la opción de encargar un informe de lectura y que le dieran el sello "talento" si aplicaba las indicaciones. Así lo hizo, aplicó algunos cambios y ahora, si logra que los ejemplares se muevan, opta a una segunda edición el año que viene. De momento, el próximo jueves, 6 de octubre, a las siete de la tarde, lo presenta en la librería Cervantes, la misma que frecuentaba de pequeño y desde la que ya soñaba con escribir, algún día, sus propias historias.

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