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Francisco de Asís Fernández Olanda Director del IES de La Corredoria

"Entiendo que muchos profesores quieran irse a otros institutos con menos trabajo"

"El segundo IES en el barrio solucionaría muchos de nuestros problemas; sin las aulas modulares tendríamos que dar clase por las tardes"

Francisco de Asís Fernández, en el IES de La Corredoria. Miki López

Francisco de Asís Fernández Olanda se incorporó a la dirección del Instituto de Enseñanza Secundaria (IES) del barrio ovetense de La Corredoria en 2020, en plena pandemia. Se encontró con un centro repleto hasta la bandera, en el que los estudiantes tienen que dar clase en unas aulas modulares –conocidas entre los padres y madres como "barracones"– y con la comunidad educativa reclamando la construcción de un nuevo instituto en el barrio. En esta entrevista analiza todas estas cuestiones y el futuro y presente del centro.

–¿Cómo ha arrancado el presente curso?

–Nosotros nunca descansamos en agosto y eso es un handicap para los equipos directivos porque nunca llegas a perder la carga mental, pero hay que prepararlo todo a nivel de infraestructuras, de personal... Somos un instituto muy grande ya de tamaño y tenemos un 50% más de población de lo que estamos diseñados para soportar por lo que tenemos que estar haciendo siempre encajes de orfebrería. Solo el 26% de nuestro personal son funcionarios que habían estado el año pasado. El grueso son interinos o profesores de nuevo destino que no conocen el centro ni los procedimientos, ni a los chavales. Esa conexión que tienen los profesores con los estudiantes se corta cada año, es como arar en el mar. Hay que enseñar todos los procedimientos de convivencia del instituto en una semana. Eso hace que mucha gente no quiera formar parte de los equipos directivos, porque es mucho trabajo, mucha responsabilidad y poca gratificación.

–¿Cómo lidian con los problemas de espacio?

–Tenemos un montón de optativas, pero no tenemos espacio físico para poder impartirlas por lo que tenemos que colocarlas en el primer y el último tramo horario. Hacemos dos turnos de recreo. Eso afecta mucho al equipo directivo porque hay que hacer dos guardias con la misma plantilla. Al final, son muchas horas dedicadas a guardias lo que provoca la sobrecarga del profesorado, que ya de por sí tiene que dar clases en condiciones más difíciles que en otros institutos. Aquí no hay biblioteca ni laboratorios porque se han convertido en aulas. La pieza clave para que funcione el instituto es la unión de la unidad educativa y el esfuerzo ímprobo de la jefatura de estudios, Inés Lorenzo Teijeiro.

–¿Cómo va la matriculación este año?

–Tenemos 1.020 chavales, pero aquí siempre se matriculan muchos más durante el curso, tenemos el handicap de que siempre que alguien viene a vivir a Oviedo uno de los destinas más atractivos es La Corredoria. Calculamos que, con las tendencias demográficas de los últimos cuatro años, llegaremos a los 1.050, que son un poquito más que el curso pasado.

–¿Cómo es el perfil de los estudiantes?

–Un buen chaval, hijo de clase trabajadora, de padres currantes que aspiran a que su hijo tenga la mejor educación posible y a que la educación pública se convierta en el instrumento de ascensor social. Nuestro AMPA es muy poderosa, tiene mas de 400 miembros, lo que supone un grado de implicación muy grande por parte de los padres. Aquí hemos logrado que en lugar de que los padres, los profesores y los estudiantes se vean como enemigos irreconciliables con interesas contrapuestos, se haya creado un relato hegemónico en el que somos una piña y donde tenemos una solución dialogada a los problemas. Muchos de los estudiantes que nos llegan tienen una gran adición al móvil, poca capacidad de auto organización, unas costumbres muy procrastinantes y meter orden y concierto ahí es muy complicado. Muchos son hijos de familias que tienen que trabajar doce horas, que no es que no miren para ellos, es que no pueden ejercer la paternidad porque no tienen tiempo.

–¿Qué le parece el barrio?

–La Corredoria es un barrio muy dinámico, muy joven, donde la pirámide de población es distinta a otros barrios de Oviedo. La renta per cápita, en el último análisis que nosotros habíamos hecho, era la segunda más baja del municipio después de Trubia. La Corredoria recuerda muchísimo al desarrollismo de finales de los sesenta y los setenta cuando hubo un crecimiento del ladrillo exponencial pero sin acondicionamientos como parques o un segundo instituto. Incluso hay solo un centro de salud y quizás debería tener más. Luego el perfil de los trabajadores es el de personas que se vieron muy afectadas por la crisis del coronavirus porque muchos tienen unos empleos precarios y que trabajan más horas de las que pone su contrato. Vimos que a los niños esa época les afectó mucho a la autoestima, por eso estamos trabajando mucho la acogida socioemocional.

–¿Cómo es la convivencia en un instituto de mil personas?

–Procuramos crear muchos vínculos y lazos. Luego siempre hay que tomar alguna medida correctiva, muy a pesar nuestro, pero son los mínimos casos.

–El año pasado lograron unos muy buenos resultados académicos.

–Tuvimos cinco matrículas de honor y un estudiante recibió el premio al esfuerzo académico. Una cosa es la mala fama de La Corredoria, pero aquí hay un alto sentido del valor de la educación pública.

–Este año la consejería premia a los profesores que vengan a este instituto a dar clase, ¿está funcionando?

–En eso se está, porque este centro es de desempeño singular y el objetivo es que haya algún tipo de reconocimiento para fidelizar la plantilla. Es de justicia porque aquí se trabaja más que en otros institutos y porque es una forma de poder mantener el proyecto. Comprendo que muchos profesores quieran irse a destinos más atractivos, con menos trabajo, que sean más descansados, de lo contrario no se irían. En otros institutos tienen mejores posibilidades para compaginar su vida personal y profesional.

–¿De número de profesores están bien?

–Sí. Somos 117, una cantidad que es importante.

–¿Cómo es dar clase en los barracones?

–Son aulas normales. Las modulares son aulas normales, bastante dignas, con todo el equipamiento digital... El único problema que tienen es el de la acústica porque la insonorización es menor que la del resto del centro. Si no estuvieran tendríamos que haber dado clases por las tardes y en ese caso sí que hubiéramos descoyuntado la vida familiar y profesional de toda la comunidad educativa. Ahora estamos esperando como agua de mayo que se haga el segundo instituto porque es la garantía para poder tener clases de mayor calidad, de volver a recuperar las aulas específicas, de volver a tener una biblioteca... De tener un solo horario, no dos como estamos haciendo ahora para organizarnos.

–¿Arreglaría todos los problemas ese segundo instituto?

–Solucionaría muchos problemas.

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