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Los cuadros del mítico disco-bar Pick-Up de Oviedo piden una pared

Las dos obras de Vivancos, un parnaso asturiano de los ochenta, están almacenadas en casa de uno de los últimos propietarios del local, que los ofrece a un espacio público

José Vivancos.

José Vivancos. / Miki López

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Javier Cuervo

Javier Cuervo

Oviedo

Los dos grandes cuadros que decoraron el disco bar Pick-Up de Oviedo durante 32 años, pintados por José Vivancos y que representaban un parnaso de la cultura, el arte y la política de los años ochenta en una barra de coctelería, están almacenados en la casa del hostelero jubilado Juan José Requejo Álvarez, Juanjo el de "la Regenta", en Latores, detrás de unas estanterías, uno contra otro.

"Los ofrezco en depósito para que sean expuestos y conservados", dice Juanjo Requejo, como hizo con el Ayuntamiento de Oviedo en tiempos del tripartito, a través del concejal de Izquierda Unida, Roberto Sánchez Ramos, "Rivi".

Este arte de hostelería, juego de espejos realizado en 1983 que retrataba una barra de personas influyentes colgada frente a una barra real de colores parchís y taburetes de Mariscal para noctámbulos ochenteros, todo ideado por el genio inolvidable de Chus Quirós, tiene unas dimensiones difíciles. Son dos cuadros de 368,5 por 112 centímetros, más de 7 metros de óleo y témpera sobre madera de ocúmen, pintados por Vivancos, entonces habitual colaborador del interiorista, cuando tenía 33 años, había dejado atrás su etapa de abstracción geométrica y traía a Oviedo un repertorio de colores alegres y un estilo fresco y suelto.

En aquellos dos cuadros, colocados uno al lado del otro, algo separados por el fondo de falso ladrillo rojo de la pared, estaba representado, con cuerpos idealizados y ropas coloristas de los años de la movida, un apostolado apostado en la barra de la modernidad de una región en decadencia, amenazada por la reconversión, pero mucho más próspera que la actual.

En el panel más cercano a la entrada –donde hacían esquina dos cartelones de Gary Cooper y Rita Hayworth de una campaña de Winston, "el genuino sabor americano"– tenía el siguiente reparto desde la izquierda:

Antonio Masip, flamante alcalde de la ciudad; Gerardo Iglesias, secretario general del Partido comunista desde hacía unos meses, tras la dimisión de Santiago Carrillo; Teodoro López-Cuesta, entonces rector de la Universidad; Juan Cueto, filósofo y periodista, director de los referenciales "Cuadernos del Norte" y ya el "comunicólogo" de la movida; Susana Estrada, estrella del destape, icono desde que enseñó una teta a Enrique Tierno Galván en una entrega de premios; Francisco Álvarez-Cascos, el joven parlamentario de Alianza Popular que llegó a vicepresidente del gobierno con Aznar; Gustavo Bueno, filósofo de enorme influencia en la universidad; Orlando Pelayo, pintor en París; Corín Tellado, escribidora de novelas de amor para los 300 millones de hispanohablantes de entonces; Carmen Gómez Ojea, caudalosa escritora que se destapó en 1981 ganando los premios Tigre Juan ("Otras mujeres y Fabia") y Nadal ("Cantiga de Agüero"); José Luis García Delgado, decano de Económicas y Manuel Fernández Avello, una gran firma de LA NUEVA ESPAÑA y cronista oficial de Oviedo.

En el otro mural, por la izquierda, Antonio Masip, Gerardo Iglesias, Teodoro López-Cuesta, Juan Cueto, Susana Estrada, Francisco Álvarez-Cascos, Gustavo Bueno, Orlando Pelayo, Corín Tellado, Carmen Gómez Ojea, Germán Ojeda y Manuel Fernández Avello. | Reproducción de Miki López

Uno de los murales de Vivancos. Por la izquierda, Antonio Masip, Gerardo Iglesias, Teodoro López-Cuesta, Juan Cueto, Susana Estrada, Francisco Álvarez-Cascos, Gustavo Bueno, Orlando Pelayo, Corín Tellado, Carmen Gómez Ojea, José Luis García Delgado y Manuel Fernández Avello. / Reproducción de Miki López

Solo una minoría de estos pisaron con frecuencia el suelo de madera pintado de blanco del Pick-Up, aunque se trataba de un local de muy respetable elegancia pop. Era el segundo del Oviedo viejo –extendido por él hasta la calle Schultz– con el sello de Chus Quirós, después del despampanante glamour del "Biba" en la calle Mon. (Hoy es el redecorado "Diario Roma").

Francisco G. Orejas, actual director de la RTPA, recuerda que Antonio Masip llevó al Pick-Up a Pasqual Maragall, entonces alcalde socialista de Barcelona, para enseñarle su retrato y la moderna compañía en que se encontraba. Maragall, lacónico, enseguida se fue al vodka de la barra.

Los cuadros estaban sobre unas mesas bajas separadas de la barra por unas espalderas de gimnasio, solo uno de los raros elementos que hicieron armonía en el disco-bar. Había un plinto, una máquina de discos, un pin-ball, un surtidor de gasolina, una mesa de chapolín y un diseño para indicar el sexo en la puerta de cada servicio, con dos dibujos de cócteles, que provocó muchos equívocos y preguntas.

–El de señoras es el de la izquierda.

Poc, poc, poc, clonk. Con el taco en las manos, el jugador guiñaba un ojo cargado de trigonometría para el siguiente tiro.

El siguiente panel de pintura, arrimado a un pequeño altillo en el que se situaba unas mesas de rincón muy adecuadas para un grupo grande, continuaba el reparto de la modernidad con Emilio Alarcos Llorach, el lingüista que ocupaba el sillón B de la Real Academia Española desde 1972; Pedro de Silva, socialista asturiano y presidente del Principado desde el año del cuadro; Silverio Cañada, editor de la "Gran Enciclopedia Asturiana"; el propio Chus Quirós; Gonzalo Suárez, escritor y director de cine; Víctor Manuel, cantante y actor en películas del anterior; Ángel González, poeta de la generación de los 50; Graciano García, periodista impulsor de "Asturias Semanal", "Asturias diario" y de los premios Príncipe de Asturias, entonces en sus primeras ediciones; Enrique García, programador de cine al que se debe el "Palladium", influyente sala de Arte y Ensayo; Faustino F. Álvarez, entonces director de TVE en Asturias e influyente columnista; María Teresa Álvarez, la estrella presentadora de "Panorama regional", el informativo asturiano de TVE; Juan Benito Argüelles, profesor y fundador de Tribuna Ciudadana y Eduardo Úrculo, el más conocido pintor pop español entonces con sus cuadros de vacas, culos y paisajes con figura de espaldas.

Por la izquierda, en uno de los murales de Vivancos, Emilio Alarcos Llorach, Pedro de Silva, Silverio Cañada, Chus Quirós, Gonzalo Suárez, Víctor Manuel, Ángel González, Graciano García, Enrique García, Faustino F. Álvarez, María Teresa Álvarez, Juan Benito Argüelles y Eduardo Úrculo. | Reproducción de Miki López

Por la izquierda, en uno de los murales de Vivancos, Emilio Alarcos Llorach, Pedro de Silva, Silverio Cañada, Chus Quirós, Gonzalo Suárez, Víctor Manuel, Ángel González, Graciano García, Enrique García, Faustino F. Álvarez, María Teresa Álvarez, Juan Benito Argüelles y Eduardo Úrculo. / Reproducción de Miki López

La noche de enero de 2008 que se supo que el poeta ovetense Ángel González había muerto fueron al Pick-Up un grupo de vates y amigos a refrescar su recuerdo con whisky. De los 25 personajes viven 9. El corte de 1983 deja fuera de este relato trayectorias posterores muy interesantes.

José Vivancos no conocía a la mayoría de estos personajes ni él mismo era conocido, pero llegó a serlo por sus carteles de la Quincena del Agua de 1986 y los de promoción de la ciudad, "Ven a Oviedo y sal si pues" y de San Mateo porque al Oviedo gris y norteño le puso los colores alegres que el pintor de Cartagena traía del Mediterráneo.

"Tuvo que recurrir a fotografías que le pasé del archivo de "La Voz de Asturias" y por eso algunas no están actualizadas al momento. Gonzalo Suárez sale con las pintas de cuanto rodaba "Al diablo con amor" ocho años antes", recuerda Orejas que por entonces escribía una prestigiosa columna llamada "La Regenta".

La diseñadora ovetense Begoña Muñoz no conoce el proceso concreto de estos cuadros, pero sí el sistema de trabajo de Chus Quirós, en cuyos escenarios hosteleros descubrió la vocación, a quien trató siempre como maestro, con el que trabajó, unas veces para ganar dinero, otras para arruinarse. "Detrás tiene que estar Juan Cueto, su íntimo amigo, que sembraba ideas continuamente. Chus era reservado, un oso que hibernaba algunas de esas ideas, y funcionaba como un productor: tenía el concepto y buscaba el mejor colaborador para hacerlo".

Francisco Orejas intervino en la selección de estos personajes. Muchos eran del círculo de Quirós y Cueto. "Me llamó Chus, me llevó al local, que estaba en agraz, me explicó el plan y entre los dos hicimos la lista de los notables de la tribu que tenían que estar por la cultura, los faralaes y la política, de Antonio Masip y Susana Estrada".

Orejas y Quirós se conocían de Mieres. El tercer mierense en concordia fue Pedro Ortega Cuadros, que llegó de niño de un pueblo blanco de cal de Jaén a una villa de Mieres sucia de carbón. No aguantó un año en el pozo Barredo y picó en la hostelería, trabajando en el "Portofino", obra de Chus Quirós, a quien conoció en el "Baby’s", una discoteca de la calle de la Vega de la que el diseñador era dueño.

En el Mieres del caudal de dinero y cacharros, Ortega abrió, con ayuda bancaria de un conocido y decoración de Chus Quirós, el legendario "Il Gattopardo", vulgo, "El gato". Juan Cueto dejó escrito en el tardofranquismo de los 70: "Cuando entro en El Gato salgo de España".

En 1983, con 37 años, Ortega cambió el Gato por la apertura del Pick -Up. Fue una sugerencia de Chus, con el que se encontraba en los pubs del Oviedo Antiguo "Casa María", "El ñeru la curuxa" y "Biba". La obra fue larga. "Pero fue muy guapo" –recordó a LA NUEVA ESPAÑA en 2016–. "Los asientos de las sillas de ala de mariposa, los taburetes de Mariscal, los sofás, el surtidor de gasolinera, los murales de Vivancos. Los retratados aparecieron por el bar alguna vez. Me costó llevar a María Teresa Álvarez para que se viera. Tuve que convencerla enviándole unas orquídeas".

Pedro Ortega soltó el Pick-Up en 1992 y quedó en manos de Conchi, Guti, Cándido y Monchi, los trabajadores que lo llevaban y vivieron del local hasta 1999.

Para entonces, Vivancos había muerto. El artista falleció abruptamente en 1996, muy poco después de ver una exposición antológica en el Café Español de Oviedo, para la que salieron los cuadros del bar. Fueron sustituidos temporalmente por un lienzo de papel de estraza de grandes dimensiones que representaba la barra vacía y se leía un texto, en las picudas y coloridas letras de rotular de Vivancos que decía: "Estamos en el café Español".

En agosto de 1999 Juanjo Requejo se hizo con el Pick-Up, cuadros incluidos. Otro mierense. Tenía 45 años y una trayectoria que había empezado en los veranos de Perlora en 1972 y afianzado en "El Mirador", en Xana, en lo que había sido la cabaña de Pin el Tochu. La mina estaba detrás. Aquel merendero de corderos a la estaca y mesas en el prado lo puso su padre con la indemnización por el cierre de la mina de mercurio de Astur Belga y la hostelería fue el trabajo final después de que a Juanjo le interesara muy poco la escuela de peritos de Minas.

A finales de 1979 Juanjo tarifó con el padre y vino para Oviedo. Él era cliente de "El Ñeru La Curuxa", una carbonera musical que llevaba Leo (Leoncio García Castañón). Cuando dejaron de trabajar en la barra el actor Nacho Martínez (protagonista de "Matador") y su primo Xuan (Juan Martínez Lillo). Juanjo entró a trabajar junto a Paco, Francisco García Ochoa, en febrero de 1980.

En la dinámica imparable del Oviedo antiguo en expansión Juanjo y Paco cogieron en traspaso "La Regenta" en junio de 1981, donde entró de socio Xuan. En aquellos años, "La Regenta" era el paso chic chic cultural antes o después de la bohemia ilustrada de "El Paraguas". Los martes tenía una tertulia con periodistas y políticos, con Faustino F. Álvarez y Gerardo Iglesias. Era un local amplio, con pasillo de entrada, sofás, sillones. Cuatro años después, cuando Paco puso "Salsipuedes", en origen restaurante y bar de copas, Juanjo quedó sólo con el negocio hasta 2016. En sus intermitentes estertores recientes quedó como "after hours"

En 1994 Juanjo y Francisco Javier Barril Suárez, con el que trabajaba en "La Regenta", cogieron "Los 3 Reyes", un bar clásico de la calle Cimadevilla que tuvieron que desalojar en 1999 por ruina inminente del edificio. Barril fue su socio en el Pick-Up que bajo su dirección vivió años espectaculares, más pachangueros que los casi 20 anteriores, con llenazo diario, ambiente rejuvenecido y todo tipo de gente.

La decoración pasó a ser más funcional y dejar más espacio y también una restauración de los cuadros, con algunos agujeros, problemas de sujeción y un barniz natural de años, gases, polvo y humo de tabaco que apagaba los tonos de Vivancos.

Marta Flórez Igual hizo la restauración en marzo de 2002, fijó unas normas de conservación que no se han cumplido. Los cuadros fueron reinstalados con una protección de metacrilato. La restauración costó 1.502 euros más IVA.

El Pick-Up cerró en 2015 y empezó la vida ambulante del parnaso ochentero de Vivancos. Durante un tiempo se almacenaron en el "Windsor", un local que lleva muchos años cerrado. Después, Javi Barril prestó el cuadro en el que estaba Francisco Álvarez-Cascos al dueño de Cook Gallery, José Antonio Martínez, que había abierto cafetería en la calle Uría 56, que fue diputado de Foro Asturias. Allí estuvo decorando 3 o 4 años. No se lo quedó.

Sobre estas líneas, Jose Vivancos; a la derecha, Juan José Álvarez posa junto a los cuadros en su casa en Latores. | Miki López

Sobre estas líneas, Jose Vivancos; a la derecha, Juan José Álvarez posa junto a los cuadros en su casa en Latores. | Miki López / Javier Cuervo

La gente entraba a verlo, para conocerlo o recordarlo, comentó en su día Sonia Brea, la gerente.

De ahí llegó tiempos después a la casa de Juanjo en Latores, en la que usa algún taburete de Mariscal, alguna de las mesas y el plinto y tiene la pintura en papel de estraza hecha para recordar los cuadros cuando los expusieron en el Café Español. Avanzado 2018 ofreció los cuadros al ayuntamiento de Oviedo a través de Roberto Sánchez Ramos, "Rivi", concejal de Cultura del tripartido que presidía Wenceslao López.

"Tuvo la gentileza de ponerlo a disposición pública e hice dos gestiones" –recuerda "Rivi"– "requerí una valoración artística y económica de los cuadros a Alfonso Palacio, director del Museo de Bellas Artes, como el funcionario demás alto rango para hacerlo y cuando me lo entregó inicié el expediente de compra que iba para el presupuesto siguiente que hubo elecciones y quedó paralizado".

Una de las localizaciones que aconsejaron al concejal en Cultura fueron la entrada y el ambigú del Teatro Filarmónica. "Pediría a las autoridades municipales que reconsideraran esta compra por Vivancos y por poner a disposición de la población lo que los cuadros tienen de la memoria democrática asturiana".

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