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Cálida despedida a Francisco Martín Angulo, "un hombre bueno"

La familia y los amigos del escritor y exconcejal ovetense, fallecido el miércoles, recuerdan su gran calidad humana

Asistentes a la despedida de Angulo, ayer, en Los Arenales. | LNE

Una de las anécdotas que más gustaba contar a Francisco Martín Angulo, "Paco" para sus amigos, era la de aquella vez que, paseando por la calle, se encontró con un monumental atasco provocado por un camión de Coca-Cola. "¡Paco!", escuchó gritar a un hombre, desconocido para él, que le dio un caluroso abrazo antes de retornar al camión, para reemprender la marcha: aquel "desconocido", que nunca supo quién era ni de qué se conocían, causó el formidable atasco solo para poderle saludar. La anécdota fue rescatada ayer por una de las hijas de Angulo, fallecido el miércoles a los 83 años de edad tras sufrir un desvanecimiento en la calle, durante el cálido acto de despedida civil que le tributaron, en el tanatorio de Los Arenales, su familia y sus amigos.

La capilla del tanatorio, que acogió la despedida, se quedó pequeña ante la formidable asistencia de amigos que acudieron para arropar a la familia. Varios de sus más estrechos allegados, miembros como él de una tertulia, subieron sucesivamente al estrado para dedicarle unas palabras de despedida. Javier Portilla leyó, además, un escrito de una de las hijas de Angulo, Ana, que recordaba el perenne buen humor de su padre, la devoción que sentía por sus nietos y también el reencuentro que propició la pandemia, cuando veían series de televisión en maratón.

Su otra hija, Chus, recordó al padre "justiciero", siempre al quite para combatir los abusos de los poderosos. Una vocación que le llevó a liderar la Cruz Roja en la ciudad y a la arena política, pero que también hacía difícil, confesó, seguir con él los partidos de su amado Barça: "¡Ay! Los árbitros, siempre favoreciendo al Madrid", rememoraba su hija. También recordó cómo, en estos últimos años, volcó sus esfuerzos hacia la literatura, con libros que lanzaba en autoediciones, y su impagable capacidad para contar anécdotas devenidas poco menos que en mitos: "Tenía la habilidad de hacer que la vida fuese mejor, y más interesante".

El hijo de Paco Angulo, Fernando, relató cómo, siendo adolescente, acompañó a su padre a un retiro espiritual, con el objeto de que dejase de fumar. También recordó su milagrosa recuperación en 2006, cuando los médicos le daban por sentenciado y logró resistir para regalar a su familia otros 16 años de feliz convivencia.

La viuda de Paco Angulo, Ana Bernardo, cerró el acto de despedida agradeciendo los cincuenta años de convivencia con el que además de su esposo fue su leal "compañero y amigo", y destacando la relación que tenía con sus nietos, que le apodaban "Totó". "Fue una vida larga y feliz", aseguraba Bernardo, que recibió el cariñoso aplauso de todos aquellos amigos que, reunidos en Los Arenales, despedían al que todos definieron recordando aquel verso de Machado: era, "en el buen sentido de la palabra, bueno".

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