"El León de Oro" ruge en la Catedral
El coro luanquín conquista al público que llenó la Sancta Ovetensis con un soberbio concierto que combinó una misa del XVI con obras actuales

García de Paz dirige al coro durante el concierto. | Miki López / J. Mallada

Los acordes y el escolástico contrapunto de la "Missa Praeter rerum seriem", de George de La Hèle, devolvieron ayer a la catedral metropolitana de Oviedo al siglo XVI de la mano del soberbio concierto ofrecido por el coro "El León de Oro", dentro de las actividades organizadas por la concejalía de Hostelería, Turismo y Congresos de Oviedo, enmarcado en las actividades "Oviedo, origen del Camino".
Sin duda, esta obra, el plato fuerte de un programa atractivo y de gran exigencia, justificó la paciente espera de los melómanos ovetenses que, cuarenta minutos antes del inicio de la cita musical, ya rodeaban, casi a modo de peregrinación, la emblemática plaza de Alfonso II "El Casto", haciendo pequeño el templo ovetense para albergar semejante número de almas entregadas a la música coral.
Los cinco movimientos que componen esta obra, esto es, el ordinario de la misa (Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus y Agnus Dei), convencieron a los asistentes que, movidos por la emoción y la expresividad que transmitía la formación gozoniega, no dudaron incluso en aplaudir entre dichos números. El pulido timbre de los coristas y esa maraña de voces y texturas donde siempre se termina imponiendo el lirismo hasta rematar en la cadencia final, convenientemente ornamentada, pusieron de manifiesto la comodidad de los pupilos de Marco Antonio García de Paz, director de la agrupación (y del coro de RTVE), en un repertorio intenso y complejo que les ha llevado a realizar incluso una grabación discográfica de esta obra.

El coro saluda al público, al inicio del recital. / J. Mallada
Pero "Más allá del orden de las cosas", como rezaba el título del programa de anoche, el concierto encerraba una síntesis entre tradición y vanguardia. "Hei mihi Domine" (Guerrero) fue la encargada de abrir la velada musical, exhibiendo ya el equilibrio coral y la exuberancia de las voces luanquinas. Siguió el "Regina caeli laetari" (Philippe Rogier), rematando una primera mitad impecable.
La segunda, supuso un salto de cuatrocientos años para presentar, a un público rendido por completo a "la magia leonina", obras de Andrej Makor, Rihards Dubra y Eric Whitacre. Especialmente celebrada fue la ejecución de la pieza de este último compositor, "Sainte-Chapelle", una obra densa en la que las sopranos mostraron todo su potencial merced a unos agudos poderosos y bien timbrados.
Hora y media de altísimo nivel musical que se remató con el bis del Kyrie de la misa de La Hèle ante un público que despidió en pie a los gozoniegos.
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