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El Picasso «problemático» de Nueva York es un éxito en el Bellas Artes

La conmemoración en torno al genio malagueño, en Asturias y en medio mundo, reaviva la reflexión sobre las aristas de grandes figuras del arte

n hombre observa el retrato de Picaso de Juan Gris, en el Bellas Artes. | Miki López

«No cuenta lo que el artista hace, sino lo que es». La cita se lee en una de las paredes de la exposición «It’s Pablo-matic («Es Pablo-mático», un juego de sonidos hacia la versión «es problemático»)». Una muestra que se acaba de presentar en el Museo de Brooklyn (Nueva York), con solo unas horas de diferencia con otra más cercana. La titulada «Un país superpoblado. Estampas de Picasso», un recorrido por la obra gráfica del genio, con la que el Museo de Bellas Artes de Asturias se suma a la celebración global que está marcando los 50 años desde la muerte de Pablo Picasso.

Mientras Nueva York revisaba las aristas del genio, en el Bellas Artes ya desde el «minuto uno» se hacía sentir el interés general por él. «La del jueves fue una de las inauguraciones más concurridas de la historia del museo. Y en solo unas horas ya hubo muchos visitantes», cuenta Alfonso Palacio, director del Bellas Artes de Asturias.

El Picasso «problemático» de Nueva York es un éxito en el Bellas Artes

Del tirón de Picasso habla bien que la conmemoración de este año se concreta en al menos 42 exposiciones y eventos en 38 instituciones de gran relevancia en Europa y Estados Unidos. También en Asturias hay más referencias: el Evaristo Valle mantiene abierta una exposición alrededor del proceso creativo del Guernica, con sus 42 dibujos preparatorios sobre papel.

Pero la mayoritaria idea de reivindicar el legado artístico de Picasso y la vigencia de su obra se topa, también, con la relectura del genio que en muchos casos –como en el del museo de Brooklyn– no se resignan a que pasen desapercibidas sus facetas «problemáticas».

Precisamente con la frase «No cuenta lo que el artista hace, sino lo que es» en el museo americano se subraya la persistencia y pertinencia de un debate sobre si se puede (o se debe) separar al artista de su arte, una discusión revitalizada con el aniversario de Picasso. Y la opción que ha tomado la pinacoteca de Brooklyn –único museo del mundo con un centro específico dedicado al arte feminista– es plantear lo que una de las comisarias, Catherine Morris, explica como «una conversación sobre preguntas, una conversación que tiene que ver con romper normas». Con 49 obras de Picasso en diálogo con otras más de cinco decenas de artistas del siglo XX y XXI se se confronta el trato personal y artístico del malagueño a la mujer, «objetificada, sexualizada, sumisa». («Como todos los artistas soy sobre todo un pintor de mujeres y, para mí, la mujer es esencialmente una máquina para el sufrimiento», dijo en una ocasión).

El arte expuesto y su organización dejan, en el caso de Nueva York, el poso de otra idea, que también se lee en las paredes: «Admiración y rabia pueden coexistir». Y Morris es tajante: «Si quisiéramos cancelar a Picasso no haríamos una exposición sobre él».

¿Y cómo se ve esa relectura desde Asturias? Marta Fermín, artista, galerista y directora de la Semana Profesional del Arte de Oviedo, dice que «tendemos a idealizar a los artistas porque nos gusta mucho su obra y muchas veces la personalidad y la obra no van de la mano. Pasa con Picasso, pero también nos pasa a diario. Tendríamos que revisar toda la historia y borrar todo lo que no nos guste. Lo que hay que hacer es contar las cosas con fidelidad, de modo que quien estudia a un artista se haga su propia idea, y decida. Borrar no es nunca una solución». De Picasso dice Fermín que «es una pieza clave en la historia del arte, en eso es en lo que yo estoy centrada. Me aporta lo que él le aporta a la historia del arte y a las vanguardias. Es clave para entender el cubismo, el arte y la historia», sostiene Marta Fermín.

Laura Gutiérrez, directora de la Escuela de Arte de Oviedo, opina que «seguramente, podemos afirmar que una vez que se conocen ciertas cuestiones vitales de un personaje puede parecer difícil abstraerse a ellas a la hora de hacer una lectura objetiva de su trayectoria profesional, pero, el plantearse censurar o cancelar las muestras sobre su historia y obra, quizás, no sea la mejor manera de contextualizar en el siglo XXI su innegable relevancia e influencia en el Arte Contemporáneo. Toda sociedad avanzada debe tener herramientas para poder mostrar los logros profesionales de las personas, en el campo que sea, sin obviar la contemplación de su falta o no de valores éticos. Al tenor de esto Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen, dice en relación con la exposición ‘Picasso/Chanel’, celebrada recientemente en ese Museo: «Ahora que se habla tanto de la masculinidad tóxica de Picasso, esta muestra desactiva ese argumento y enriquece la visión de un Picasso alejado de estereotipos’».

Visitantes en la exposición «It’s Pablo-matic», en Brooklyn;

Por su parte, Alfonso Palacio entiende que «son respetables todas las relecturas que se puedan hacer de un artista, un movimiento o un período. A veces son hasta necesarias. Nosotros trabajamos desde una perspectiva que es la Historia del arte y de los artistas y vamos a su obra, a analizar y estudiar la obra. Lo que nos hemos planteado con esta exposición y la próxima que abriremos en julio es, partiendo de un estudio hecho con rigor y solidez científica, presentar aquello que nos interesa y que ahora es la vertiente de Picaso como grabador. Y hacerlo en las mejores condiciones».

Como apunta Laura Baños, comisaria de la exposición del Bellas Artes, «la vida de Picasso es parte de la historia del arte y está en sus obras, muy autobiográficas» y quizá lo conveniente sea «ser capaces de valorar la obra y contextualizar sin esconder nada, explicándolo y resignificándolo».

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