Aparecen dos nuevos nidos de ametralladora, en el Naranco y en Olivares

La limpieza de una senda en el monte ovetense permite al profesor Antonio Cuestas identificar un vestigio más de la Guerra Civil en la capital asturiana

Antonio Cuestas, ante uno de los  nidos de ametralladora. | LNE

Antonio Cuestas, ante uno de los nidos de ametralladora. | LNE / Ana Méndez

Ana Méndez

"Cuando conoces tu historia es más fácil evitar que se repita", esta es la frase que Antonio Cuestas, miembro de la junta directiva de ARAMA 36/37 (Asociación para la Recuperación de la Arquitectura Militar en Asturias), usa como argumento a la hora de hablar de la Guerra Civil, el conflicto que dividió a España en dos bandos, que también dejó cicatrices en Asturias. Y algunas aún están descubriéndose. Cuestas, en concreto, ha podido identificar dos nidos de ametralladoras que hasta ahora no habían sido catalogados, en dos ubicaciones estratégicas de Oviedo: el Naranco y en Olivares. El primero de ellos, Cuestas lo encontró por pura casualidad mientras paseaba con su perra y gracias a la limpieza de sendas acometida en el monte. "Entre que estaba enterrado y con maleza, si no llegan a hacer la pista nueva por el Naranco podría seguir escondido mucho más tiempo. Y yo lo identifico porque estoy acostumbrado a verlos, que si no, hubiera pasado la gente sin saber lo que es", comenta Cuestas.

El de Olivares, pudo identificarlo con ayuda. "Otazu, un amigo, me avisó de que Santiago Zuazua conocía un nido en Olivares. Como toda esa zona la tenemos pateada creía que era uno de los que hay por allí. Me acerqué con Santi y, sorpresa, no lo conocía. Miré en catálogos y planos y no aparecía. Avisé a la gente de ARAMA de que había un nido nuevo, y sobre planos y documentos a ellos tampoco les aparecía. Pero lo mejor era ir, así que, llevé a Artemio Mortera, presidente de ARAMA, que corroboró que ese nido no se conocía", comenta Cuestas.

Estos nidos de ametralladoras, ubicados en lugares estratégicos, eran puntos clave en el entramado de la guerra, donde las decisiones tácticas y la geografía se unían en un juego mortal. Los nidos, construidos por el ejército republicano en 1936, tenían un propósito claro: cercar la ciudad de Oviedo. También cumplían un papel vital en controlar el avance de los enemigos a través del "pasillo de Grado", un punto crucial en la estrategia militar de la época.

Oviedo, la única ciudad en Asturias donde la sublevación militar triunfó contra la República en julio de 1936, vivió un asedio por las fuerzas gubernamentales. Durante el verano de ese año hasta el otoño de 1937, franquistas y republicanos libraron intensos combates por el control del Naranco, de ahí que se llenara de construcciones defensivas.

Ocultos entre los helechos y eucaliptos que cubren las laderas del monte, la Guerra Civil ha dejado muchos restos, como son trincheras o nidos de ametralladoras, que representan escenarios de batallas, en los que murieron asturianos y en los que se defendieron y atacaron unos y otros. En los 15 meses que duró la Guerra Civil en Asturias, Oviedo fue la ciudad más destruida, no solo de la provincia sino también de España, rememora Cuestas. "Sobre la capital se lanzaron alrededor de 20.000 proyectiles de artillería y 5.000 bombas de aviación. Solo la Catedral recibió cerca de 180 impactos de cañón, solían tirar apuntado a las agujas, y tardó diez años en ser rehabilitada. A día de hoy se pueden ver las marcas", señala Antonio Cuestas.

Y en toda esa historia, los restos –como los dos nidos de ametralladora que ahora se suman al inventario de ARAMA– hablando de un pasado que nadie quiere repetir.

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