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Entrevista | Patxi Mangado Dirige el proyecto de la Fábrica de Gas

"No es que en la Fábrica de Gas haya especulación, es que hasta dudo de que a Ginkgo le compense"

"Es excepcional, pero no voy a ir al trullo por salvar la marquesina, a esos que tanto hablan les paso el proyecto y la responsabilidad civil"

Patxi Mangado, en una de sus últimas visitas a la Fábrica de Gas.

Patxi Mangado, en una de sus últimas visitas a la Fábrica de Gas. / Irma Collín

Chus Neira

Chus Neira

Hace dos meses que Patxi Mangado (Estella, 1957) presentó el proyecto que ha elaborado para Ginkgo sobre la parcela de la Fábrica de Gas, en el corazón del casco viejo. El arquitecto ha guardado silencio desde entonces mientras escuchaba, protesta, "opiniones muy respetables, pero también un cúmulo de inexactitudes y descalificaciones innecesarias". En esta entrevista con LA NUEVA ESPAÑA rompe su silencio para poder "desmontar", los argumentos "manipulados", denuncia, que se han dirigido contra el proyecto. Le acompaña el director general de Ginkgo en la península, Antonio Truan.

–La primera vez que habló sobre este proyecto, hace más de un año, tenía una serie de impresiones iniciales sobre la fábrica que, ahora, finalizado el proyecto, no sé si se han confirmado.

–La mayoría de aquellas reflexiones eran válidas. Y la más importante es que no es un proyecto aislado, sino que lo afrontamos como parte estructurante del casco histórico y de la ciudad, como una oportunidad para su transformación. Es muy importante, en ese sentido, que se ha incorporado una superficie mayor, con lo que no estamos hablando del perímetro de la fábrica, sino de una intervención en una parte más amplia del Antiguo.

–¿Por qué se añadió esa parcela?

–Era algo en lo que el Ayuntamiento estaba interesado y que permitía una intervención de más enjundia, con esa idea básica de que sobre lo que se actúa es sobre una parte de la ciudad histórica.

–Se le ha criticado que su proyecto reduce la protección de edificios.

–Había un plan especial, de César Portela, que clasificaba una serie de edificios que se mantenían y otros que no. Yo no estoy de acuerdo con él, entre otras cosas porque no tenía en cuenta el patrimonio moderno. Hay un edificio blanco, en la esquina, que yo mantengo y que se iba a derribar. No es verdad que mantengamos menos. Mantenemos mucho más. Lo que pasa es que mis criterios son distintos, y por eso tengo en cuenta la arquitectura moderna, o esa nave de la Popular Ovetense que se iba a tirar con un informe favorable del Colegio de Arquitectos. Es una pieza importante y yo la mantengo.

–Tira la marquesina de Sánchez del Río.

–Me parece una estructura estupenda, muy bonita, y he intentado mantenerla de todas las maneras posibles. Pero los informes señalan la realidad de los edificios, y ese, con ese grado de polución, incumple e incumplirá todas las normativas. Con los ocho centímetros de hormigón que tiene, si yo restauro eso me vería obligado a ponerle 30 ó 40 centímetros de hormigón para asegurarlo, lo que desvirtuaría la estructura. Si la quieren como está, vállenla, ciérrenla y que no entre nadie. Porque hay otro problema de responsabilidad civil ahí. Yo no voy a ir al trullo por salvar la marquesina. Y a ver qué funcionario se atreve a firmarlo. Nadie discute que la pieza sea extraordinaria, pero hay una normativa de mayor rango que la de la conservación del patrimonio que me obliga a descontamimar bajando ocho metros. ¿Cree que se puede dejar la estructura al aire, que voy a dirigir las obras de limpieza de aquello con el riesgo de que pase algo? Antes de eso, yo dejo el proyecto mañana y se lo paso a esos que tanto dicen. El proyecto y la responsabilidad civil.

–La idea base es que se rechaza la especulación en esos terrenos.

–Pero es que si yo tuviera la convicción de que detrás hay un planteamiento especulativo, o de expolio, me habría largado. Y es justo al revés. Hasta tengo preocupación económica por el éxito de esta operación tal y como está planteada. Si realmente lo pensara bien, tengo mis dudas de que le compense a Ginkgo hacerlo.

–También protestan por la edificabilidad.

–Hay unos límites de edificabilidad que yo no voy a traspasar nunca, entre otras cosas por el deterioro morfológico del casco histórico. Pero también hay una empresa que no va a regalar el dinero y que tiene unos costes muy altos de descontaminación. Los recursos están para que no se pierda dinero. Además, no se pueden sumar peras con manzanas. Quiero decir que la edificabilidad que había estaba reducida a la fábrica y ahora incluye más área. Si aplicáramos la edificabilidad de nuestra área a la de esa parcela que se suma ahora, y que tiene una edificabilidad distinta, el incremento solo sería de un 20%, y eso no es mucho más que lo que puede hacer viable o no una operación de este tipo.

–Los hay que rechazan meter viviendas en el gasómetro.

–Hay que tener un poco de cultura arquitectónica. Si vas a Inglaterra, Holanda, Alemania… Hay cantidad de gasómetros transformados en vivienda. Nosotros no tocamos nada en el gasómetro. Solo edificamos por dentro, con vidrio y madera. ¿Por qué no se pueden ocupar unas naves con viviendas? Precisamente el rigor de la estructura industrial es lo que permite hacer viviendas. No serán tradicionales, claro, serán loft, especiales, para gente más joven, para un usuario distinto al del mercado normal. Pero va a ser más atractiva, provocadora.

–¿Cuál es la alternativa?

–No lo sé. He escuchado decir a algunos que quieren que todo sea dotacional. Si tienen recursos para hacer todo dotaciones y mantenerlas, no tengo problema. Pero a ver quién lo mantiene. ¿Tiene el Ayuntamiento capacidad para comprarle a Ginkgo el terreno y dedicarlo todo a dotación? Pero todo el mundo sabe que lo mejor es la mezcla de usos.

–¿Qué más le ha molestado de lo que se ha dicho del proyecto?

–Que es una plaza dura. ¿Cómo va a ser una plaza dura si a lo que nos hemos dedicado es a que esa plaza sea el corazón y a dejar toda la edificación perimetral? Y en ese parque, en dos niveles, lo que prolifera es la zona verde.

–Con un aparcamiento.

–Pues claro que tiene que haber aparcamientos si va a haber viviendas. ¿O queremos que aparquen al lado de la Catedral? Además, tenemos que hacer una excavación brutal para descontaminar. Y tiene todo el sentido, si ya has excavado, hacer el parking. Otra cosa es que yo meto metro y medio de tierra para que crezcan árboles. Por eso no se puede hablar de plaza dura, ni de edificación en altura, porque salvo el gasómetro, que mantiene la suya, es todo bajo más tres y bajo más cuatro. No se va a hacer ninguna torre. Por eso no se puede decir, como escuché, la palabra exposición. Entiendo que haya gente que no esté de acuerdo, pero eso son palabras muy gruesas.

–Le ha molestado.

–Me he sentido muy dolido. Es verdad que puedo demandar al que lo ha dicho, o puedo largarme. Pero es que yo tengo la conciencia muy tranquila porque a mí Ginkgo nunca me ha forzado a nada. Si me hubieran obligado a atentar o destruir algo les hubiera dicho que no. ¿Para qué me iba a meter en estos fregados teniendo proyectos mucho más atractivos como la reforma del Bellas Artes? Estoy convencido de la bondad del proyecto y de que tiene un equilibrio extraordinario entre la conservación del patrimonio industrial y la morfología del casco histórico siendo a su vez capaz de introducir algunas modificaciones estructurales en relación al espacio público. Lo único que no está resuelto, pero no depende de nosotros, es esa pasarela de comunicación con el casco histórico. Depende de un privado con el que en este momento Ginkgo no puede negociar.

–De la Iglesia, ¿no?

–Sí, así es. Pero no es algo que obligue a parar el proyecto. Hay tiempo para que se pueda gestionar.

–Otro de los argumentos en defensa de la no intervención urbanística en la Fábrica de Gas es que es un conjunto industrial único en España. Su singularidad.

–Comprendo el amor a Oviedo, pero no es verdad. En España hay conjuntos industriales igual o más importantes. En todo caso, por esa regla de tres, no haríamos absolutamente nada, porque la historia es única, y cualquier edificio es único. ¡Hibernemos la historia! En realidad, es un argumento en contra de la propia historia y de la evolución. ¿Tendremos que destruir la arquitectura renacentista para descubrir las primeras ruinas góticas sobre las que construyeron? Si el poder público decide hacerlo, yo lo respetaré, pero lo consideraría un error tremendo. Porque, además, alguien tendría que explicar a los ciudadanos las implicaciones que tendría esa decisión: las económicas y las de evolución del casco histórico. Si lanzas esa idea sin explicarlo, estás desinformando, estás engañando.

–¿Por qué cree que se demoniza el uso residencial, hacer viviendas?

–Me parece profundamente contradictorio. Porque, en realidad, si digo que van a ser lofts para jóvenes también es una dotacion. ¿No es la vivienda un servicio a la sociedad? Hay como una expectativa de convertir todo aquello en una suerte de dotación de servicios públicos. Pues a ver si los impuestos de los ciudadanos dan para 18.000 metros cuadrados de dotaciones y cómo lo mantienen. ¿No se dan cuenta de lo profundamente conservador que es su razonamiento? Estamos hablando de unos terrenos sensacionales donde deberían estar pidiendo hacer vivienda accesible, eso sería lo más progresista, no convertirlo todo en dotacional.

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