Entrevista | Santi Alverú Actor, presentador y crítico de cine, presenta el ensayo "Demasiado famosos"

"Ser influencer implica exponerse y eso deshumaniza, pagas un peaje muy caro"

"Cuando adquieres fama en internet es porque juegas el juego de unas empresas, te autoexplotas y, si dejas de alimentar la rueda, desapareces"

Santi Alverú.

Santi Alverú. / Mike Calvo

Eduardo Lagar

Eduardo Lagar

Santi Alverú (Oviedo, 1992) saltó a la fama como el memorable protagonista de la película "Selfie" (2017), una comedia dirigida por Víctor García León. Fue nominado al "Goya" como actor revelación. Alverú era Bosco, un alucinado cayetano que trataba de no ahogarse en aquella ácida fábula acerca de una España donde la "nueva política" iba naciendo sobre los escombros de la gran recesión y los casos de corrupción política. Desde entonces, ha hecho carrera. Ha salido Alverú en varias series –la última, "Reina Roja" (Amazon Prime)–, se ha convertido en colaborador del programa "Zapeando" de La Sexta, es crítico de cine en varias revistas especializadas y tiene su propio podcast de entrevistas, "Y de beber albóndigas". Ahora se estrena como ensayista con el libro "Demasiado famosos" (Ed. Aguilar), donde reflexiona sobre la fama y sus engaños. Alverú presentará el volumen el sábado 22 de junio, a las 13 horas, en la librería Cervantes de Oviedo.

–¿Qué buscaba cuando escribió "Demasiado famosos"?

–Quería ofrecerle a cualquier lector una guía para entender, primero, que la fama es construida. Y, segundo, que la fama viene con peajes muy caros.

–Supongo que esta reflexión parte de una experiencia personal, al haberse convertido en un rostro conocido de la televisión.

–Parte de una experiencia personal como sujeto, pero también como observador, pues he hecho televisión y he trabajado como cómico, pero luego también he hecho periodismo cultural durante muchos años. Y lo que veía era una desconexión entre cómo se crea la fama, en cómo se muestra algo o a alguien, y cómo lo percibe la gente. Y en la experiencia personal noto que me genera tristeza, desasosiego, ansiedad, que haya gente a la que ni siquiera conozco y que me percibe de determinada manera. Es algo que juega contigo. Y eso que mi fama es pequeña.

–Pues cómo será ser Kim Kardashian...

–Kardashian todavía gana dinero gracias a enseñarse. Pero imagínese vivir divorcios como los de Brad Pitt, que están totalmente mediatizados. Ver cualquier parte de tu vida privada convertida en un instrumento para otros, para ganar dinero o para vender periódicos. Tiene que ser terrible. Yo no he vivido eso, evidentemente. Soy una persona muy afortunada, tengo una vida que me gusta. Pero cualquier exposición deshumaniza. Me ha costado mucho hacer las paces con la idea de que vivo o formo parte de una industria en la que es muy difícil convencer a la gente de que soy más de lo que creen que soy. Hablamos de imagen y tu imagen te deshumaniza, tu imagen te separa de ti, otros la interpretan por ti.

–¿La fama es la transformación de una persona en un producto?

–Sin duda. Es muy difícil encontrar exposición pública sin venta. Ya casi no se ve a los medios de comunicación dando altavoz, espacio mediático, a alguien que no tenga algo que vender, alguien que salga solo porque lo que hace es bueno. Ya todo está asociado a la promoción.

–Y, en una vuelta de tuerca a la fama, hoy se puede ser famoso sin necesidad de hacer nada. Es decir, solo por tener un culo grande.

–Estoy en contra de eso, me explico. En el libro hay un capítulo dedicado a internet que intenta romper con ese mito. Es peligrosa esa idea de: "Esta persona no hizo nada y tiene millones de seguidores". No, perdón, esta persona jugó el juego de unas empresas privadas que le pedían una serie de cosas. Es decir, un Instagram que te pide una foto al día, un YouTube que te pide un vídeo al día, un TikTok que te pide un vídeo al día, unos algoritmos que te piden un tipo de contenido... Cuando tú adquieres fama en internet la adquieres a través de un tercero, que es una empresa privada que te pide una serie de cosas. Eliminemos esta idea del youtuber que se hizo famoso un día y al día siguiente le compró una casa a su madre. Ese tío probablemente haya renunciado a su privacidad, a su estilo de vida, haya empleado muchísimas horas y se haya explotado laboralmente para conseguir eso.

–Va a conseguir que me den pena.

–En el oficio de la fama en internet, el oficio del influencer, la exposición es necesaria. Y las exposiciones siempre instrumentalizan y deshumanizan. Entonces, al final tú te estás dedicando a un oficio que siempre te va a hacer sentir mal. Al escribir, a veces me apetecía ser Truman Capote y decir: sois todos unos gilipollas y os voy a poner a parir. Pero me he contenido. He querido hacer un ensayo que no deshumanice a la gente, que no los vuelva monigotes.

–Pero si tan tóxica es la fama, si tanto deshumaniza, ¿por qué estos influencers se han convertido en estajanovistas digitales que venden su alma a Meta? ¿Por qué sacrifican su vida si tanto malestar les crea?

–Bueno... Primero creo que no lo saben. Esa es la pregunta: por qué. Y nos la tenemos que hacer a nosotros mismos. Mira, a veces cuando una chica denuncia años después que ha sufrido un abuso siempre hay alguien que dice: "¿Por qué no lo denunció antes?". Me fascina cómo se puede ser tan frío y exigir a la gente algo que nosotros mismos hacemos. Nosotros, que vivimos situaciones insostenibles durante mucho tiempo y no logramos salir de ellas. No es fácil decir que no a una pareja que es abusiva, a un trabajo que te hace infeliz, a un familiar que te hace infeliz. ¿Por qué la gente se embarca hacia lugares que te hacen sentir peor, triste? Porque eso es el ser humano.

–¿Por su experiencia personal con famosos, en qué medida ha visto que la fama erosiona su identidad y relaciones?

–En toda. Es desolador trabajar en televisión rodeado de gente desconfiada, de gente incapaz de crear unos vínculos. Temen que esos vínculos no sean honestos y a la vez vienen ya con el veneno de "sabemos quién eres y te conocemos". En el libro hay un capítulo dedicado al aislamiento de los famosos. Que es un aislamiento ideológico, físico y emocional. Ideológico porque se rodean de un grupo muy cercano que te da la razón y entonces eres incapaz de cuestionarte tu ideología, de abrirte a segundas opiniones del exterior. Y hay aislamiento físico porque los famosos tienen estructuras que los separan de los que no lo somos: ellos no van en metro, no van al McDonald’s, viven en sus urbanizaciones... Y hay un aislamiento emocional por esa red de seguridad alrededor del famoso, del que tiene recursos, para darle la razón. Pongamos el caso de Ana Obregón y su gestación subrogada: ¿te va a decir un médico al que has pagado un millón de pavos por la movida qué estás haciendo? ¿Te va a decir: "No, señora, piénselo dos veces"?

–Hoy, cuando un niño dice que quiere ser influencer, quizá no se le muestre esa trastienda a la que usted se refería: que son obreros digitales autoexplotados que trabajan de sol a sol.

–Y que renuncian a muchas partes de su vida. En el libro cito el ejemplo de María Pombo (3,2 millones de seguidores en Instagram). Recojo cuando habla de cómo eran sus viajes al inicio de su carrera. Que no eran viajes. Es decir, ella se iba a lugares paradisíacos y no estaba disfrutando del sitio. Estaba pensando en subir una foto a las redes y ella dice que tienes que alimentar la rueda porque si dejas de alimentarla desapareces. Evidentemente eso no lo quiero para mí. Yo no soy esa persona, yo no soy ese profesional. Si un chaval quiere dedicarse a eso a mí me parece lícito, pero que sepa a lo que va a renunciar para enriquecerse.

–Y a usted, cuando le llegó la porción de fama que tiene, ¿notó algún cambio en su entorno cercano?

–Es la pregunta más difícil que me puedes hacer porque, de pronto, incluso para la gente que más te quiere adquieres una nueva capa, una nueva parte de identidad. Que una señora por la calle se equivoque con quien soy, bueno. Pero que una persona que tú quieres te tenga desfigurado por cosas que haces o dices, no es fácil. Tengo suerte, mi familia es muy guay, pero te mentiría si te dijese que no me he sentido mal a lo largo de mi vida por cómo mi trabajo y mi exposición han cambiado mi relación con gente cercana.

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