Un combate para nervios de acero con estoques roperos y medievales

Dieciséis espadachines se baten en un torneo organizado por la escuela de esgrima Gaudiosa

Dos espadachines, en pleno combate con espada medieval.

Dos espadachines, en pleno combate con espada medieval. / Irma Collín

"¡Preparados, saluden y adelante!". Ese ritual da pie a que dos contendientes se muevan en el cuadrilátero y estudien los movimientos del adversario. Ambos blanden espadas largas, medievales, de las que se agarran a doble mano. Cada uno va equipado con protecciones en las extremidades y en el torso, además de una careta. De esgrima. Son alumnos de la Escuela Gaudiosa de Esgrima Histórica, que celebró ayer su primer torneo de lucha de espadas en el Hotel de Asociaciones Santullano en el que participaron 16 espadachines. "Esto ha sido un festival de dobles tocados -los dos contendientes se golpean simultáneamente- así que hay que bajar la nota", dice por el micrófono Daniel Ibaseta, instructor y uno de los fundadores de la academia y asociación cultural. El profesor ejercía en ese instante como speaker-jurado en el doble campeonato, técnico y deportivo, que se dividió en las categorías de espada larga y ropera.

Mientras los metales chocan y ponen una banda sonora tintineante, Ibaseta explica la mecánica de la competición: en la modalidad técnica los esgrimistas se centran en los movimientos y las guardias; en la deportiva, en los tocados, en los puntos. "Un golpe en la cabeza vale tres puntos, en el cuerpo dos y en las extremidades uno", detalla el experto. Gana el que llegue antes a diez puntos.

En ese momento la protagonista es la espada medieval, mal llamada "mandoble", palabra que realmente designa a un tipo de golpe. La otra estrella del día es la ropera. La de los tercios españoles, la de Alatriste. Un arma blanca de manejo ultratécnico en torno a la que se desarrolló una "ciencia", la Destreza, que abordó en el siglo XVI el estudio de la disciplina de combate desde las matemáticas, la filosofía y la geometría. Además de los dos citados aceros, en Gaudiosa también se enseña a empuñar el sable, una hoja del siglo XVIII y XIX que queda ejemplificada por las caballerías francesas de Napoleón.

Un esgrimista, justo antes del comienzo de su duelo. | Irma Collín

Un esgrimista, justo antes del comienzo de su duelo. | Irma Collín / Oriol López

Las clases se imparten un par de días a la semana en el Hotel de Asociaciones de Santullano y en el Centro Asturiano a una treintena de alumnos y duran un par de horas. Parece poco, pero los estudiantes evolucionan velozmente con todos los filos: algunos, con solo dos o tres meses, ya adquieren los mínimos requisitos técnicos para participar en el torneo. "El modelo de enseñanza que planteamos te permite introducirte muy rápido en el sistema de combate", afirma Ibaseta, que lleva ya doce años de experiencia con los estoques.

El espadachín recuerda que el germen que despertó su interés por el acero templado le llegó con nueve años al ver el film "El Señor de los Anillos". "Me encantaron las espadas y la esgrima y llegué a este mundo un poco a través del frikismo", bromea. Una afición que le ha llevado a viajar por salas de toda España y también de Europa, donde ha dado y recibido clases a partes iguales.

Gaudiosa surge del trabajo del propio Ibaseta junto a Adrián Dader y la historiadora Carolina Lasheras, que es su presidenta. Además de adiestrar en el control del acero, organizan eventos culturales que han acogido el Archivo Histórico, el Museo de Bellas Artes o el Arqueológico. También la Universidad de Oviedo, donde promueven el Aula de Extensión Universitaria. El programa, que relaciona la historia y el arte con la esgrima, tendrá una nueva edición el próximo septiembre tras un verano con actividades que "aún no pueden desvelar".

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