Los comerciantes del Fontán piden que los fondos vayan al edificio, pero sin puestos de hostelería, tras rechazar la reforma del Mercado

La asamblea de la sociedad que gestiona la plaza tumban la ampliación diseñada por el equipo de gobierno por 19 votos frente a 11

Asamblea extraordinaria del Mercado El  Fontan S.A. celebrada este lunes por la tarde.

Asamblea extraordinaria del Mercado El Fontan S.A. celebrada este lunes por la tarde. / Fernando Rodríguez

Chus Neira

Chus Neira

No habrá –no, al menos, de inmediato ni de la forma en que estaba prevista– reforma del Mercado El Fontán. La asamblea extraordinaria de la sociedad que gestiona la plaza rechazó ayer por la tarde el proyecto del Ayuntamiento por 19 votos frente a 11, más una abstención. El equipo de gobierno, tal y como había anunciado desde hace semanas, acepta la decisión, devolverá los 2,4 millones de ayuda europea comprometidos y dedicará los fondos propios vinculados a este proyecto (1,9 millones) a otros planes.

Así lo explicó en la tarde de ayer el concejal de Infraestructuras, Nacho Cuesta, tras conocer el resultado de la votación y por más que de la asamblea no ha salido solo el voto en contra sino, según varios socios pertenecientes al sector crítico, un acuerdo sobre el tipo de reforma que sí quieren y en la que pedirán que se invierta el dinero de Europa.  Concretó esta idea a la salida de la votación Alicia Raquel Ramos: "Vamos a hacer nuestra propuesta para que no se pierdan esos millones. Queríamos otro proyecto, queremos la propuesta digital y la renovación de la plaza que no incluya la planta de arriba, que es lo que se iba a comer el dinero", explicó. La mayoría de los comerciantes rechazan los puestos de hostelería previstos en ese segundo nivel pero remitirán una carta al Ayuntamiento dando cuenta "del acuerdo generalizado de lo que sí quieren". Según otro socio, Manuel Rodríguez, "Lito", uno de los más destacados entre el sector crítico durante las últimas semanas, los comerciantes han salido "con más unión que nunca frente los problemas comunes que tenemos, y decididos a sacar la reforma del mercado, pero no la reforma de una sola persona".

Los socios y comerciantes de El Fontán, ayer, antes de comenzar la asamblea.

Los socios y comerciantes de El Fontán, ayer, antes de comenzar la asamblea. / Fernando Rodríguez

No obstante, las voces que se escucharon a la salida de la asamblea no fueron monocordes. María Banciella, una de las propietarias que no es accionista, habló en nombre de las ocho personas que están en esa situación y que, lamentó, "no tenemos derecho a a nada". Banciella lamentó que no se les hubiera dejado ni intervenir en la asamblea y resumió su situación de impotencia con la idea de que "son 33 personas jugando con el pan de ocho". 

Partidaria del sí a la reforma y socia de Mercado El Fontán, S. A. son Ana Rosete, que salía "un poco decepcionada". "Viví otra reforma y fue un éxito y lanzo un aplauso al Ayuntamiento, que se portó de cine". En la misma situación, Susana Rico admitía la derrota pero lamentaba la pérdida de dinero y la captación de nuevo público que, estaba convencida, llegaría de los gastrobares: "Nos habría venido muy bien, tanto para el turismo como para los clientes".

El Ayuntamiento devolverá la ayuda y dedicará los fondos propios (1,9 millones) a otros proyectos

Conocido el resultado de la votación, Nacho Cuesta insistió en que el Ayuntamiento había logrado la financiación europea con "un proyecto de transformación integral que abogaba por diversificar la oferta para captar nuevos públicos". "Los comerciantes, por motivos diversos", razonó, "se han posicionado mayoritariamente en contra, decisión que asumimos plenamente. Toca ahora devolver la subvención finalista y dedicar los recursos municipales que estaban destinados a sufragar un porcentaje muy importante de la reforma, a otros proyectos".

El portavoz del PSOE y líder de la oposición, Carlos Fernández Llaneza, lamentó que "después de tres años de parálisis y cambios en el proyecto" el resultado sea "un mercado dividido y 2,4 millones de fondos europeos a punto de perderse". Llaneza culpó de esta situación a "la gestión de Canteli" e insistió en que el dinero era "muy necesario para reparar la cubierta y mejorar la eficiencia energética del edificio". Desde Convocatoria por Oviedo-IU Gaspar Llamazares resumió la situación como "crónica de un fiasco anunciado" y cargó contra "el mal modelo de franquicia de los gastromercados madrileños frente a la identidad histórica del mercado del Fontán", el "mal método del monólogo y el o lo tomas o lo dejas". Como el PSOE, pidió salvar la reforma en la parte que apoyan los comerciantes. 

También Sonsoles Peralta (Vox) reclamó "diligencia" para no perder el dinero y decisiones "acordes a las necesidades de los comerciantes". 

Recreación infográfica de la parte superior de gastrobares que planteaba el proyecto rechazado.

Recreación infográfica de la parte superior de gastrobares que planteaba el proyecto rechazado. / LNE

El equipo de gobierno había dejado en manos de los comerciantes la última palabra sobre el proyecto de reforma, pero había intentado convencer a los socios hasta el último momento. Incluso se convocó una reunión en el salón de Plenos este mismo lunes, hora y media antes de la asamblea. En dicho encuentro, no obstante, según los comerciantes, Canteli leyó una declaración desde un atril y no aclaró si aceptaría una serie de reclamaciones (condonación del pago del canon durante las obras y el traslado al Campillín y prórroga de la concesión más allá de los 20 años que les quedan). De hecho, manifestaron varios comerciantes presentes en la reunión, el Alcalde mostró su extrañeza sobre estas peticiones que dijo desconocer, aunque los responsables de la sociedad aclararon allí mismo que estas peticiones se habían trasladado al Ayuntamiento y que al menos el concejal Nacho Cuesta, allí presente, las conocía.

Dos horas después, a las seis y media de la tarde, en la sede de la Federación Asturiana de Comercio y tras media hora de discusión no tan acalorada como podría sospecharse, los primeros socios salían con prisa de la reunión y celebraban el resultado. "¿Qué ha pasado?" "Un no rotundo". Y, ya en la calle, se felicitaban por haberse librado de los diez meses trasladados a una carpa en el Campillín, como estaba previsto. "Vamos p’allá y no volvemos, dígotelo yo".