Un hito en la música asturiana

El "sonido Viena" cautiva a Oviedo en una extraordinaria velada musical

La calidad, precisión y equilibrio de la formación austriaca cautivan al público en una jornada histórica para los melómanos asturianos

Jonathan Mallada Álvarez

Jonathan Mallada Álvarez

La de anoche fue una velada histórica. La Orquesta Filarmónica de Viena llegaba a la capital del Principado, por primera vez desde su fundación (1842), para celebrar las bodas de plata del Auditorio Príncipe Felipe. Sin embargo, el concierto se tiñó, desde los primeros compases, del color dorado de la sala donde la célebre agrupación austríaca pone música al primer día del año. La espléndida calidad sonora de la orquesta, su precisión y su equilibrio fueron los principales ingredientes de un recital que perdurará en la memoria de los mil quinientos ovetenses que abarrotaron el recinto.

La cita, organizada por la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo, había despertado la curiosidad y el entusiasmo de una ciudadanía para la cual la música clásica se ha convertido prácticamente una religión. Así se explica que las entradas se agotasen apenas una hora después de salir a la venta o la acogida de las actividades que se han desarrollado en torno al concierto, como el partido de fútbol que miembros de la agrupación vienesa e integrantes de la Oviedo Filarmonía disputaron el pasado viernes o la exposición sobre el escritor Stefan Zweig, en Trascorrales, que puede visitarse hasta el próximo día 30.

Por la izquierda, Yamen Saadi, segundo concertino; Sophie Dervaux, solo fagot; el profesor Michael Bladerer, director general de la orquesta; Volkhard Steude, primer concertino; el profesor Daniel Froschauer, presidente de la Filarmónica de Viena; el embajador de Austria en España, Enno Drofenik; el alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli; Lorenzo Viotti, que dirigió ayer a la orquesta; Andrea Goetsch, clarinete, y David Menéndez, concejal de Cultural del Ayuntamiento de Oviedo. | Pablo Piquero

Por la izquierda, Yamen Saadi, segundo concertino; Sophie Dervaux, solo fagot; el profesor Michael Bladerer, director general de la orquesta; Volkhard Steude, primer concertino; el profesor Daniel Froschauer, presidente de la Filarmónica de Viena; el embajador de Austria en España, Enno Drofenik; el alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli; Lorenzo Viotti, que dirigió ayer a la orquesta; Andrea Goetsch, clarinete, y David Menéndez, concejal de Cultural del Ayuntamiento de Oviedo. | Pablo Piquero / J. Mallada

Pero todas estas expectativas fueron rebasadas desde el primer acorde. Una cerrada ovación –una de esas que sólo se tributa a los grandes de verdad– recibió a los músicos que aguardaron de forma paciente la entrada del maestro Lorenzo Viotti para hacer historia en nuestra región.

Los vieneses –dentro de esta selecta gira que España tan sólo les llevará además a Granada y Sevilla– habían diseñado un programa muy atractivo que permitía lucirse a cada una de sus secciones. Abría la velada el "Capricho español" de Rimski-kórsakov. A lo largo de sus cinco números, la orquesta exhibió su potencial en la "Alborada", solemne y majestuosa, desarrollando unos fraseos exquisitos en las "Variaciones" y enarbolando un sonido especialmente atractivo en la "Escena y canto gitano" y en el "Fandango asturiano". Se desataron los primeros "¡Bravo!" de la noche.

La segunda de las obras a interpretar era "La isla de los muertos", poema sinfónico escrito por Serguéi Rajmáninov tras la inspiración que le había suscitado la contemplación del homónimo cuadro –en realidad, una copia en blanco y negro– de Arnold Böcklin. Aquí fue donde la orquesta plasmó ese denominado "sonido Viena" que aúna la ligereza y el lirismo más delicado con la fortaleza y el poderío exacerbado propio de una formación compacta y con más de un centenar de efectivos. Viotti, mostrando una leve cojera en su pierna izquierda –como resultado de la deportiva contienda futbolística del viernes–, condujo a la formación con mucha inteligencia, evolucionando en unos crescendos progresivos muy efectistas y sin descuidar, en ningún momento, el equilibrio entre las secciones. El director italiano supo imprimir el carácter adecuado y simular la cadencia pesada de Caronte por el río Estigia ante un público muy respetuoso. El dramatismo de esta obra postromántica y la brillantez de los violines y los metales sellaron una primera parte extraordinaria en lo musical y en lo emocional.

El atractivo del concierto motivó la asistencia al palco del alcalde, Alfredo Canteli, acompañado por el embajador de Austria en España, Enno Drofenik, y numerosos patrocinadores del evento, como Manuel Menéndez Menéndez, presidente de la Fundación EDP; Rufino Orejas Rodríguez-Arango, presidente del Grupo Orejas; Pablo Junceda Moreno; director general de Sabadell Herrero, y Javier Sáenz de Jubera, presidente de TotalEnergies Electricidad y Gas España. A ellos se sumó buena parte de la corporación municipal. Entre otros, estuviron el concejal de Turismo y Congresos, Alfredo García Quintana, y el de Cultura, David Álvarez.

Tras la pausa, la segunda parte estaba reservada para la "Sinfonía número 7 en re menor" de Antonin Dvorák, compositor del que se conmemora el 120.º aniversario de su fallecimiento. El público vibró con la sobresaliente actuación de la Filarmónica, con unas maderas repletas de calidez y una cuerda esmaltada que formó un tándem inmejorable con los metales en el "Allegro final". Viotti, atento a cada entrada, manejó con mucha habilidad a la formación, muy maleable a sus tempi, exigiéndole en todo momento una gran tensión sonora, pero disfrutando sobre el pódium como un niño pequeño.

Tras las ovaciones finales, los músicos regalaron, a modo de propina, una exquisita interpretación de la "Danza húngara número 1 en sol menor" de J. Brahms, un repertorio que dominan a la perfección y que agradeció especialmente un auditorio completamente enfervorecido.

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