Entrevista | Ovidio Parades Escritor, aborda en su último libro la relación con su madre

"La ternura es siempre un buen refugio"

"Me crie rodeado de mujeres maravillosas y leo a muchas escritoras de las que aprendo constantemente"

Ovidio Parades.

Ovidio Parades. / LNE

Lauren García

Lauren García

La muerte de la madre del escritor asturiano Ovidio Parades, acaecida hace un año, centra la prosa detallada y ordenada del autor ovetense. "Mi madre y yo" es un homenaje y un dardo para liberar el sufrimiento. Páginas auspiciadas de cariño y conocimiento. Además del planteamiento y replanteamiento de la vida, de los libros, viajes, películas y afecto que la justifican y no la convierten en una isla desierta. Una madre es la semilla irremplazable donde germina la literatura de Ovidio Parades.

–Después de pasar la pérdida y el duelo, ¿cómo ha sido el proceso de gestación de este libro?

–Empecé a escribir el libro dos días después de la muerte de mi madre. Encerrarme en el estudio, antes del amanecer, era una manera de seguir con ella. Viajando en el tiempo, recordando los buenos tiempos y los menos buenos, siempre causados por su enfermedad. La vida continúa, lo sé, pero sigo echándola de menos cada día. Estábamos muy unidos.

–¿Anclarse en la ternura y despojarse de dolor es un objetivo?

El dolor sigue presente. Es inevitable. Supongo que el tiempo lo irá calmando un poco. Pero sé que jamás desaparecerá. Como decían en la película "Tierras de penumbra": "El dolor de hoy forma parte de la felicidad de ayer". Es así. La ternura siempre es un buen refugio.

–¿Es también llevar a la literatura a la máxima parcela de intimidad?

–Claro. Cuando hablamos de temas tan delicados –el amor, la muerte– es inevitable mostrar la intimidad, pero los escritores lo estamos haciendo constantemente de una manera u otra. Lo importante es la precisión del lenguaje, la manera de narrar las cosas. –En la contraportada aparecen citas de escritoras femeninas sobre su escritura, ¿le ha reportado un universo la mujer?

–Mucho. Me crie rodeado de mujeres maravillosas, encabezadas por mi madre y mi hermana. Las entiendo y ellas me entienden a mí. Ahora, y en tiempos más complicados donde las libertades no estaban tan asentadas. Leo a muchas escritoras, de las que aprendo constantemente. Lo esencial de esta vida –la manera de comportarse y actuar, de comprender a quien tienes enfrente– me lo enseñó mi madre desde pequeño y hasta el último momento. Mi madre ha sido un regalo inmenso. Una luz que, a pesar de que ya no se está, no se agota.

–Tiene una estrecha relación con el cine, ¿es el complemento perfecto para su literatura?–

El cine es parte fundamental de mi vida, desde mi adolescencia solitaria hasta esta madurez a la que he llegado. El cine en las salas de cine (nunca he dejado de ir) y el cine en casa, de madrugada. Pasar la noche con Charo López, Gena Rowlands y John Cassavetes, como apunto en el libro, siempre alivia el dolor. Todos los dolores.

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