La transformación de la entrada a la ciudad

Finalizadas después de un año las obras del nuevo parque lineal de Oviedo: Ventanielles y La Monxina están diez minutos más cerca

El Alcalde inaugura hoy el bulevar, con sendas peatonales, carriles bici, columpios y una pasarela para ir a pie de un lado a otro de la "Y"

Chus Neira

Chus Neira

El Alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli, y el concejal de Planeamiento, Nacho Cuesta, no serán hoy, a las 11.30 horas, cuando está previsto el paseo inaugural, los primeros en pisar la nueva pasarela peatonal que conecta Ventanielles con La Monxina. Tampoco estrenarán ese kilómetro largo que discurre por la margen derecha de la "Y" (sentido Gijón) entre plantones de cerezos, totems decorativos de madera teñida de verde, sendas peatonales y carriles bici. No, las obras de regeneración de la autopista para su conversión en un bulevar llevan más de una semana finalizadas y los vecinos más jóvenes ya las utilizan a diario.

"Se gana ‘pila tiempo’, la mitad, como unos diez minutos menos", resume Lucas, un chaval de Ventanielles que viene con su amigo Hugo y que ayer por la tarde atravesaba la pasarela peatonal diseñada por un equipo vinculado a la marca del ingeniero Manterola. Camino de la Monxina, a ver a unos amigos, los dos colegas avanzan sin prisa, y casi en solitario, para atravesar sin mucho problema, al llegar al parque de la Pixarra, en medio de las vallas, prácticamente abiertas. Hoy, los cierres metálicos ya habrán desaparecido para permitir el acceso sin ninguna restricción, y los vecinos, muchos ayer todavía expectantes sin el despreocupado arrojo adolescente de Hugo y Lucas, empezarán a probar el trayecto.

Finalizan, así, unos trabajos que daban comienzo en mayo del año pasado con la construcción del colector y que dos meses más tarde, en julio, iniciaban la cimentación del gran pilón del que cuelga la pasarela. Catorce meses, por tanto, un año excluyendo el tiempo inicial dedicado a las nuevas canalizaciones, lo que han tardado en quedar cosidas de nuevo las casas de Guillén Lafuerza, atravesadas en su día por la herida de la "Y".

Ahora, de forma gráfica, la pasarela va de la calle Jacintos a la calle Gardenias, ofreciendo un recorrido circular muy blando (pisada tartán) y algo asomada al tráfico que todavía parece de autopista.

Eso, la velocidad del tráfico, la proximidad de los coches, es una de las quejas de algunos vecinos que viven más cerca del parque lineal y que ahora han visto cambiar totalmente el entorno de sus hogares. No solo para bien.

Andrea Martínez lleva viviendo en Guillén Lafuerza "toda la vida". Ocupa una de esas casinas que hasta ahora acababan donde empezaba la autopista. Su madre vive en la de al lado y sus abuelos también vivían allí cuando se hizo la obra de la autopista y les llevaron un trozo de huertina por delante. Los sentimientos ante la nueva regeneración urbanística son "encontrados". Por un lado, Andrea Martínez admite que "ha quedado muy bonito" y que "las casas se revalorizan mucho con esto". Pero hay unos cuantos reparos al proyecto. El primero, fácil de subsanar en apariencia y para el que ya han puesto quejas a través de la asociación vecinal sin que les hagan caso, explica, es que dentro del plan de vegetación previsto les han puesto una especie de seto, de matorral, pegado a las viviendas. "Aquí solo se van a quedar metidos todos los papeles, la suciedad, no queríamos esto", protesta. Sugiere, en su lugar, que el seto que ahora se está plantando pegado a las casas fuera al otro extremo, justo para separar el carril bici de la carretera. "Ahora mismo los coches no pasan a treinta, pasan por lo menos a cincuenta... ¿Y si cae un ciclista? ¿Y si echa a correr un guaje? ¿Y si se escapa un perro?".

A los temores por la falta de seguridad de una zona peatonal junto a la que los coches se desplazan con la velocidad de ver una recta larga a la salida de la ciudad, esta vecina plantea otra queja. "Antes teníamos el ruido de la autopista, pero plantaron unos pinos y quitaba bastante. Ahora han quitado los pinos, con lo que ha vuelto el ruido, pero es que, además, tenemos el ruido de los que pasan caminando y de los que se sientan en los bancos".

Lo dice por la corta experiencia de esta semana, ante la que teme que en cuanto quede abierto el paso sin restricciones ese bulevar se llene de gente, de más ruidos. "Eso sí, por la noche la iluminación es muy guapa".

Las obras de urbanización de la margen derecha de la autopista se extienden desde este último extremo donde se alza la pasarela "Arpa de Santullano", a la altura del colegio Jaime Borrás, hasta el Palacio de los Deportes. En ese kilómetro largo de trazado, el carril bici, los totems de madera y las sendas peatonales se alternan con diversas zonas de juego.

Los diseños elegidos alternan los columpios con colorido de los de diseño metálico más estilizados. En el otro lado del ámbito, frente al Palacio de los Deportes, los itinerarios todavía tienen que quedar conectados a los pasos peatonales de la nueva glorieta de Santullano.

Los operarios se afanaban ayer en el remate de los nuevos carriles de ese distribuidor de tráfico en el que el equipo de Canteli tiene puestas todas sus esperanzas para mitigar algunos de los problemas de tráfico que ha traído el nuevo diseño de la entrada a la ciudad. Hoy será la inauguración de los pasos peatonales del parque lineal, pero no de la rotonda de Santullano.

La previsión que maneja el Ayuntamiento es la de conectar al tráfico real, con la disposición de carriles que pretende ser definitiva, a finales de mes, en las próximas semanas. Una vez que los coches ya circulen por los nuevos carriles y con las nuevas posibilidades de entrada y salida a Teatinos y Ventanielles, se acelerará en los pasos peatonales que también tienen incorporado este distribuidor. Y se acabarán por rematar las zonas interiores de raquetas y medianas, añadiendo la vegetación prevista en el proyecto.

De esta forma, el proyecto de reforma integral de la entrada a Oviedo se aproxima a su conclusión. Aunque no del todo. A la regeneración de todo este espacio de Oviedo le quedarán ahora, al menos, dos grandes retos. Uno será la ejecución de un parque lineal al otro lado de la autopista, similar a este pero con la complejidad de salvar el gran desnivel, como se ha solucionado, en parte, en la nueva rotonda de Santullano. El otro reto, más difícil, posiblemente, de llevar a cabo va de la mano del desarrollo urbanístico de la fábrica de Armas de La Vega. Esos terrenos, cuando sean municipales, acabarán de definir la entrada a la ciudad y, en especial, permitirán alejar el tráfico, según los planes del Ayuntamiento, de la iglesia Prerrománica de Santullano, que ganará, en este punto, un gran parque mientras los coches se desviarán por dentro del antiguo recinto fabril.

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