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Julia Cruz y Oviedo Filarmonía, pareja de éxito

Julia Cruz dirige a la orquesta Oviedo Filarmonía durante el concierto de ayer. | LNE

Julia Cruz dirige a la orquesta Oviedo Filarmonía durante el concierto de ayer. | LNE

No se trataba de un concierto cualquiera. Los socios de la Sociedad Filarmónica de Oviedo acudían a la cita que clausura musicalmente el mes de noviembre con la premisa de disfrutar de un recital alejado de los clásicos conjuntos y ensembles camerísticos que habitualmente recalan en la centenaria institución ovetense. En esta ocasión, la cita estaba protagonizada por la Orquesta Oviedo Filarmonía, una de las entidades musicales más carismáticas de la capital del Principado, aún inmersa en el año de su vigésimo quinto aniversario que han hecho merecedora a la formación de la medalla de plata de la ciudad.

Pero el protagonismo de la orquesta estuvo compartido con Julia Cruz, la directora que emergió del pódium y quien, pese a contar apenas tres años más que la OFIL, se destapó como una maestra solvente y con un brillante porvenir.

Estos fueron los grandes alicientes del decimoséptimo concierto del año (el 2.078 en la historia de la Sociedad), a los que se añadía un programa muy atractivo formado por obras de Johannes Brahms y Robert Schumann.

La velada musical, subvencionada por la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo (cuyo presidente, David Álvarez, acudió fiel a la cita) y patrocinada por la Fundación EDP y LA NUEVA ESPAÑA, comenzó mediante la "Obertura Trágica" op. 81 de Brahms. Cruz supo exigir a la orquesta en cada una de las secciones para aportar el carácter dramático de la obra, con una gestualidad intuitiva y una gran complicidad con los músicos.

Toda esa energía se volvió elegancia en las "Variaciones sobre un tema de Haydn", op. 56a, donde la Oviedo Filarmonía lució un sonido redondeado, con una cuerda homogénea y unas maderas a buen nivel.

Tras una pequeña pausa llegaría la segunda mitad, conformada por la "Sinfonía número 2 en Do mayor", op. 61, de Schumann. En los cuatro movimientos la OFIL se mostró bien balanceada bajo la batuta de Cruz, siempre enérgica y concentrada, logrando momentos de cierto efectismo, como en el trepidante final del "Scherzo" o en el "Allegro molto vivace" final que los asistentes, mucho más numerosos de lo habitual, agradecieron con aplausos tras hora y media de velada musical.

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