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Gabino de Lorenzo repasa (con estas fotos) sus 20 años como Alcalde: "Había que 'ximielgar' Oviedo"

El regidor rememora la huella de sus dos décadas de mandato y elogia a Canteli: "Con lo que está haciendo en Oviedo, aprueba las asignaturas pendientes que dejé"

De Michael Jackson a Fidel Castro: Gabino de Lorenzo repasa sus 20 años como Alcalde con estas fotos históricas

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GABINO DE LORENZO

Gabino de Lorenzo Ferrera (Oviedo, 81 años), alcalde de su ciudad entre 1991 y 2011, se ha dado el gusto de llevar a un libro de fotos esas dos décadas al mando de la capital asturiana. "Oviedo, del blanco y negro al color" es el título de la obra, eminentemente gráfica y con abrumadora mayoría de imágenes publicadas en estas páginas. A continuación, se reproducen algunas de ellas y el texto con el que De Lorenzo presenta la obra.

Había que "ximielgar" Oviedo. Eso era lo que pensaba cuando decidí presentarme a las elecciones municipales en 1987 y eso fue lo que intenté hacer desde el primer minuto cuando fui nombrado alcalde en junio de 1991. En aquellos años, como Vetusta, Oviedo dormía la siesta, languidecía y envejecía casi renunciando al progreso, pero yo estaba convencido de que, tras esa apatía oficial, había una ciudad con ganas de cambiar, de espabilar y de mejorar. Y creo que ha quedado suficientemente demostrado que tenía razón, porque en pocos años esta gran ciudad pasó del blanco y negro al color.

En estas páginas queda reflejado muy esquemáticamente todo lo que hice en mis años como alcalde y, sinceramente, creo que es un buen balance, en el que las luces superan con creces a las sombras. El progreso de una ciudad se mide por el nivel de calidad de vida que disfrutan sus habitantes y este depende de los servicios, de las infraestructuras y de los equipamientos de los que disponen. Y en ese sentido, hay un dato objetivo innegable: el Oviedo que dejé está a años luz del que encontré en 1991. Peatonalizaciones, piscinas, polideportivos, centros sociales, Auditorio, nuevas urbanizaciones, servicios de calidad como el de limpieza, polígonos industriales... casi ya no soy capaz de recordar todo lo que inauguré y que lleva tantos años al servicio de los ovetenses, mejorando sus condiciones de vida.

Había que "ximielgar" Oviedo

2004. Baliando un chotis para presentar la zarzuela. / LNE

Había que "ximielgar" Oviedo

1994. En su despacho de Alcaldía. / LNE

Había viajado mucho y tenía en la cabeza todo lo que me había gustado de otras ciudades y estaba convencido de que muchas de esas cosas serían positivas para Ovie-do. Por eso aposté por recuperar el casco antiguo y por afrontar un gran plan de peatonalizaciones que generara ciudad para los ovetenses. No fue fácil, especialmente al principio, porque las personas, por lo general, nos resistimos a los cambios. Todavía recuerdo el disgusto que le provoqué a mi amigo Federico cuando peatonalizamos la calle de La Mallorquina. Estaba visitando las obras y me asaltó indignado, asegurando que estaba acabando con su negocio. Yo le dije: "Esto ya está casi terminado y por ahora ya no tiene remedio. Pero no te preocupes, dentro de un año doy marcha atrás y vuelvo a dejar que aparquen los coches por aquí". Al año regresé para decirle que iba a cumplir mi palabra, pero entonces el bueno de Federico, que ya era un absoluto convencido de la bondad de las peatonalizaciones, lo zanjó radical: "Ni se te ocurra cambiar una baldosa"

Había que "ximielgar" Oviedo

2005. Con Woody Allen, en la estatua del actor. / LNE

Había que "ximielgar" Oviedo

1999. En el salón de Plenos, con la modelo Laura Ponte. / LNE

La misma tendencia a oponerse a las novedades se dio en casi todos los proyectos que iniciamos hasta que los ovetenses tomaron conciencia de que lo que se estaba haciendo, les gustase mucho o poco, era bueno para la ciudad porque mejoraba sustancialmente sus condiciones de vida. Y creo que una de las razones por las que cambió el sentir de Oviedo es que sus habitantes comenzaron a estar orgullosos de la capital que estábamos construyendo entre todos y empezaron a sentirse protagonistas de ese proceso.

He disfrutado mucho todos los años que he tenido la oportunidad de cumplir mi sueño de ser Alcalde de Oviedo. Y también he sufrido lo mío, porque ese es el tributo a pagar por todos los que toman decisiones. Y soy muy consciente de que no siempre acerté, pero en mi descargo tengo que decir que, en todo momento, actué pensando que era lo mejor para Oviedo.

Había que "ximielgar" Oviedo

2001. Con Eduardo Úrculo, en la inauguración del «Culis Monumentalibus». / LNE

Había que "ximielgar" Oviedo

1996. En el Ayuntamiento, con un joven Fernando Alonso. / LNE

Es fácil analizar las cosas con la distancia que da el tiempo, pero aquellos años no eran los que ahora vivimos y tampoco el contexto político, administrativo, ni social actual se parece al de entonces. Los tiempos han cambiado y lo que en 1991 ó 1999 era fácil emprender hoy costaría años ponerlo en marcha. Tal y como está diseñado el sistema administrativo y político actual, se necesitan más abogados que políticos.

Afortunadamente, me tocaron otros tiempos, porque no quiero ni pensar cuántos años serían necesarios hoy para construir todo lo que hicimos desde 1991 a 2011.

Había que "ximielgar" Oviedo

1995. En el viejo Carlos Tartiere, con Julio Iglesias. / LNE

Había que "ximielgar" Oviedo

2000. En La Habana, con Fidel Castro. / LNE

Había que "ximielgar" Oviedo

1996. En la inauguración de «La Maternidad». / LNE

Valoro mucho, y felicito por ello a Alfredo Canteli, lo que se está haciendo ahora en Oviedo, con proyectos que, sin duda, van a mejorar sustancialmente nuestra ciudad. Se podría decir que se están aprobando las asignaturas pendientes que dejé: la nueva gran avenida en que se ha convertido la entrada de la autopista, la recuperación de la plaza de toros, que espero pueda ser una realidad pronto... Y lo más importante para mí: que se siga generando una capital en color, no en blanco y negro.

Este libro no pretende hacer un balance de mi gestión como alcalde, no está orientado a buscar ningún protagonismo y ni siquiera intenta explicar nada que no se explique por sí sólo con cada obra realizada o cada adoquín colocado. Simplemente, es una disculpa para que este viejo alcalde, en su retiro, pueda contarles a sus nietos lo que hizo y, al tiempo, él pueda recordar lo que vivió durante su sueño cumplido de "ximielgar" a la mejor ciudad del mundo. Y es que, como escribió mi admirado Gabriel García Márquez, "La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla".

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