Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

La OSPA dice adiós a la temporada con un concierto extraordinario en Oviedo

Notable recital de la orquesta asturiana conmemorando el reconocimiento de la sidra como Patrimonio de la Humanidad

El concierto ofrecido ayer por la OSPA en el Auditorio.  | FERNANDO RODRÍGUEZ

El concierto ofrecido ayer por la OSPA en el Auditorio. | FERNANDO RODRÍGUEZ

Jonathan Mallada Álvarez

Jonathan Mallada Álvarez

Oviedo

La Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) despidió anoche el curso mediante un concierto de carácter extraordinario que congregó en el Auditorio a un buen número de personas. El programa diseñado para esta velada musical incluía, tal y como explicó Rubén Díez -encargado ayer de la dirección- algunos de los últimos movimientos sinfónicos más célebres de la historia de la música.

El concierto se inició mediante "el cuarto" de la "Sinfonía número 41 en do mayor" de Wolfgang Amadeus Mozart. La orquesta exhibió una buena sonoridad y un gran equilibrio antes de ejecutar el último movimiento de la "Sinfonía número 5 en do menor" de Ludwig van Beethoven, donde la OSPA –con una plantilla ya más nutrida–, supo plasmar el dramatismo que subyace en la obra del genio de Bonn.

El siguiente cuarto movimiento fue el de la "Patética" –sinfonía número 6 en si menor– de Chaikovski, un número que, según comentó Díez, contiene un marcado carácter autobiográfico acerca de la muerte del compositor ruso.

El "Allegro con fuoco" de la "Sinfonía número 9 en mi menor" de Dvorák (obra más conocida por su sobretítulo "Del nuevo mundo") destapó unos metales acertados y bien timbrados que se sumaron a una cuerda bastante homogénea y a unas maderas siempre fiables.

Para cerrar la velada, el último movimiento de la "Sinfonía número 45 en fa sostenido menor" de Haydn, o lo que es lo mismo, la "Sinfonía de los adioses". La OSPA, junto a un Díez muy sólido a los mandos de la formación, puso la nota cómica cuando sus componentes fueron, progresivamente, abandonando el escenario hasta quedar únicamente dos músicos sobre las tablas.

Tras hora y cuarto de concierto, ante el aplauso de los asistentes, se interpretaron las "Escenas asturianas" de Benito Lauret, una obra que rebosa temas asturianos y cuyo himno puso en pie a parte de la asistencia y donde algunos profesores se atrevieron incluso a escanciar sidra como homenaje al reconocimiento de la UNESCO que ha incluido esta bebida en el Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents