El último arriado de bandera en el cuartel de Pelayo

El último arriado de bandera en el cuartel de Pelayo
El 28 de noviembre de 1985 se firmó en el Ayuntamiento de Oviedo, como resultado de unas intensas negociaciones iniciadas años atrás, un primer convenio entre el Ministerio de Defensa y la corporación municipal, mediante el cual esta adquiría varios inmuebles y terrenos de titularidad ministerial adscritos al ejército de tierra. En presencia del ministro Narcís Serra, rubricaron el acuerdo el director gerente de la Gerencia de Infraestructuras de la Defensa y, por parte municipal, el entonces alcalde Antonio Masip.
Dos años más tarde, el 14 de octubre de 1987, se firmó la escritura que convertía al municipio en propietario formal de los terrenos, previa compensación económica al Ministerio de Defensa por un importe de 500 millones de pesetas, fraccionado en cuatro anualidades. Ya en 1991, el Ayuntamiento procedía a subastar diversas parcelas colindantes al antiguo cuartel de Pelayo con el fin de amortizar dicho gasto. Sin embargo, aunque el Consistorio pasaba a ser legalmente el titular de las instalaciones, no fue hasta junio de 1988 cuando el Ejército de Tierra abandonó el edificio. El acta de cesión fue entregada el 6 de junio por el gobernador militar, coronel José Besteiro, en un acto sencillo celebrado en el entonces Gobierno Militar y con la presencia del alcalde de Oviedo y del rector en funciones, Alberto Marcos Vallaure. Ese mismo día, la empresa adjudicataria de las obras destinadas a transformar el antiguo cuartel en campus universitario accedía al inmueble e iniciaba los trabajos.
Culminaba así una historia que recordaba cómo décadas antes, gracias al Real Decreto del 10 de agosto de 1920, el Ministerio de la Guerra autorizaba la adquisición a la Iglesia del mismo edificio -cuando ejercía las funciones de seminario-. Una entrega que se hizo efectiva el 22 de febrero de 1921, cuando el obispo transfirió el edificio a las fuerzas de la Comandancia de Ingenieros. Poco después, el 14 de mayo de ese mismo año, el telegrama del Rif anunciaba que el Diario Oficial publicaría una circular por la que, "para perpetuar la memoria de Don Pelayo, iniciador de la Reconquista en las montañas de Asturias, se designe con el nombre de Cuartel de Don Pelayo el edificio recientemente adquirido para alojar las tropas en Oviedo".
Campus de El Milán
Muchos años después, en 2022, la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Oviedo conmemoró ese largo recorrido con una serie de actividades organizadas entre el 5 de mayo y el 22 de junio bajo el título El Campus de El Milán: 120 años de formación en cinco filas. El programa incluyó exposiciones, conferencias, visitas guiadas y la publicación de un libro homónimo coordinado por el profesor Juan Carlos Aparicio Vega, que con motivo de los treinta años transcurridos desde que las titulaciones humanísticas de la Universidad se instalaron en el recién concebido campus de El Milán. A dicha obra remitimos para una visión más detallada del proceso.
Conviene señalar, a efectos divulgativos, que dos edificios vinculados al antiguo cuartel son constructivamente posteriores a su existencia. Se trata, por un lado, del pabellón de suboficiales proyectado en 1943, y por otro, de la residencia de oficiales Comandante Vallespín, ubicada en la calle Francisco Rodríguez García y fechada aproximadamente en 1949. Esta última, una vez desafectada, fue puesta en venta y permaneció bajo propiedad del Ministerio de Defensa hasta marzo de 2024.
Casi setenta años después de la llegada del Regimiento Príncipe al Cuartel de Pelayo, en 1985, comenzaron a retirarse algunas de sus compañías con destino al Acuartelamiento Cabo Noval, situado en terrenos del concejo de Siero. Esta operación permitiría, entre otras cosas, el realojo provisional de las fuerzas procedentes de Gijón, ya que el Cuartel de Alfonso XIII –conocido popularmente como El Coto– quedó libre de presencia militar el 8 de febrero de 1985. La despedida de Gijón, antecesora de la del Milán y con numerosos paralelismos, merece ser recordada por su significación histórica.
Despedida solemne
Algunas de las fuerzas que participaron en aquel acto fueron enviadas desde Oviedo. El arriado de la bandera, realizado bajo una lluvia persistente al mediodía frente a la puerta principal del cuartel gijonés, contó con la presencia del entonces gobernador militar, general de división Ponsoda, y se desarrolló con la solemnidad que más adelante caracterizaría también a la ceremonia en Oviedo. El Cuartel de Pelayo recibiría, procedente de la dotación gijonesa, a una parte de la Agrupación Mixta de Encuadramiento número 7: una compañía de Zapadores y otra de Transmisiones del Batallón Mixto de Ingenieros VII.
Mientras tanto, en Oviedo la vida militar se desenvolvía ya con un claro sentido de despedida, hasta que el último arriado de bandera tuvo lugar el 29 de abril de 1987 a las doce y media del mediodía. Durante 66 años, la enseña nacional había ondeado en el mástil del acuartelamiento. El acto fue presidido por el gobernador militar del Principado de Asturias, general de brigada Luis Vegas Asín —último en ocupar ese cargo con dicho rango, ya que sus sucesores serían coroneles—, quien se desplazó hasta la explanada del cuartel. A pesar de las transformaciones sufridas en el entorno, ese espacio sigue siendo hoy fácilmente reconocible, conservando parte de la atmósfera y la luz de entonces. Allí tuvo lugar la ceremonia de arriado, en la que el general Vegas Asín descendió la bandera al compás del himno nacional interpretado por la banda de cornetas y tambores del regimiento. A continuación, junto al general en la reserva Francisco Capanero depositaron la enseña en una cesta de mimbre forrada de terciopelo rojo. LA NUEVA ESPAÑA ilustró aquel momento con dos fotografías de gran valor simbólico, destacando cómo "la bandera española dejó de ondear definitivamente en el cuartel del Milán en Oviedo". Una historia intensa y cargada de memoria colectiva se cerraba así con un acto de apenas diez minutos.
Acto seguido, unos doscientos hombres de la Agrupación Mixta de Encuadramiento número 7 y varias compañías del Regimiento Príncipe número 3 participaron en un desfile militar en el que también estuvieron presentes numerosos jefes, oficiales y suboficiales, así como cinco civiles del batallón de Zapadores de la quinta de 1932. El general Vegas Asín no ocultó la tristeza del momento: no hubo vino español y prefirió reservar las copas para celebraciones futuras, afirmando que a él le correspondía "poner el candado", aunque, más allá de la expresión simbólica, no fue él quien lo cerró físicamente.
El Milán, para la Universidad
Desde esa fecha, las funciones del acuartelamiento pasaron a una Comisión Liquidadora, dirigida por el teniente Rogelio Barroso Blanco y el sargento José Emiliano Salicio Laso. El Regimiento Príncipe número 3 ya se había trasladado al Acuartelamiento Cabo Noval, y en el Cuartel de Pelayo solo permanecían efectivos de la Agrupación Mixta de Encuadramiento número 7, encargados de la custodia del material y de la vigilancia de las instalaciones. La prensa recogía así la noticia: "Esta formalización de la entrega supone que el Ejército abandonará la custodia de las antiguas instalaciones militares del Milán, que todavía mantenía pese a que hace seis meses se firmó la escritura". La Universidad pasaba entonces a ser responsable del edificio, incluyendo su vigilancia.
Fue el hoy teniente en la reserva José Emiliano Salicio Laso quien, junto con dos soldados del Batallón de Zapadores, echó el candado a la puerta principal del cuartel. Recuerda ese momento con claridad y emoción, no solo por haber prestado servicio en esas instalaciones, sino también porque había nacido y vivido allí hasta los ocho años, en uno de los edificios de viviendas militares donde su padre estuvo destinado.
Finaliza este artículo con las palabras pronunciadas entonces por el general Asín, cuya vigencia permanece intacta al destacar el valor de la cultura como motor de progreso para la nación y como forma de defensa de España desde las aulas: "Adiós, cuartel de Pelayo, que tus próximos moradores estén al servicio del Principado y de España. Que contribuyan a que en tus aulas se formen prometedoras promociones de universitarios que se entreguen al servicio de España y de su pueblo".
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