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Los voluntarios del Milán, licenciados en 1964, refrescan anécdotas: intervinieron cuando un león campaba a sus anchas a tres minutos de la calle Uría

El grupo celebra un encuentro anual con una comida en el centro de Oviedo

Los voluntarios antes de la comida.

Los voluntarios antes de la comida. / Mario Canteli / LNE

«El centinela dio la voz de alarma: ¡Mi sargento, un león!» . Cuando Llamaquique era todo praderías y los voluntarios del cuartel del Milán hacían retén de guardia en el Gobierno militar de la plaza de España, el asombro del soldado fue mayúsculo. El rey de la selva campaba a sus anchas a tres minutos de la calle Uría, el centro neurálgico de Oviedo, y había que tomar medidas. « Decenas de rifles Mauser preparados para apuntar y disparar al león», relata Severino González, uno de aquellos voluntarios».

Pero no fue preciso apretar el gatillo. A lo lejos apareció un domador, provisto de una red, y redujo al león, escapado de uno de los circos que periódicamente hacían parada para levantar su carpa en lo que era por entonces el campo de maniobras de Llamaquique. «Mientras apuntábamos ya veíamos que el león era manso porque pasó al lado de un burro que estaba paciendo y ni se inmutó», rememora Severino González del anecdotario clásico de los encuentos anuales que reúne a los voluntarios del cuartel del Milán, que este año cumplen 61 años del licenciamiento, que tuvo lugar en 1964, veinte meses después de una incorporación a filas en el regimiento de Infantería, un ya lejano dos de noviembre de 1962. Era cuando los arrestos acababan «en el calabozo, el lugar más temido por todos, o como mal menor, con un corte de pelo al cero, te quedaba la cabeza como una bombilla», bromea Severino González.

De aquel batallón de voluntarios formaron parte, de jóvenes, gente como el periodista Carlos Menéndez Jeannot, quien se distinguió por su labor de difusión y promoción de la tonada y el folclore asturianos y que falleció en 2014; Alfonso Sánchez Peña, director de la banda de música de Pola de Siero y catedrático del Conservatorio de Oviedo y Fernando Menéndez, ganador de varios campeonatos de España de esquí, entre otros, que han seguido acudiendo a estos encuentros de confraternización, que arrancaron cuatro décadas atrás en una comida en el hotel Principado. Las hubo multitudinarias, como una que se celebró en el restaurante La Campana.

Esta sábado se han vuelto a ver en un restarante de la zona de Gascona «para refrescar batallitas de la mili», pero con una lista bastante más reducida. «Cuando juramos bandera éramos 86. La edad no perdona. Cada año somos menos, varios viven en el Occidente de Asturias y el viaje se hace largo», esgrime Severino González, uno de los integrantes de«toda una tropa» encabezada por el organizador, Fermín Pérez y completada por Simón Albuerne, Sabino García, Manuel Alfredo Lazcano, Fernando Menéndez, Manuel Hernández, Miguel Ángel Gallego, Maximiliano Álvarez, Laureano Vega y Luis Ricardo Avello.

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