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Así será el "Orlando furioso" que se encontrarán los aficionados en el Campoamor: un prodigioso culebrón barroco

La escenografía ideada por Fabio Ceresa para la versión lírica que Vivaldi hizo del poema de Ariosto pondrá la Luna, literalmente, a los pies del público del Campoamor

Elena Fernández-Pello

Elena Fernández-Pello

Oviedo

Hay en el poema de Ariosto y en la versión lírica que Vivaldi hizo de él tantas tramas, tantos escenarios y tantos giros de guion que el "Orlando furioso" –que, en la producción de La Fenice de Venecia y el Festival della Valle d’Itria, se estrenará el próximo 14 de noviembre en el teatro Campoamordaría para varias entregas de una serie o de un culebrón televisivo. Silvia Giordano, la asistente de dirección de escena de Fabio Ceresa, el ideólogo de un montaje que va sobrado de fantasía y brilli brilli, recurre a esa comparación para dar idea de la exuberancia de un libreto habitado por monstruos de leyenda, mujeres guerreras, brujas malévolas, caballeros invencibles y princesas bellísimas que viajan por cielo y tierra visitando islas encantadas y bebiendo filtros de amor.

Así es el Barroco, y la dirección de escena se ha puesto a su altura: pondrá la Luna a los pies del público, literalmente; lo hará desplegar las alas por lo profundo de los mares y le invitará a una navegación entre constelaciones.

Fabio Ceresa anda estos días ocupado con el "Macbeth" que dirige en el teatro de Pisa y con "L’olimpiade" de la Fondazione Pergolesi Spontini, en Jesi. En Oviedo, Silvia Giordano, permanentemente en comunicación con él, supervisa los ensayos de "Orlando furioso", que, con el ensayo antepiano de ayer, se encaminan vertiginosamente hacia el estreno.

Giordano habla de un montaje que busca "maravillar al público", dejarlo alucinado. Invita a estar especialmente atento a algunos episodios: a la transformación en escena de Angelica y Bradamante, personajes encarnados por la soprano vasca Jone Martínez y la mezzo griega Maria Zoi; al ascenso de Orlando a la Luna, con Evelyn Ramírez, la mezzoprano chilena que lo interpreta, encaramándose al satélite recreado sobre las tablas del Campoamor, y al vuelo del hipogrifo, un protagonista más de la ópera.

Mientras el langreano Aarón Zapico se disponía a dirigir el ensayo antepiano, sin orquesta, la asistente de la dirección de escena avisaba ayer de que "Orlando furioso" es una ópera de contrastes, porque el Barroco va de eso, de excesos, de contrastes. En este montaje, que pretende expresar la modernidad de ese estilo, los paisajes lunares se oponen a las panorámicas marítimas, las estrellas a los peces, la palidez de unos escenarios a los dorados de otros. Todo cambia con un simple giro.

Las brujas inmisericordes, como Alcina, interpretada por la mezzo israelí Shakèd Bar, resultan ser corazones enamorados y sufrientes; las delicadas princesas, como Angélica, van sobradas de coraje y no dudan en hacer lo que sea necesario para conseguir su objetivo. En el elenco hay una asturiana, la mezzosoprano gijonesa Serena Pérez, en la que ha recaído el rol de Medoro, el objeto de deseo de Angélica.

Tanta imaginación está puesta en Orlando que sus andanzas siempre dan para más, reconoce Giordano. Termina la función y uno esperaría una nueva temporada de sus extraordinarias aventuras.

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