La historia de Miguel González, un joven salense con parálisis cerebral que nunca se puso límites: le quedan 10 asignaturas para terminar el grado de Pedagogía y ha escrito un poemario
"Cuando terminé bachillerato, en casa me recomendaban hacer una Formación Profesional, pero yo tenía claro que quería ir a la universidad", asegura el estudiante, cuyo objetivo es "ayudar a los demás" y dar "una visión positiva de la discapacidad"

Miguel González con su primer poemario. / LNE
La parálisis cerebral leve que padece Miguel González nunca fue una limitación para sus aspiraciones. Este joven natural de Loris, un pequeño pueblo de Salas, siempre tuvo claro que quería ir a la universidad. A día de hoy, le faltan unas pocas asignaturas para completar el Grado en Pedagogía de la Universidad de Oviedo y está muy ilusionado por lanzarse al mundo laboral porque reconoce que su único objetivo es «ayudar a los demás».
Los primeros años de su etapa educativa los cursó en un colegio de educación especial, donde aprendió a desenvolverse con autonomía y a valorar la importancia del apoyo mutuo. Sin embargo, cuando llegó a primero de Primaria, sus profesores y su familia coincidieron en que estaba preparado para integrarse plenamente en un entorno de educación ordinaria. Durante las diferentes etapas formativas que completó hasta llegar a la universidad, mantuvo unas calificaciones muy destacadas y siempre fue un alumno ejemplar. «Cuando terminé bachillerato, en casa me recomendaban hacer una de las especialidades de Formación Profesional, pero yo tenía claro que quería ir a la universidad», apuntó González.
Al principio, la Pedagogía no era ni su primera ni su segunda opción. Miguel dudaba entre Trabajo Social y Psicología, dos carreras que, según cuenta, siempre le habían atraído por su conexión con las personas y con la ayuda a los demás. Sin embargo, cuando todo parecía indicar que se decantaría por la primera, las limitaciones de accesibilidad en las diferentes residencias universitarias de Gijón, donde se imparte el grado, frenaron por completo esa iniciativa. Aquella situación lo obligó a detenerse, a reconsiderar sus planes y a enfrentarse a un momento difícil. La orientadora de su instituto le comentó la alternativa que ahora cursa en Oviedo y acabaron dando con la tecla de lleno.
Recuerda su primer año en Oviedo con mucho cariño. Reconoce que hubo «muchos cambios», pero cree que le vino muy bien ampliar su círculo de amistades tan drásticamente. «Me gustaba mucho la idea de venir a vivir a la ciudad. Siempre me consideré muy urbanita, para la gente que tenemos que utilizar silla de ruedas, el pueblo es un aspecto limitante», confesó González. Además, destaca positivamente las posibilidades que le brinda vivir en la capital del Principado para disfrutar del ocio cultural que le apasiona.
Un poemario
En septiembre, la editorial «Talón de Aquiles» apostó por su talento poético y publicó su poemario «Errores y Aciertos», un proyecto que llevaba gestándose más de tres años. La preventa se agotó en apenas unos días, algo que Miguel aún recuerda con sorpresa y gratitud. El libro está compuesto por cuarenta poemas escritos en distintos momentos de su vida universitaria. «La faceta artística es un hobbie, no sé cómo forzarla y tampoco se puede vivir de esto, salvo que seas muy conocido entre el público», dijo González.
Sus seguidores le llenan la caja de comentarios de mensajes positivos y felicitaciones por el trabajo que realiza. Muchos destacan su constancia, su talento y la forma tan natural en la que transmite optimismo y superación. Para Miguel, esa interacción es una fuente de motivación constante: le gusta leer los comentarios, responder a los mensajes y agradecer cada muestra de apoyo. «Me emociona ver cómo la gente se interesa por lo que hago y me anima a seguir», comentó con humildad.
Tiene muchos proyectos de cara al futuro. Le hace especial ilusión pensar en poder publicar artículos científicos y ensayos pedagógicos. Mientras tanto, compagina la recta final de sus estudios universitarios con el voluntariado que presta en la ONG «Maspaz». «Mi familia me dice que siempre acabo sorprendiéndoles. Estoy muy contento por cómo va todo y quiero dar siempre una visión positiva de la discapacidad», concluyó González.
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