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La historia de Sagrario, la asturiana de cien años que sigue siendo médica colegiada: "Ha sido una referencia como anestesista"

La doctora disfrutó del día en el que sopló las cien velas con la familia y sus compañeros de residencia en el centro de Oviedo

Luis Antuña, Sagrario Pérez Ramírez y Elisa Seijo.

Luis Antuña, Sagrario Pérez Ramírez y Elisa Seijo. / LNE

La anestesista Sagrario Pérez Ramírez es la inscrita de más edad entre los doctores del Ilustre Colegio de Médicos de Asturias. Cien años cumplió el pasado 3 de noviembre y las celebraciones fueron sumamente emocionantes. Vive en la residencia Aramo Auditorio, en la calle Pérez de la Sala, donde recibió la visita del presidente del Colegio de Médicos de Asturias, Luis Antuña, y de su vicepresidenta primera, Elisa Seijo, con quienes celebró su aniversario. También se rodeó de varios de sus sobrinos y del personal de las instalaciones para soplar las velas. «Fue un momento muy emotivo», resumió Antuña, «le entregamos un ramo de flores en nombre de todos los médicos y leyó la tarjeta que le escribieron sin gafas».

La doctora Pérez conserva una vista de águila. También disfrutó como una niña de una jornada en la que no faltó la consabida tarta. No todos los días se celebra un siglo de vida y compartió la pequeña fiesta con sus compañeros de residencia y familia. Tiene diez sobrinos. «Estuvo muy feliz y animada; le hizo mucha ilusión», explicó el presidente colegial, que se fotografió con la cumpleañera. Guardaron para la eternidad un día que tanto la veteranísima doctora como el resto de asistentes no olvidarán.

El encuentro sirvió para echar la vista atrás. Sagrario Pérez nació en Madrid en 1925. Era la mediana de tres hermanos y la figura de su padre marcó profundamente su vida. Desde la capital de España, se trasladaron a vivir a Colloto durante la guerra civil. Más tarde, regresaron a Madrid, donde ella cursó Medicina.

Los avatares de la vida regresaron a la familia a Asturias. Pérez ya tenía en su mano su título: era doctora. Había acabado con excelencia los estudios y empezó a ejercer como médico de guardia en la sede de la Cruz Roja, en las instalaciones de Oviedo. Allí conoció al anestesista Paco Combarro y fue su inspiración. Se convirtió en su gran mentor. De él aprendió una especialidad que la apasionó.

Volvió a coger los libros y el 25 de mayo de 1965 se presentó a la oposición convocada por el ministerio de Trabajo para cubrir las plazas de médicos de anestesia y reanimación. Fueron varios ejercicios. Los superó con éxito. Otro más de su vida. El Boletín Oficial del Estado del 4 de marzo de 1967, en su página 54, anunció su nombramiento. Con la nueva especialidad, siguió trabajando en la Cruz Roja como médico de guardia y anestesista. Era muy querida y admirada por sus compañeros de trabajo y pacientes, a los que trataba con sumo cariño.

En las pocas horas libres que le dejaba su trabajo, siguió estudiando. En 1973 aprobó la oposición de anestesista en Bilbao, ciudad donde residió dos años. Pasado este tiempo volvió a la capital asturiana, aunque no al edificio de la Cruz Roja. Pasó al Cristo, a las recién inauguradas instalaciones de Maternidad. «Su generación fue pionera en la anestesia intravenosa y fue una referencia porque, de aquella, había muy pocas mujeres», explicó Antuña.

Su arduo trabajo le hizo merecedora del puesto de jefa de sección, cargo que desempeñó hasta su jubilación, cuando cumplió 70 años. Sin embargo, su vida profesional no fue un camino de rosas. La mayoría de los profesionales eran hombres y ella siempre mostró un profundo agradecimiento hacia todos los cirujanos que le brindaron su confianza y la oportunidad de trabajar junto a ellos. El legado que deja es imborrable. Sus lecciones siguen presentes en el día a día del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) a pesar de que hace tres décadas que se retiró de la Medicina.

Si la sanidad era su pasión, fuera del recinto sanitario tenía muchas aficiones. Es una apasionada del cine, del teatro, de la ópera y le encanta viajar. Siempre le gustó estar rodeada de su familia

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