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Bernardo Díaz Nosty, catedrático emérito de Periodismo y escritor: "Las corresponsales extranjeras en España documentaron los crímenes de guerra"

El profesor ha identificado y biografiado a 200 colaboradoras de prensa de ambos bandos que estuvieron entre 1936 y 1939, cuyas crónicas dan una visión diferente a la de sus colegas, más feminista, pacifista y centrada en el dolor que en los militares y las armas

Bernardo Díaz Nosty en Madrid el pasado fin de semana.

Bernardo Díaz Nosty en Madrid el pasado fin de semana. / LNE

Javier Cuervo

Javier Cuervo

Bernardo Díaz Nosty (Valladolid, 1946) es doctor en Ciencias Políticas y catedrático emérito de Periodismo de la Universidad de Málaga. Tiene dos hijos.

Soy asturiano. Mi padre nació en Oviedo y su familia procedía de Cabañaquinta y mi madre es de La Felguera. Nací en Valladolid porque mi padre era el notario de un pueblo de la provincia, pero mis vacaciones y mi familia estaban aquí y tengo sentimiento de pertenencia. Mis dos novelas "La monja encuadernadora" y "Sin Dios" tienen Asturias de decorado.

El que fue director de las revistas "Criba" y "Contrastes", ha dedicado muchos estudios al periodismo y los periodistas. Entre ellos "Libro negro del periodismo en España", "Diez años que cambiaron los medios, 2007-2017" o "Periodismo muerto". El último es "Lo contaron al mundo. Periodistas extranjeras en la Guerra civil", un tomo con un lomo de más de 900 páginas, ilustrado, que documenta la presencia de 200 mujeres que narraron su experiencia en España entre 1936 y 1939, en ambos bandos. Del libro ha salido una exposición en París, de la UNESCO, de la que fue es comisario.

Vinieron muchos embajadores extranjeros porque Miquel Iceta, embajador español de UNESCO, lo notificó a sus colegas de los países de origen de las periodistas. Ahora está desmontada, pero la idea es intentar moverla por España. Hay interés en Canarias, Valladolid, Barcelona, Madrid…

¿Cuándo empezó este trabajo?

En pleno Covid. Fue un "entretenimiento intelectual", encerrado en mi casa de Málaga con su pequeño jardín. Monté un dispositivo informático con tres pantallas que me permitía comunicarme con hemerotecas digitales y hacer pedidos de libros. Me manejé muy bien y convertí el encierro en un tiempo de investigación intensiva.

No lo ha parado. Saca la tercera edición…

Bastante diferente de las anteriores, incluso en el título. Se ha añadido ese "Lo contaron al mundo", se han suprimido apéndices… El siguiente libro en el que estoy trabajando es la Guerra Civil, contada como relato coral por estas 200 mujeres a través de unas 20 estampas. Lo tengo bastante avanzado.

¿Qué aportan?

Ellas dan una dimensión de la guerra distinta. No hablan de los tanques, aviones, generales y políticos sino del sufrimiento humano, generalmente, de las víctimas que no están en las frentes sino en la retaguardia o que mueren de soledad, de enfermedad, de hambre, de desesperación, de tristeza. La mayoría participa de este tacto con la piel social, con la gente que sufre.

¿Cuánto de eso es una perspectiva femenina y cuánto es lo que se esperaba que escribieran ellas?

Cuando empecé pensaba que encontraría unas veinte corresponsales y no contemplaba esa vertiente de género. Al meterme en veintitantas hemerotecas digitales, acotando de 1936 a 1939 con distintos idiomas, pasé de las veinte iniciales y encontré 40, 50, 60, 80, 100… A partir de ahí me pregunté si estarían contando lo mismo que los hombres e hice catas en sus textos con programas de traducción de Inteligencia Artificial y vi que esas piezas no participaban de los grandes relatos de Ernest Hemingway o de John Dos Passos.

¿Qué guerra contaban estos corresponsales estadounidenses?

Su relación con otros hombres, con generales, con milicianos… Ellas -salvo pocas del lado franquista- participaban de ver cómo estaban los niños y las niñas, las mujeres, los ancianos, documentando una visión de crímenes de guerra antes de que los normalizara la Segunda Guerra Mundial.

¿Por ejemplo?

La enorme huida desde Málaga hacia Almería, donde mueren 4.000 personas. Luego el bombardeo de Guernica, los bombardeos sobre Madrid y Barcelona. Son los primeros que se hacen sobre la población civil, sobre las mujeres que están en la cola del pan con sus niños.

No es solo Guernica.

Hay bombardeos en Valencia, en Granollers, Getafe, Jaén, Almería , Bilbao y los van a narrar las mujeres. También los éxodos de los que huyen de bombardeos o de fuerzas que avanzan los van a contar fundamentalmente las mujeres.

Otra dimensión de la guerra.

Emotiva, más humanitaria, mucho más pacifista. Una francesa dice que "la guerra es una extensión de la locura de los hombres". Se fomenta una curiosa dimensión, por un lado, feminista y por otro, pacifista que está sobre todo en las corresponsales de ideología progresista.

¿Cómo eran esas mujeres?

La mayoría jóvenes y universitarias que venían de Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia. En España empezaba a haber universitarias pero no estaban tan preparadas.

Muchas era sufragistas o hijas de sufragistas, había comunistas y también algunas aristócratas.

No todas son periodistas, sí colaboradoras de prensa. He incluido memorialistas, fotoperiodistas y escritoras. Son enviadas por los periódicos.

Doscientas mujeres en esta guerra.

Sé que hay más que no encuentro ni documento. He conseguido, además, sus retratos. Tenía que ponerle cara a aquellos textos y son rostros que dicen mucho, la mayoría de la época en la que estuvieron en España. Pasé días y días hasta que conseguía cada foto. He picado mucha piedra. Estas mujeres trabajan en una época de auge de la radio y transmitían a través de la onda corta casi todas en sus lenguas. Las suecas para Suecia. A Lilian Hellman, que estaba con Hemingway y se va a transmitir le coincide la transmisión con un bombardeo y cuenta qué es lo que están escuchando. “The New York Times” publica que las emisoras se oían con mucha claridad, como si fueran locales.¿Queda algo grabado?

Casi nada, una sueca, muy poco.

¿Cuándo empezó su interés por el periodismo?

Muy temprano. Mis padres eran lectores y yo escribía desde muy pequeño. No era lo que más le podía gustar a mi padre, a quien el periodismo le parecía un oficio de saltimbanquis. Estudié periodismo por vocación contraviniendo los deseos familiares.

Pero acabó en la Universidad.

Estudié periodismo. Estaba en TVE y en la Universidad, dos sitios públicos y cuando llegó la ley de incompatibilidades tuve que elegir.

Eligió la facultad.

Por otras razones que ahora no vienen a cuento, pensé que era un espacio...

Militó en el Partido Socialista Popular (PSP).

Fue mi única militancia. La razón es que entrevisté a Enrique Tierno Galván, su fundador, tuvimos un buen entendimiento que se convirtió en amistad, muchas tardes en su casa, con su mujer Encarnita y con él. Por entonces escribí mi primer libro “La comuna asturiana” que acabé con 25 años

¿Cómo fue ese libro sobre octubre de 1934?

Fue la ampliación de un trabajo escolar y el profesor me dijo que estaba muy bien, que hiciera una tesis doctoral. Desplegué una actividad investigadora, sin criterio como historiador ni soporte científico adecuado, pero con hemerografía y bibliografía el libro no salió mal. Se publicó tres años después de escribirlo y cuando salió vino a mi casa un paisano a traerme unos papeles. "¿Bernardo Díaz Nosty?" Sí, soy yo, dije. "Yo pregunto por su padre". Tenía 25 años y cara de crío.

¿Por qué tardó tanto en publicarse?

En la dirección de cultura popular, del Misterio de Información y Turismo, donde estaba Ricardo de la Cierva, no autorizaban su publicación a la editorial ZYX. Un día de 1974 me llamó Ricardo de La Cierva que se había enterado de que había escrito otro libro, "El affaire de las Autopistas", una denuncia de corrupción del proceso de construcción.

¿Qué le dijo el historiador y futuro ministro de Cultura con Adolfo Suárez?

Que si le dejaba leer el original me autorizaba que se publica "La Comuna Asturiana". Así fue. Me devolvió el original y -no sé si con intención o por descuido- traía informes de ingenieros acerca de algunos detalles del libro que eran erróneos. Tenían razón y evité esos errores que habría desacreditado la obra.

Luego hizo su tesis sobre el SOMA y su fundador Manuel Llaneza.

De mi carrera de Ciencias Políticas, con premio extraordinario y un tribunal de campanillas presidido por el historiador Carlos Seco Serrano, con un rector y varios ilustres catedráticos. Carlos Seco, que estaba en algún comité de la editorial Espasa-Calpe, me dijo que lo iban a publicar y me enviaron un contrato que firmé, pero la editorial se vendió al Banco Bilbao Vizcaya y aquellas previsiones de edición se suspendieron.

¿Y quedó ahí?

Hace unos 8 años llegué a un principio de acuerdo con las universidades de Málaga y Oviedo para editarla conjuntamente pero empezaron que si necesitaba pasar por un comité de revisión en Oviedo y otro en Málaga. Me pareció absurdo y, por rechazo, dije que no. Hice alguna gestión con una editorial asturiana y tampoco funcionó. La editorial Renacimiento se interesó, pero lo tengo abandonado. El texto es espléndido con un recorrido de hemerotecas y archivos muy minucioso y trabajado

¿Cuál es su opinión del periodismo actual?

Soy un consumidor de prensa compulsivo. Ha cambiado mucho. La informática en los ochenta era el alumbramiento de un nuevo tiempo que pensábamos que iba a ser más rico, más espléndido en la difusión de información, más participativo, más conectado con las audiencias, con extensiones tecnológicas novedosas. El periodismo era el creador de opinión, el núcleo de influencia determinante.

Hoy ya no.

Hoy son las redes sociales telecontroladas en términos comerciales por elementos que no participan de lo que es la identidad del periodismo. El periodismo sigue siendo necesario y tenemos que depurar el agua de las fuentes -hay mucha y mucha tóxica- pero acercarse a eso se tacha como intervencionismo o censura. No, el periodismo es distinguir claramente opinión e información, comprobar las fuentes, contrastar. Hemos entrado en una deriva peligrosa.

¿Saldremos de ella?

Los males no son eternos y no creo que la humanidad vaya al precipicio. Habrá un momento de reflexión y recomposición y aparecerá una nueva forma de contar las cosas -no sé si se llamará periodismo- más ajustada a la realidad, más respetuosa con el entorno y entre los elementos dialogantes, las audiencias. Nacerá una cosa distinta a lo que conocemos, más sujeta a valores de cultura democrática y no esta polarización donde casi se guioniza la confrontación: "ponemos a este aquí y a este otro aquí, se pegan y maravilloso". Esto es espectáculo, no es periodismo. Espero que eso tenga un fin y que no sea por autoritarismos sino por refundación de cultura democrática.

Lleva casi 30 años en Málaga.

Vine por un año a montar la facultad y regresar a Madrid. Es una ciudad agradable y rechace invitaciones de nuevos proyectos. Seguí muy vinculado a actividades en Madrid.

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