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«La flauta mágica» más entrañable y familiar en el Campoamor de Oviedo

La adaptación del singspiel mozartiano por la compañía La Federica abarrota el Campoamor en las dos sesiones para el público infantil

La representación de "La flauta mágica", este sábado en Oviedo.

La representación de "La flauta mágica", este sábado en Oviedo.

Jonathan Mallada Álvarez

Jonathan Mallada Álvarez

La Ópera de Oviedo celebró ayer, en dos sesiones (a las 17.30 y a las 19.30 horas) un espectáculo muy especial que abarrotó el teatro Campoamor de niños, padres y algún que otro abuelo. ¿El motivo? La adaptación de «La flauta mágica» mozartiana que la compañía infantil La Federica representó en un escenario donde aún resonaban los ecos del estreno de «Orlando furioso» (A. Vivaldi).

La adaptación de Maite Heres, responsable del proyecto, es interesante y supone una síntesis muy bien hilvanada del original de Wolfgang Amadeus Mozart, actualizándolo y aportándole un aire más desenfadado para captar la atención de los más peques, muy atentos, durante la hora de espectáculo, a cualquier detalle que se desarrollase en escena. Igualmente acertada ha sido la adaptación musical de Adrián Arechavala, con una reducción para quinteto –muy bien interpretada por el Ensemble La Federica– donde se aprecian los compases de la partitura del genio de Salzburgo. El vestuario de Susana de Dios permitió a los precoces artistas realizar todo un repertorio coreográfico –obra de Olimpia Oyonarte–, potenciado por la iluminación de Rafael Echeverz, que conmovió a la sala.

Pero los protagonistas eran, sin duda, los niños: 21 jóvenes cantantes y actores que, con sus voces –con una pequeña y lógica ayuda del sonidista Jorge Cañón–, narraron y cantaron esta «Flauta mágica» tan particular donde Pamina (Julia Viñuela) es una niña empoderada que no necesita ser salvada, Tamino (Álvaro Cid) es un intrépido aventurero que descubrirá su talento musical y Papageno (Adrián Santín) será su inseparable compañero de fatigas hasta dar, al final de la obra, con su Papagena (Olaya Pelegrín).

Los niños, impactados por todo lo que rodeaba a la representación, estallaron en aplausos tras el célebre aria de la Reina de la Noche (Carlota Pelegrín), alabando también las intervenciones de Ángel Eneko García de Con (en el papel de Sarastro) y de Manuel Cañas como Monostatos. Notables las damas de la noche y los papagenitos y genios.

Tras una hora entrañable de risas y una música deliciosa, los jóvenes artistas recibieron un caluroso aplauso del público –muy respetuoso durante toda la velada–, y todo el equipo salió al escenario –incluyendo las asistentes de dirección y regiduría, Deva Jiménez y Alba Delgado– para celebrar el éxito de este proyecto hecho por y para niños que, esperamos, se mantenga durante años y permita acercar la ópera a los más pequeños y renovar el público de los espectáculos líricos. n

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