El coleccionista más generoso del Oviedo que hizo famosos «los chorizos al infierno»
Luis Ángel Gutiérrez regentó más de treinta años un bar de la Argañosa, sede de la única peña dedicada a un entrenador, y fue alcalde de un barrio «con muy buena gente y tranquilo»

Luis Ángel Gutiérrez Llano. / Mario Canteli
Ha estado ligado a la Argañosa casi siete décadas de sus 77 años recién cumplidos. Llegó de su Panes natal a Oviedo de niño, con apenas seis o siete años y tras vivir inicialmente en la zona de Económicos, se estableció en la calle Pío XII con la familia. Durante más de treinta años regentó el bar De Luis, en la misma acera del cine Roxy, que acabó regentando su mujer. De aquel bar fueron célebres «los chorizos al Infierno» pero, sobre todo, una exposición permanente de fotos del Real Oviedo. «Se la doné al Oviedo», comenta el antiguo hostelero, que dedicó la peña azul de su bar a un entrenador, José Luis Romero. La implicación de Luis Ángel Gutiérrez Llano fue total, también estuvo al frente de la asociación de vecinos de San Pablo y fue alcalde de barrio durante el mandato de Gabino de Lorenzo: «Fue una época en la que logramos muchos avances, pero me quedaron dos objetivos por cumplir, la biblioteca y el polideportivo».
«Fuimos la única peña dedicada a un entrenador de fútbol y tuvimos la costumbre de entregar una placa a cada míster que venía a Oviedo», relata Luis Ángel Gutiérrez, por cuyo bar pasaron históricos de los banquillos españoles como Luis Aragonés o Vicente Miera. «Aragonés entraba hasta la cocina», coincide con su familia. Una cocina modesta, con apenas cuatro fogones de gas, especializada en setas, «los chorizos al infierno» que quemaban con alcohol en la sartén y los callos. «Venían hasta profesores de las Ursulinas, en el Naranco, a comer a diario porque sabían que era cocina casera», revela su mujer, María José Alonso, nacida en el número 86 de la Argañosa, cuando la chiquillería, ella incluida, iba a la escuela de la Ciruela, que «tenía unas mesas alargadas, con tinteros; me acuerdo como si la estuviese viendo ahora. Yo de aquella tendría cuatro o cinco años». Era también cuando en la parte baja de La Argañosa había la fábrica de helados Hermanos González, «que luego llevaron Alacant, creo que todavía están por la calle Uría» y un tranvía, «que llegaba hasta el centro, hasta la zona de Uría». Cuando Luis Ángel Gutiérrez vivía en la calle Pío XII, «del colegio Nazaret para arriba eran todo praos y así hasta prácticamente la plaza de Toros».
De aquella, los vecinos de pueblos de la falda oeste del Naranco, como El Llano, Villamorsén, Villamar dejaban los burros «aparcados en la Argañosa», en un prao al lado de lo que fue el estanco Casa Merso, otro clásico del barrio. «Sobre todo dejaban los burros allí los jueves, que eran días de mercado en Oviedo. Primero por 25 céntimos, luego por cincuenta céntimos. Un buen jueves había allí hasta setenta burros”, afirma otro de los vecinos más veterano de un barrio que nació en la calle la Argañosa para luego extenderse por Alejandro Casona, cuando todavía estaba separado de Vallobín por la barrera física del tendido ferroviario de Trubia.
«Un barrio tranquilo, con mucha vida, que cambió cuando se hizo el puente de abajo, en Alejandro Casona, porque al principio solo estaba el puente de Ramiro I, donde había dos pequeños quioscos. Allí compraba siempre LA NUEVA ESPAÑA, habría ahorrado más si me hubiera hecho suscriptor, porque era un fijo, pero me gustaba ir a comprar el periódico todos los días», comenta Luis Ángel Gutiérrez. También había, un poco más abajo pero en la misma mano de la acera, «una carnicería de carne de caballo, limpísima, que tenía un olor muy fuerte; la confitería Echevarría y la sidrería Casa Julio, que tenía un merendero para la parte de atrás, que daba a la trinchera del tren, lo que hoy es Marcelino Suárez, y que ahora se ha quedado en un despacho de quinielas», describe el hostelero, que hizo del «Bar De Luis» una enorme fototeca de la historia del Real Oviedo a través de las alineaciones de distintas temporadas. «En el bar tenía la peña José Luis Romero, había mucho ambiente de gente de fútbol, que le gustaba venir a ver las fotos. Tenía la pared empapelada de alineaciones del Real Oviedo y cuando cerré el bar ¿qué iba a hacer con toda aquella colección?. Pensé que mejor en el club que en cualquier otro lado, así que se las doné al Oviedo», justifica el hostelero de una pasión que delata sus preferencias futbolísticas.

El hostelero, en una foto de 1997, con la exposición de fotos que empapelaba el "Bar de Luis" / LNE
Una colección «sin igual» en la que contó con la colaboración de Juan Mesa, ex jugador, ex secretario general y expresidente del Real Oviedo, fallecido el pasado septiembre. «Nos faltaban nombres de jugadores y Mesa fue clave para identificar a todos los futbolistas, hay hasta fotos de equipos anteriores a la fundación del Oviedo. Íbamos por la tarde a las oficinas que el club tenía en la calle Marqués de Santa Cruz y Mesa nos ayudaba a completar los nombres; también nos ayudó mucho Falín, en la cantina que tenía donde El Vasco. Entre los dos conseguimos completar los nombres de todos los jugadores», detallan Luis Ángel Gutiérrez y una de sus hijas. «Nos dio pena deshacernos de esta colección porque algo así no lo tenía ni el Oviedo, pero para estar guardada preferíamos que la tuviera el club», sostiene el hostelero, que guarda un recuerdo muy fresco de la que se montó en su bar de la Argañosa aquella tarde de sábado que el Oviedo se jugaba el ascenso en Mallorca, en 1988. «Aquel equipo que subió daba gusto», defiende para acto seguido rematar la opinión mirando a la actual plantilla, que volvió a Primera en junio pasado: «Este año tienen mucho que mejorar», sentencia. Pero la familia también guarda muy fresca la imagen de Luis en aquel partido del Lluis Sitjar mallorquín. «Estaba escondido, detrás de una pared todo el partido, veía la tele pero no se movía de allí», cuenta una de sus hijas. «Madre mía, cuando acabó la fiesta fue total. Puse una traca en el bar, que tronó en la Argañosa entera. Se armó la de Dios», relata Luis Ángel Gutiérrez.
De su etapa de alcade de barrio, destaca la batalla que dio en la recogida de basuras. «No quería que el barrio oliese mal», recalca. Se pasó por varias etapas. «La gente sacaba las bolsas a la hora que le daba la gana. Entonces le pedí contenedores a Gabino de Lorenzo, para que los vecinos dejasen allí su basura, en vez de delante de cada portal y al día siguiente ya estaban puestos», detalla Luis Ángel Gutiérrez. «Cambió mucho el barrio, llegaron las peatonalizaciones y la verdad es que cambió bastante toda la ciudad», añade.
Una de las rutinas que adquirió en esa etapa era bajar todas las semanas al Registro del Ayuntamiento con peticiones del vecindario. «Además de hablar con los vecinos, revisaba las calles todas las semanas, para comprobar si hacía falta alguna reparación o si había algún conflicto relacionado con la droga. La gente sabía que lo que pedía, se acababa cumpliendo. Solo nos faltó la biblioteca y el polideportivo», reconoce al unísono con su familia.
Ahora vive al otro lado de las vías, en Vallobín, pero le gusta darse una vuelta por la Argañosa y charlar con viejos amigos, como Merso el del estanco. «Siempre fue un barrio tranquilo y con muy buena gente», palabra de Luis.
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