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Lágrimas en Oviedo por Antonio Martínez, el vendedor de la ONCE que se ganó a miles de carbayones: “Era un cielo”

Trabajó en la fotografía hasta que hace dos décadas se quedó ciego por un desprendimiento de retina y en 2012 fue nombrado como el mejor vendedor de cupones de Asturias

Antonio Martínez Serrano tras ser nombrado mejor vendedor de la ONCE de Asturias en 2012.

Antonio Martínez Serrano tras ser nombrado mejor vendedor de la ONCE de Asturias en 2012. / MIKI LOPEZ

Lucas Blanco

Lucas Blanco

Oviedo llora la pérdida de uno de sus rostros más conocidos y queridos del entorno de Foncalada y la plaza de las Palomas. Antonio Martínez Serrano, el mítico vendedor de la ONCE al que numerosos ovetenses buscaban cada día para comprar su cupón, falleció este lunes a los 59 años a causa de una complicación cardiaca derivada de la enfermedad oncológica que le había sido diagnosticada el pasado mes de febrero. Su marcha deja un hueco enorme en su familia, en su barrio y en toda la ciudad, donde era un referente de cercanía, responsabilidad y bondad.

Muy conocido desde su larga etapa en la calle Foncalada, Antonio llevaba siete años vendiendo en la plaza de Las Palomas, cerca de Bermúdez de Castro, a pocos metros de su casa en Teatinos. Allí vivía con su esposa, Covadonga Álvarez, y sus dos hijos, Antonio, de 24 años, y Daniel, de 20. Desde febrero estaba de baja debido a su tratamiento oncológico, una enfermedad que, en palabras de su mujer, “al principio no parecía tan grave”.

Covadonga apenas puede contener las lágrimas al recordar al que fue “el mejor esposo” que podía haber tenido. “Era un cielo, un ángel. Muy bueno. Vivía solamente por mí y por mis hijos”, explica con la voz rota. Lo acompañaba casi siempre, igual que lo hacía cuando él trabajaba en Foncalada, donde durante años formaron parte del paisaje cotidiano del centro de Oviedo. “Aunque yo estaba con él todo el tiempo, no podía vivir sin mí”, recuerda emocionada.

La vida de Antonio no fue fácil. A los 40 años perdió la vista tras sufrir un desprendimiento de retina. “Era poco hablador, pero muy buena persona. Eso se nota”, dice su esposa. Antes de quedarse ciego fue fotógrafo y trabajó casi una década en revelado, muy aficionado a la imagen. Su carácter responsable y discreto, sumado a una simpatía natural, hicieron que la ONCE le ofreciera una plaza de vendedor.

Se convirtió, con los años, en uno de los más queridos de la ciudad. En 2012 fue elegido Mejor Vendedor de la ONCE en Asturias, un reconocimiento otorgado por su “cercanía, perseverancia, generosidad, simpatía y solidaridad”. Ese mismo año repartió un gran premio de 35.000 euros al cupón en Foncalada. No sería el único: a lo largo de su trayectoria distribuyó numerosos premios, entre ellos un Superonce de 50.000 euros y varios boletos del Eurojackpot. Tenía fama de dar suerte. “Tenía muchos clientes fijos. Se lo dieron porque era muy responsable”, explica la viuda.

En Foncalada vivió anécdotas que aún se recuerdan. En una ocasión, una mujer se desmayó al enterarse de que no habían sido los 3 euros que esperaba, sino 70.000, lo que le había tocado. Antonio siempre restó importancia a estas historias, aunque sabía que la gente lo buscaba porque confiaba en él.

Cuando quedó libre la plaza del kiosco de Las Palomas, hace siete años, Antonio la tomó. Allí construyó otra pequeña familia: vecinos, clientes, trabajadores de la zona… todos lo querían. Desde entonces, vendió también en la iglesia de Covadonga y por Bermúdez de Castro, donde era considerado “de la casa”.

“Era muy conocido. Tenía un don”, afirma su mujer. “Vivió por nosotros y para su trabajo. Siempre fue honrado y fiel a sus responsabilidades”.

Antonio Martínez Serrano está siendo velado en la sala 7 del tanatorio de Los Arenales, en Oviedo. El funeral se celebra este martes a las 16.30 horas en la parroquia de Nuestra Señora de Covadonga, en Teatinos.

Oviedo se despide así de uno de sus vecinos más queridos, un hombre que, sin ver, iluminó la vida de todos los que se cruzaron con él. Su memoria, como su voz tranquila y su sonrisa permanente, quedará para siempre en las calles donde repartió suerte y cariño durante casi dos décadas.

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