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Las Campas fue colegio de la generación X mucho antes de planearse como uno de los barrios jóvenes de Oviedo

El centro educativo abrió en 1977 y los primeros edificios residenciales llegaron con el siglo XXI a una zona que hoy cuenta con 2.725 vecinos

A la izquierda, panorámica de la urbanización de Las Campas, coronada por El Cantu de la loma de Pando. A la derecha, la calle Somiedo.

A la izquierda, panorámica de la urbanización de Las Campas, coronada por El Cantu de la loma de Pando. A la derecha, la calle Somiedo. / LNE

Las Campas

Las Campas nació antes como colegio para la generación X que como barrio. Un enclave de prados y lomas, alejado en el oeste ovetense, fue elegido por las autoridades educativas del tardo franquismo para levantar un colegio público que atendiera al alumnado las zonas rurales del Naranco más próximas a barrios populosos como La Argañosa, Vallobín, Fuente de la Plata o Las Mazas. Apenas unos cursos antes, la EGB había irrumpido como modelo educativo. El colegio inició su andadura en el curso 1977-78, casi un cuarto de siglo antes de la entrega de las llaves de los primeros edificios de un barrio de 18 hectáreas que vio la luz con un plan municipal de vivienda en plena burbuja inmobiliaria del año 2000 y que no respetó la toponimia local, a juicio de los vecinos de mayor arraigo. El barrio tiene hoy 2.725 vecinos que forman una comunidad joven: es de las pocas donde los menores de 19 años superan de largo a la población jubilada.

El colegio público lleva el nombre de Juan Rodríguez Muñiz, un maestro del siglo XIX nacido en Moriana (Cancienes, Corvera) que murió pobre de solemnidad pero dio clase a ovetenses tan conocidos como el escritor Ramón Pérez de Ayala, el músico Eduardo Martínez Torner o el militar, exalcalde de Oviedo y exministro José María Fernández Ladreda. El centro educativo está a las puertas de sus bodas de oro, el próximo curso 2026-2027.

Las obras del colegio empezaron en 1975, el año de la muerte de Franco. Había que agrupar a los alumnos de pueblos del oeste de Oviedo como Las Campas, San Lázaro Paniceres, Gallegos, Llampaya, El Llano, Villamorsén e incluso Las Caldas y atender la demanda de barrios donde los colegios públicos ya no daban abasto para responder a la demanda de la generación X. Las autoridades decidieron construir un colegio camino de la loma de Pando, que no estaba cerca de ninguna zona poblada.

Edificios en el entorno de la rotonda de Las Campas. Sobre estas líneas, tres jóvenes cruzan el paso de peatones junto a la glorieta.

Vista del vial que conecta con La Florida desde el parque del paseo de Las Campas. / LNE

¿Por qué en un lugar tan separado de lo que era el Oviedo urbano de mediados de los años setenta? "Sin duda, porque el suelo era mucho más barato", asegura un historiador, que aporta algún detalle más: "La implantación de cursos, desde primero hasta octavo de EGB fue paulatina. Fue un colegio de concentración rural que tenía autobús y comedor". El motivo de que el colegio llevase el nombre del maestro Juan Rodríguez Muñiz encajaba con la costumbre de bautizar a los centros con nombres de profesores, como en Buenavista con el Baudilio Arce; en San Lázaro-Otero con el María Balbín y Pando con el Germán Fernández Ramos.

La loma de Pando, próxima a donde se levantó el colegio, fue una zona de intensa actividad bélica durante la Guerra Civil. "Aquí los críos sabían que en los prados aledaños, que en los años setenta y ochenta servían para lindar al ganado, era común encontrar casquillos de balas y hasta granadas de cuando Oviedo estaba bajo el cerco del bando republicano.

Desde aquel 1977, el colegio tuvo varias intervenciones. El "Plan E" de obras promovido por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero para inyectar inversión pública en plena recesión de 2009-2010 propició la construcción de una gran cubierta en la pista polideportiva, aunque abierta por sus laterales. Luego se acometieron reformas y una ampliación en 2014.

Las Campas descubrió su cara residencial con el cambio de siglo, al abrigo de un plan público de vivienda, que extendía el oeste urbano de Oviedo hacia San Claudio, pero que según el vecino "decano" de la zona, Víctor Manuel Fernández, no tuvo en cuenta la toponimia original. "Esto nunca se llamó Las Campas. Donde están los edificios más próximos al colegio se llama Collanes y más allá, donde está ahora el supermercado, La Zurraquera", afirma quien vio construir el colegio original en su niñez, en los años setenta. "Aquí solo había cuatro casas", asegura.

En la primavera de 1998, el Principado puso la primera piedra para la promoción de doscientas viviendas de protección oficial, mediante una inversión de 1.900 millones de pesetas (11,5 millones de euros). La iniciativa tenía como objetivo intervenir en el precio de la vivienda en plena pulsión alcista del mercado inmobiliario. El sector privado participó con la venta de pisos a precio tasado. Bloques de hasta siete alturas rodeados de zonas verdes y arboladas que parecían quitar la razón al significado que la palabra campa da a terrenos desprovistos de árboles y destinados al cultivo. La promoción inmobiliaria de Las Campas apostaba precisamente por la oferta diferencial de vivir en plena naturaleza.

Durante más de una década, el barrio estuvo aislado de su prolongación urbana natural desde Vallobín y La Florida, ya que su única conexión con Oviedo era a través de la carretera con San Claudio, si se exceptúa un pequeño camino que conectaba con San Lázaro Paniceres y donde casi no se podían cruzar dos vehículos por lo angosto del paso, cerca de lo que fue la Quinta Méndez y por donde estuvo la casa de Falo Balletas y el monte El Caserín. La unión entre Las Campas y La Florida, mediante un tramo de kilómetro y medio, se materializó en 2012 y supuso el impulso para otra de las grandes reivindicaciones de la zona, contar con un supermercado, que abrió en 2014. Hasta entonces apenas había un par de tiendas para atender a más de dos mil vecinos.

El censo del Ayuntamiento de Oviedo acaba de actualizar la población de Las Campas en 2.725 vecinos, el doble que veinte años atrás. Su pirámide demográfica aporta datos concluyentes y pistas significativas. La población joven, por debajo de los veinte años, supone casi el 20 por ciento del barrio, un total de 542 habitantes. Es decir, uno de cada cinco vecinos se encuentra en la horquilla de grupos de edad comprendida entre los 19 años y los recién nacidos. En el lado opuesto, los mayores de 65 años son 345 vecinos, poco más del doce por ciento, uno de cada ocho. El grupo más numeroso es el que tiene entre 50 y 54 años, con 347 personas. Gran parte son las parejas que llegaron hace más de dos décadas cuando el barrio daba sus primeros pasos.

El peso de la comunidad extranjera es más reducido que en otros barrios ovetenses, un diez por ciento, gracias a 263 personas de tan solo 26 nacionalidades distintas. La mayor comunidad es la venezolana, con 68 vecinos, seguida de la colombiana, con 56 y ya mucho menor, la brasileña, con 18 residentes.

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