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Carlos Iglesias: "Mientras haya cuerpos en las cunetas, la herida seguirá abierta"

El actor y director mantendrá mañana en los cines Embajadores Foncalada de Oviedo un encuentro con el público sobre su película "La bala" (20.00 horas)

Carlos Iglesias.

Carlos Iglesias. / JUAN GONA

Tino Pertierra

Tino Pertierra

Oviedo

"No curamos nuestras heridas porque no nos atrevemos a revisar nuestra historia". ¿Esa frase de Silvia Marsó es una de las claves de la película?

Obviamente, expresa en gran medida mi pensamiento. Yo creo que las banderas nos han separado más de lo que nos han unido. Como dice ella en la película, son "trozos de trapo" que a menudo nos han traído más problemas que otra cosa. Sin embargo, seguimos atados a ellas: vayas donde vayas, cada uno defiende "mi bandera, mi valle, mi río… mi, mi, mi". En lugar de compartir criterios, ilusiones o proyectos, nos quedamos anclados en ese egoísmo identitario, en esa cosita mínima.

¿"La bala" ayudará a los jóvenes a comprender mejor el pasado?

Estoy convencido de que sí. De hecho, ya ha ocurrido. Una periodista me contaba que rara vez coincidía con su hijo de 16 años viendo algo juntos –ya sabemos cómo es esa edad–. Pero tenía puesto el enlace de "La bala" para preparar la entrevista, y el chaval se acercó, se sentó y se quedó durante toda la película. Ella estaba asombrada. Al terminar, él le dijo: "Yo no sabía nada de esto. Cuéntame". Y entonces pudo explicarle la Guerra Civil, sus causas, aquellos muertos que aún siguen en las cunetas… información real que él ignoraba por completo.

¿Ponerse en la piel de un cura fue un gran desafío?

El mayor desafío es ponerme en la piel de alguien que no piensa ideológicamente como yo. Pero tampoco es tan difícil: vivimos rodeados de amigos a los que queremos y que, sin embargo, no comparten nuestras ideas políticas. Desde el guion hice un esfuerzo consciente por colocarme en el lugar del otro. Como guionista y como actor, estoy obligado a defender a mis personajes. Y, por otro lado, un cura es como cualquier ser humano; la diferencia es que a veces lleva alzacuello… y solo a veces. La mayoría del tiempo –esto lo supe hablando con varios sacerdotes– van vestidos de calle como tú o como yo.

Aborda la cuestión de las fosas y la memoria histórica.

Estoy convencido de que mientras haya cuerpos en las cunetas, la herida seguirá abierta. Es lógico. A veces amigos míos me preguntan por qué sacar ahora esos temas. Yo les digo: "Si tu madre estuviera en una cuneta, ¿qué harías?". Porque hay que ser muy frío para decir que no desenterrarías a tu madre. Y todos, cuando les planteo el caso, responden que, si supieran que ahí está su padre o su abuelo, intentarían rescatarlo. Pues eso mismo ocurre con los padres y abuelos de los demás.

¿Tenemos pendiente resolver nuestro pasado?

Claramente. Hay jóvenes –espero que un porcentaje pequeño– que piensan que en una dictadura se vivía mejor que en democracia. Eso demuestra que falta mucha información y pedagogía. Hay que hablar del pasado, sacarlo a la luz, explicarlo con profundidad para que entiendan de dónde venimos y por qué somos como somos.

¿Qué espera de la acogida en Asturias?

Asturias ha sufrido mucho y tiene una sensibilidad especial con todo lo relacionado con la memoria histórica. Estoy convencido de que la acogida será tan buena como en otros lugares donde la recepción ha sido maravillosa. Desde "Un franco, 14 pesetas no sentía a la gente tan entusiasmada con mi cine.

La bala, ¿qué simboliza?

La bala es el motor de la trama. Algo tan cruel como una herida producida por un disparo nos desvela la verdad, el trasfondo real de esa familia. Su mera existencia –el hecho de quedar como testigo de lo que ocurrió– es suficiente. Es el grano del que surge después una planta maravillosa: la verdad.

¿Es necesario revisar la historia para sanar?

Totalmente. Si no ventilamos nuestras heridas, nunca se curarán. No se trata de buscar culpables –la mayoría ya han muerto–, sino de dar dignidad a quienes siguen enterrados en cunetas.

En la Guerra Civil hubo mucho "fuego amigo".

Sí, aunque parezca una broma, hubo mucho. Fue una guerra entre hermanos, vecinos, familiares. El que estaba enfrente podía estarlo por convicción o simplemente porque le tocó. Y así se mataron muchos entre sí.

Vuelve a dirigir, pero también se reserva un papel.

Sí, la novedad sigue siendo la dirección. Pero no puedo evitar darme un papel cuando escribo un guion. Salgo de la Escuela de Arte Dramático y necesito actuar: es mi oxígeno. Si no me doy un papel yo, ¿quién me lo va a dar? Eso sí, cuando tengo una secuencia en la que no actúo, es un placer asumir solo la responsabilidad de dirigir.

"La bala "se suma a otras historias que usted ya ha contado sobre episodios poco explorados.

Si las historias estuvieran bien contadas, no tendría sentido repetirlas. Pero hay muchas que nadie ha narrado: la inmigración real de los años 60 en Centroeuropa, los niños de la guerra enviados a la Unión Soviética…Y en este caso, un conflicto familiar muy común en España. El otro día escuchaba que es imposible recorrer 50 kilómetros en ninguna dirección sin encontrarse con una fosa común de la guerra o la posguerra. Las de la guerra fueron malas; las de la posguerra, un crimen enorme. Sacarlas a la luz es nuestro deber.

El desenlace revela una verdad que los personajes desconocían...

Sí, demuestra que a veces podemos estar equivocados si no estuvimos presentes en los hechos, que es fácil que nos hayan engañado. Lo que contamos es una situación se da en muchas familias: creen venir de un sitio del que en realidad no vienen. Y lo importante es qué hacen con esa verdad. Es lo realmente importante.

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