Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Jorge Viejo, saxofonista ovetense: "Con la música en directo la vida se ve de otro color"

"A lo largo de mi proceso formativo en Europa para mí siempre ha sido importante que la gente supiese donde está Asturias, Oviedo y la calidad de música que tenemos aquí", destaca el músico carbayón

Jorge Viejo y su saxofón.

Jorge Viejo y su saxofón. / LNE

Oviedo

Jorge Viejo (Oviedo, 1974), saxofonista y cantante jazz con sólida formación internacional, mantiene una docena de aventuras musicales abiertas aparte de su permanente presencia en Oviedo Filarmonía y la Banda de Música Ciudad de Oviedo. Presenta su proyecto «Sabine Kuhlich & Jorge Viejo Octeto» este domingo a las 19.00 horas en el teatro Campoamor dentro del ciclo Vetusta Jazz.

-Eres un músico de vocación tardía.

-Pues sí, pasé por Económicas y por Psicología sin conseguir rematar ninguna, jugué al fútbol en 3ª división… No empecé a tocar el saxo hasta los 21 años.

-Y ahora presentas un gran proyecto musical en el Teatro Campoamor, nada menos.

-Sí, por fin tengo la oportunidad de presentar mi música en un teatro tan maravilloso, al que tengo tanto cariño. Mucho más el poder hacerlo con una artista de la altura de Sabine Kuhlich, maestra y amiga, revisando estándares de jazz, y combinándolo con alguna de las canciones de mi disco, «Voces a través del océano».

-¿De dónde surge «Voces a través del océano»?

-El título sale de una etiqueta de chocolate que decía «hecho con mano no esclava». La música nace del máster de investigación que hice en Holanda. Así surgió esta idea de hacer un disco sobre las voces esclavas, femeninas fundamentalmente. Como no podía ser de otra manera, nace de los ritmos africanos y su salto hacia América. Recopila voces que fueron muy trascendentes en sus respectivas comunidades, pero que la historia, que la escriben los vencedores, las dejó morir. Estoy hablando de Zumbi y Dandara en Brasil, de Carlota en Cuba, de Phillis Wheatley, la primera afroamericana que pudo publicar en Estados Unidos, que termino su vida muy trágicamente. Y quise incluir «Alfonsina y el mar» porque, para mí, el machismo es una forma de esclavitud.

-El disco no es un CD al uso, tiene una presentación de lujo.

-Así es, viene con un USB que lleva integrados los arreglos del disco, una colección fotográfica, las historias esclavas, videos con momentos en directo… Viene en inglés y en español, con edición del texto en audio… Está lleno de detalles que formaron parte de mi master de investigación, que fue distinguido con la mención especial del jurado, no solo por la calidad musical y de presentación, sino también por el trasfondo humano.

-¿Cómo comienza tu relación con Sabine Kuhlich?

-Sabine vino a Navarra a dar una master class cuando yo estudiaba jazz allí. Enseguida surgió la química porque ambos somos saxofonistas y cantantes. Me invitó a ir a estudiar con ella a Maastrich. Al principio me pareció una locura, pero un año más tarde me planté allí, necesitaba seguir avanzando. Desde entonces tenemos esta relación profesional y de amistad maravillosa.

-Este concierto que marida músicos asturianos con una artista holandesa parece diseñado a medida de la candidatura de Oviedo como capital cultural europea 2031.

-Lo cierto es que, a lo largo de todo mi proceso formativo en Europa, para mí siempre ha sido muy importante que la gente supiese dónde está Asturias, dónde está Oviedo y la calidad musical que tenemos aquí. Que una artista y docente de la altura de Sabine, con más de dos mil conciertos por toda Europa, establezca este lazo de unión con nuestra ciudad me parece fundamental.

-Has montado una formación All-star de músicos asturianos para la ocasión, un octeto de lujo.

-Sí, estoy muy contento, porque cuando tienes una oportunidad de presentar un proyecto en un escenario tan maravilloso, miras hacia atrás y te ves respaldado por músicos de tanta calidad, que además son amigos, se afronta este reto pleno de confianza y sabiendo que va a sonar muy bien.

-¿Cómo ves la situación del jazz en Oviedo? Parece que los dos ciclos que hay se han consolidado, pero no hay ningún club donde actuar.

-Eso es muy triste. Hay músicos de mucha calidad, pero nadie apuesta por ello. Ahí está la Fábrica de Armas, donde la Fundación Princesa de Asturias ha demostrado, año tras año, que se pueden hacer cosas maravillosas. Después de un día largo, un poco de música en directo con una sidra, una caña o lo que sea, la vida se ve de otro color.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents