Centro deportivo Atlas, el tatami donde crecen pequeños y mayores
El gimnasio ovetense acerca disciplinas como el jiu-jitsu y el tai-jitsu a niños y adultos con clases que mejoran la forma física y enseñan disciplina, respeto y seguridad en uno mismo

Tai jitsu Atlas en el campeonato de España. / Cedidas a LNE
En el Centro Deportivo Atlas, en pleno Oviedo, las artes marciales tienen mucho más que ver con la vida diaria que con las películas de acción. En su tatami conviven niños que dan sus primeros pasos en el kickboxing o el tai-jitsu con adultos que se enganchan al jiu-jitsu brasileño (BJJ), todos con un mismo objetivo: aprender a defenderse, ponerse en forma y, sobre todo, ganar seguridad en sí mismos.
El jiu-jitsu brasileño es hoy uno de los deportes de combate con más tirón, tanto en niños como en mayores. Es una disciplina fundamental en las artes marciales mixtas y muy utilizada en cuerpos de seguridad y defensa personal por su efectividad: se basa en luxaciones, estrangulaciones, inmovilizaciones y derribos, buscando someter al rival sin necesidad de golpes. De ahí que se le conozca como el "arte suave".
Su filosofía parte de una idea potente, especialmente atractiva para los más pequeños: una persona más pequeña y aparentemente más débil puede defenderse con éxito frente a alguien más grande si utiliza bien la técnica y la palanca, llevando la lucha al suelo y buscando siempre la posición más segura. Ese mensaje, trasladado al día a día, se convierte en una lección de confianza y de gestión de los conflictos sin violencia gratuita.
En el caso de los niños, las clases de kickboxing, brazilian jiu-jitsu y tai-jitsu en Atlas se plantean como un juego muy serio: se divierten, pero al mismo tiempo trabajan coordinación, equilibrio y propiocepción con técnicas llenas de pequeños detalles. Al repetir movimientos, rodar por el tatami y practicar derribos controlados, mejoran sus habilidades motoras finas y aprenden a conocer su cuerpo, algo que se traduce en más seguridad también fuera del gimnasio.

Taijitsu brasileño en el gimnasio ovetense. | | / CEDIDAS A LNE
Otro de los grandes beneficios es la concentración. En un mundo lleno de pantallas y distracciones, la hora de tatami es un paréntesis: aquí no hay móviles, solo compañeros, profesor y técnica. Para aprender una llave o una inmovilización necesitan estar "aquí y ahora", atentos a lo que hacen sus manos, sus pies y su respiración. Ese entrenamiento de la atención les ayuda luego en el colegio y en cualquier otra actividad.
Las artes marciales que se imparten en Atlas son también una escuela de disciplina y respeto. Los alumnos aprenden a saludar al entrar al tatami, a cuidar de sus compañeros cuando entrenan en pareja, a esperar turno y a escuchar las indicaciones del profesor. Entienden que para mejorar necesitan constancia, paciencia y buena actitud. Poco a poco, ese código de conducta se convierte en parte de su carácter: más respeto hacia los demás… y hacia uno mismo.
En el plano físico, tanto el tai-jitsu como el jiu-jitsu brasileño son deportes muy completos: trabajan fuerza, resistencia, elasticidad y velocidad, y ayudan a combatir el sedentarismo desde edades tempranas. Los niños "gastan" energía de forma positiva, duermen mejor y llegan a casa con la agradable sensación de haberlo dado todo en el entrenamiento. Para los adultos, es una forma diferente de ponerse en forma, mucho más dinámica que una rutina de gimnasio tradicional.
A medida que avanzan, niños y mayores notan otro cambio importante: la confianza. Saber que son capaces de aplicar una técnica real en un entorno seguro, con compañeros que se oponen de verdad pero sin hacerse daño, refuerza su autoestima. Y, en el caso de los más pequeños, les da herramientas para gestionar situaciones complicadas en el patio del colegio, evitando que se conviertan en víctimas de abusones y enseñándoles a salir de un agarre o a controlar a otro niño sin necesidad de pegar.
El ambiente del tatami, además, es un potente motor de socialización. Al entrenar con niños y adultos de distintas edades y niveles, se crean lazos de amistad muy fuertes. Se comparten retos, miedos y logros: desde el primer día en que se atreven a rodar por el suelo hasta la satisfacción de conseguir un cinturón nuevo. Todo ello en un centro ovetense con larga trayectoria, que ha hecho de las artes marciales una pieza clave de su propuesta deportiva para la ciudad. Porque en el Atlas, cada clase de jiu-jitsu o tai-jitsu es mucho más que deporte: es una pequeña lección de vida sobre cómo caer, levantarse y seguir adelante.
Destacar que el kickboxing completa la propuesta de artes marciales de Atlas como la opción más "explosiva" y dinámica. Combinando puños, piernas y desplazamientos constantes, las clases son un entrenamiento de cuerpo entero: mejoran la resistencia cardiovascular, la coordinación y la velocidad de reacción, a la vez que ayudan a soltar tensiones del día a día. Para muchos adultos es una forma distinta de "desconectar" después del trabajo, mientras que los más jóvenes aprenden a golpear con control, a respetar la distancia y a gestionar la fuerza sin perder nunca de vista al compañero
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