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Alexis Díaz-Pimienta hace magia en Oviedo con la poesía rimada improvisada

El repentista cubano deja una lección magistral, teórica y práctica, sobre esta tradición oral en diálogo con María Esteban en los EnCohentros

Díaz-Pimienta, con María Esteban, ayer, en el Paraninfo.   | IRMA COLLÍN

Díaz-Pimienta, con María Esteban, ayer, en el Paraninfo. | IRMA COLLÍN

Chus Neira

Chus Neira

Oviedo

Alexis Díaz-Pimienta fue ayer un presdigitador de la poesía en el Paraninfo del Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo. El repentista cubano, maestro y teórico de esa tradición versificadora cubana de improvisar décimas con la palabra que caiga a la mano, llevó al público por las maravillas de la versificación clásica de Vicente Espinel y Lope de Vega adaptadas al aquí y ahora en diálogo cómplice con María Esteban (la poeta Amanda Sorokin) en el ciclo EnCohentros.

El público puso a prueba a Díaz-Pimienta con las palabras más variopintas, de "veterotestamentario" a "infrasindesmal", y el versificado se las devolvió en forma de estrofas de versos octosilábicos compuestas sobre la marcha con gracia, recursos, maestría y hasta manierismo.

El truco, contó, no está en la rima ni en el pensar en octosílabos, explicó, sino en la sintaxis. El repentista lanza un verso como la piedra al agua en la metáfora de Rodari, que él adapta, y ahí comienza todo, unas "ondas concéntricas" que puede suponer una atracción por la rima, por la semántica, etcétera. "La que comanda todo es la sintaxis; yo abro el discurso con un verso y ahí ya hay una estructura". También aclaró que puede haber repentistas ágrafos, que se bebe de hacer controversia (batallas) con otros recitadores, de lo que se ve y se escucha. No sólo de leer. "Una analfabeto tiene menos palabras pero está más cerca de ellas", citó.

En la recta final, con el público entregado, improvisó sobre poemas de su contertulia, habló de variantes como el ovillejo (los que él compuso a Sabina y los que elaboró ayer) y hasta se atrevió con un pie forzado de 25 términos que hilvanó hasta el final y rebobinó después, recitando el poema inventado a la inversa, para pasmo y ovación final.

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