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Clímax jazzístico en el Campoamor, así fue el recital de Jorge Viejo y Sabine Kühlich

Más de 600 personas acompañan con sus voces a los artistas en un recital que terminó por todo lo alto con el blues agospelado "Moanin"

El concierto de Sabine Kühlich y el Jorge Viejo Octeto, ayer, en el Campoamor.  | IRMA COLLÍN

El concierto de Sabine Kühlich y el Jorge Viejo Octeto, ayer, en el Campoamor. | IRMA COLLÍN

Lucas Blanco

Lucas Blanco

Oviedo

Más de seiscientas personas llenaron ayer el patio de butacas del Campoamor para acompañar a Jorge Viejo, saxofonista y cantante con una sólida trayectoria internacional, en la presentación en su ciudad del proyecto que da sentido a su propio viaje musical: "Voces a través del océano", pieza central del concierto ofrecido junto a la artista alemana Sabine Kühlich dentro del ciclo "Vetusta Jazz".

La velada comenzó con Jorge Viejo entregado en dos de sus composiciones más personales, "África Renace" y "Napi y Tarobá", acompañado por un grupo de músicos que sumaron talento, calidez y una profunda complicidad: Marco Martínez a la guitarra, César Latorre al piano, Rafa Morales al bajo eléctrico y los percusionistas Fausto Salvent e Hilario Rodeiro en las congas, aportando una energía que se extendió por toda la sala. La entrada en escena de Sabine Kühlich, también al saxo y a la voz, cambió la atmósfera del teatro. Logró que el público se sintiera parte del espectáculo desde el primer instante. Sus versiones de "All of Me" (FMaj) y del desgarrador "Strange Fruit" provocaron una ovación que parecía querer agradecer no solo la interpretación, sino la emoción destilada en cada nota. Uno de los momentos más intensos llegó con la interpretación a cuatro voces de "Alfonso y el Mar", gracias a la participación de las cantantes Ross Gala e Isabel Rodríguez.

Más adelante, la poeta Gema Fernández, invitada por Sabine, emocionó al público al sumarse al tema dedicado a Phillis Wheatley, convirtiendo el escenario en un espacio donde poesía, música y memoria se entrelazaron con una profundidad casi palpable. El concierto alcanzó su clímax con "Moanin", un "blues agospelado", que Sabine condujo con alma y generosidad, animando al público a cantar, a dejarse llevar, a formar parte del latido final de la noche.

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