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Delirio barroco de la agrupación francesa "Le Concert d’Astrée" en el Auditorio

La formación", liderada por la directora Emmanuelle Haïm y con las voces de Emőke Baráth y Carlo Vistoli, cosecha un rotundo éxito

Los músicos de «Le Concert d’Astrée», de pie, sobre el escenario de la sala principal del Auditorio «Príncipe Felipe» de Oviedo.  | LUISMA MURIAS

Los músicos de «Le Concert d’Astrée», de pie, sobre el escenario de la sala principal del Auditorio «Príncipe Felipe» de Oviedo. | LUISMA MURIAS

Jonathan Mallada Álvarez

Jonathan Mallada Álvarez

Oviedo

"Le Concert d’Astrée", una de las formaciones de mayor prestigio internacional en la interpretación del repertorio barroco, llegó anoche a Oviedo –dentro de una gira española que, además de la capital del Principado, pasará exclusivamente por Barcelona y Madrid– para ofrecer un programa repleto de atractivo, donde la escuela napolitana cobró un protagonismo especial por medio de algunos de sus máximos representantes, como es el caso de Francesco Durante, Domenico Scarlatti, Leonardo Leo o Giovanni Battista Pergolesi.

La calidad sonora de los dieciséis músicos, unida a las exquisitas voces de la soprano Emőke Baráth y el contratenor Carlo Vistoli, convenció al numeroso público que asistió ayer a la velada musical y que correspondió al esfuerzo y el trabajo de los músicos con generosos aplausos.

Esta última cita del año 2025 del ciclo de Conciertos del Auditorio que organiza la Fundación Municipal de Cultura de Oviedo en colaboración con LA NUEVA ESPAÑA fue un éxito de principio a fin. El "Concierto número 5 en La mayor" de Durante ya dio muestras del nivel interpretativo de la formación dirigida por la francesa Emmanuelle Haïm con sobria efectividad. Sin apenas indicaciones, el conjunto ofreció un equilibrio mayúsculo y una sonoridad atractiva y muy sugerente.

Los "Salve Regina para voz solista, cuerda y continuo" de Scarlatti y Leo (en La mayor y Fa mayor respectivamente) dejaron las primeras intervenciones de Vistoli y Baráth.

El contratenor italiano fue el gran descubrimiento de la noche. Su amplia tesitura, con unos graves corpóreos y unos agudos etéreos bien timbrados, encajó a las mil maravillas con su elegancia canora, ajustando los fraseos al conjunto instrumental con gran precisión. La soprano húngara Emőke Baráth no le fue a la zaga, desplegando un desbordante registro central y unos agudos afilados que generaron una atmósfera intimista y muy expresiva.

La segunda parte fue aún mejor que la primera, con la "Sinfonía fúnebre en Fa menor" de Pietro Antonio Locatelli bien contrastada por Le Concert d’Astrée.

El plato fuerte de la velada era el "Stabat Mater" de Pergolesi, cuya docena de números fueron un equilibrio perfecto entre buen gusto interpretativo y expresividad, con los solistas bien empastados y mostrando una química evidente que redundó en unos balances cuidados y en una interpretación doliente -en consonancia con las ideas del texto- y trabajada, trepidante incluso por momentos.

El derroche musical, de dos horas, finalizaría con la ejecución de dos propinas de Haendel precedidas por una leve explicación de Haïm que redondeó, aún más si cabe, la velada barroca.

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