Podcast: De huerta monacal a pulmón verde de Oviedo, el origen del Campo de San Francisco
Sus 90.000 metros cuadrados de extensión repletos de esculturas y cientos de especies de árboles y arbustos, hacen de este parque uno de los espacios más atractivos y visitados de la ciudad

Pablo Solares
L. L.
Si hay un emblema en el centro de Oviedo por el que pasan a diario decenas de personas, ese es el Campo San Francisco. Ese pulmón verde de 90.000 metros cuadrados, o lo que es lo mismo, nueve campos de fútbol, por el que se puede pasear entre tilos, castaños de indias, arces, plátanos o chopos. También se puede contemplar su particular museo al aire libre, compuesto por esculturas dedicadas a Palacio Valdés, San Francisco de Asís o José Tartiere.
O perderse entre sus muchos caminos en busca de la siempre fotografiada Mafalda. Todo un símbolo de la ciudad que en sus inicios fue un conjunto de huertas propiedad del Cabildo, varios conventos y algunos particulares, e incluso llegó a albergar una iglesia, la de San Isidoro, de la que hoy aún se conserva uno de sus arcos herencia del románico. Un parque que a pesar de su fama es en parte un gran desconocido.
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Una huerta monacal
Por ejemplo, muchos no sabrán que en sus inicios, el Campo albergó una huerta de los padres Franciscanos, "que llegaron a Oviedo en la primera mitad del siglo XIII", cuenta Regina Buitrago, licenciada en Geografía e Historia y Guía Turística de Oviedo.

Fuente del Angelín, en el Campo de San Francisco / Pablo Solares
Entre los detalles más llamativos de este parque destaca el arco románico de la desaparecida iglesia de San Isidoro. "Este arco perteneció a la románica iglesia de San Isidoro, que estaba ya a finales del siglo XII ubicada originalmente, en lo que es hoy la Plaza del Paraguas. Esa iglesia era una de las tres parroquias más antiguas de Oviedo, junto con San Tirso el Real y San Juan el Real, y se demolió en 1923, tras un dramático abandono. Así, la antigua iglesia de San Matías, que estaba ubicada en la Plaza del Ayuntamiento, y que era la iglesia de los jesuitas, tras la expulsión de estos en 1767 por Carlos III, ese templo se queda sin advocación. Es por entonces cuando, por decisión del obispado, en 1770 toma esta advocación de la antigua iglesia de San Isidoro", explica Buitrago.
Y es que el Campo es parte viva de Oviedo, que ha evolucionado al ritmo de los nuevos tiempos. "Al principio era una gran huerta de los franciscanos, quienes poco a poco fueron realizando mejoras. En el siglo XIV canalizaron las aguas de los arroyos y trazaron caminos, hasta que fue parcelándose en propiedades de particulares y del cabildo catedralicio. Y en 1534, tras decidirse por iniciativa municipal, se convierte en un espacio ya de uso público" señala la guía.

Quiosco de la música / Pablo Solares
Un espacio que cambia al ritmo de la industrialización
Otro de los secretos que oculta este parque es su dimensión y es que, si bien es cierto que en la actualidad ocupa lo equivalente a 9 campos de fútbol, en el siglo XV si volvemos un poquito atrás, en el siglo XV "sus límites se extendían mucho más allá de los actuales, salvo la parte de lo que es hoy la calle de Marqués de Santa Cruz, que era la zona de la huerta de los franciscanos".
Escenario de prácticas militares en el siglo XVI, de celebraciones religiosas y procesiones en Semana Santa, no es hasta el siglo XIX cuando empieza a tener la imagen que reconocemos en la actualidad. "Es el siglo XIX, con la llegada del progreso y la industrialización cuando el Campo de San Francisco sufrió cambios al trazarse las calles de Marqués de Santa Cruz y la calle Uría", añade Buitrago.
Es precisamente a finales de este siglo cuando el Campo vira hacia un tipo de jardín inglés y se incorporan las fuentes, la fuentona, rotondas, estanques o paseos como el de Los Álamos, "decorado por la increíble obra modo de mosaico en el suelo, del autor Antonio Suárez", destaca la guía.

Arco de San Isidoro en la actualidad / LNE
Sus esculturas, repartidas por todo el parque son otro de los reclamos del Campos de San Francisco. Una especie de museo al aire libre en el que se pueden observar desde piezas dedicadas a "José Tartiere, "La torera", esa señora que era una fotógrafa, y que todos los niños se encaraman a su caballito de bronce, la estatua de San Francisco de Asís, que es una copia de Pedro de Mena y cómo no, la escultura de Mafalda en el estanque de los patos, en honor a Quino, premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2014", recuerda Buitrago.
Más de 127 especies distintas de árboles
Otro de los atractivos de este pulmón verde es precisamente su vegeteación. Ya que de su extensión 55.000 metros cuadrados están dedicados a 127 especies diferentes de árboles y arbustos. "Podríamos decir que las especies arbóreas proceden casi de los cinco continentes. Y hay más de una decena de especies típicamente asturianas. Uno de los árboles más asombrosos es un carbayo, un roble de unos 400 años, ubicado en el denominado Paseo de la Herradura. También hay plátanos altísimos, cedros libaneses...", indica la guía.
Un parque centenario por el que el tiempo pasa de una forma particular, no solo en el sentido histórico, sino también gracias al calendario ubicado en el Paseo de lo Álamos y que acapara a diario decenas de miradasa curiosas. "Recuerdo este calendario en los 70, ubicado en el paseo perpendicular a la calle y con forma circular. El que vemos ahora data del año 2011 y son moldes, trozos de césped que los jardineros de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Oviedo cada día colocan y que miman en el vivero del Ayuntamiento de Oviedo, que está en el Parque de Purificación Tomás. Allí se riegan esos números, se abonan y se mantienen para que el césped tenga ese aspecto", revela Buitrago sobre un parque que es todo un emblema de Oviedo.
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