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La ópera rejuvenece con "Rigolerdo": el espectáculo diseñado por Pachi Poncela desata las risas en el Filarmónica

El de la compañía "La grandonna" se ve en la obligación moral de bajar a los infiernos para rescatar a su madre, María Tecallas

Josep M. Riera, en su papel de Rigolerdo, haciendo su entrada en el Filarmónica desde el patio de butacas. | IRMA COLLÍN

Josep M. Riera, en su papel de Rigolerdo, haciendo su entrada en el Filarmónica desde el patio de butacas. | IRMA COLLÍN

Jonathan Mallada Álvarez

Jonathan Mallada Álvarez

Oviedo

"La ópera, ese gran género musical con más de 400 años de vida capaz de emocionarnos y hacernos reír, tiene su razón de ser en vosotros, el público, y vivirá siempre que asistáis y vibréis con sus funciones". Esta proclama de Josep M. Riera (Rigolerdo) fue la encargada de cerrar el espectáculo titulado "Rigolerdo" organizado por la Ópera de Oviedo y que, bajo el patrocinio de Unicaja, se estrenó ayer en la capital del Principado con buen éxito.

El guion de Pachi Poncela propone una interesante aventura donde el protagonista, director de la compañía "La grandonna", se ve en la obligación moral de bajar a los infiernos para rescatar a su madre, María Tecallas. Este telón de fondo le sirve al periodista para conformar una historia repleta de referencias operísticas y gags cómicos de actualidad, que conectaron al instante con la audiencia del teatro Filarmónica.

Para dar vida a esta trama, Ana Santos, Arantxa Fernández y Carlos Mesa confluyeron en la escena, dirigida por Maite Heres, interpretando, con mucho acierto, los papeles de La muerte, Leobrujilda y Mariano, respectivamente.

La constante interacción de los ejecutantes con el público, haciendo su presentación desde el patio de butacas, los juegos de luces a cargo de Alfonso Malanda y una escena muy efectista con pocos elementos (un diván, un ropero o un piano), provocaron que los niños, y los no tan niños, pasaran algo más de una hora disfrutando y participando del espectáculo con algunas intervenciones, leyendo unos tarjetones que se presentaban desde el escenario o compartiendo penas y alegrías con un Rigolerdo que, por un día, rejuveneció el género operístico.

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