Diez años para intervenir con dos mil jóvenes en riesgo de exclusión, así fue el aniversario de la asociación Luar en Oviedo
La entidad cumple su primera década con la vista puesta en su nuevo proyecto, un teatro comunitario en El Palais

Jóvenes y formadores, en la fiesta del décimo aniversario de Luar, en el local de Ventanielles. | FERNANDO RODRÍGUEZ
La asociación Luar acaba de celebrar su primera década de trabajo contra el riesgo de exclusión en jóvenes, un programa que ha atendido a dos mil jóvenes, la mayoría de Oviedo, que llegaron con problemas que abarcan desde niveles muy bajos de formación al consumo de sustancias pasando por víctimas de bullyng o problemas de "soledad no deseada", un problema que cada vez aflora más en la juventud.

Imagen de archivo de la sede de la asociación. | LUISMA MURIAS / .
La asociación tiene su centro juvenil en Ventanielles, donde ofrece espacios tan distintos como un taller, un pequeño estudio radiofónico, una biblioteca, un modesto gimnasio o una peluquería, a disposición de las demandas y propuestas de los propios jóvenes. Pero no siempre fue así. Cuando la asociación inició su andadura en 2015 carecía de local y su intervención era directamente a pie de calle o plaza. La progresión no se detiene. El futuro más inmediato, pendiente de las correspondientes licencias, pasa por la apertura de un espacio cultural en El Palais, "con un teatro comunitario y aulas para introducir la cultura y el arte como forma de intervención social", comenta Candela Herrera, fundadora de la asociación.
El tiempo de intervención con cada joven que demanda este recurso son tres años, "entre que iniciamos, motivamos, introducimos a cada uno en el circuito y conseguimos cumplir el objetivo que se pretende, según el problema con el que llega el chaval, que puede ser el abandono de los consumos, terminar una formación, entrar en el mercado laboral o relacionarse", explica Candela Herrera. Solo el año pasado, en 2024, Luar cerró con más de seiscientos cincuenta jóvenes. Un tercio procede del propio Ventanielles mientras que el resto llegan de barrios aledaños como La Tenderina, Vetusta y Pumarín, de otros puntos de Oviedo y de Asturias y un doce por ciento, aproximadamente, son jóvenes sin hogar. Por sexos hay una gran disparidad: de los más de 650 del pasado ejercicio, solo 97, apenas el 14 por ciento, fueron chicas. "Y ya fue una de las cifras más altas de los últimos años", añadió la fundadora de Luar.
Consumo de sustancias
La demanda de recursos ha cambiado en los diez años de experiencia de esta organización. "El perfil ha variado muchísimo. Empezamos con un perfil de consumo de sustancias y de conductas de riesgo ligadas a ese consumo y ahora un grupo muy importante de chavales llegan solos, sin grupo de amigos, víctimas de bullyng o de situaciones de violencia. Se han quedado solos y el trabajo con ellos se centra en generar red de apoyo y promover confianza en sus iguales", detalla Candela Herrera.
La apertura del espacio cultural en El Palais ampliará el abanico de ofertas de intervención con los jóvenes. "Aunque no somos un espacio de ocio, sí que utilizamos el ocio como forma de intervención con los chavales y trabajar algunas habilidades sociales y comunicativas, y ahora queremos introducir la cultura y al arte con el mismo objetivo", argumenta la fundadora de Luar. "Es nuestro proyecto estrella para celebrar estos primeros diez años", señaló Candela Herrera.
El centro juvenil de la calle río Sella abrió sus puertas en 2020, unas semanas antes de la pandemia, con la pretensión de que los propios jóvenes fueran los que decidieran su desarrollo para alejarse de situaciones que conducen a la exclusión social. "Nuestra idea es hacer un espacio para los jóvenes y que ellos tengan el protagonismo para decidir cómo se crea el espacio, que lo sientan como propio y que tiene repercusión lo que ellos dicen", argumenta Candela Herrera. "En la función de intervención social buscamos que los jóvenes estén relajados, cómodos y a gusto para que el equipo de educadores pueda trabajar el itinerario que necesitan", explica. "Ver que los chavales salen adelante tras los itinerarios, que vienen más y el grupo de amigos que hacen aquí tras venir muy solos" son las mayores satisfacciones que ha deparado esta primera década de intervención social con jóvenes en riesgo de exclusión a los promotores de Luar.
Nuevas nacionalidades
Uno de los cambios constatados en el día a día de esta asociación en los últimos años ha sido la creciente demanda de jóvenes de otras nacionalidades, aunque la mayoría de usuarios de este recurso son españoles. "Justo antes de la pandemia empezamos a tener un grupo mucho más intercultural que cuando empezamos. En la asociación hemos recibido a muchos chavales procedentes de reagrupación familiar o que han pasado por centros de protección de menores. Ahora, los jóvenes de otros países son aproximadamente un tercio del total", precisó Candela Herrera, una trabajadora social convencida de que "el posible conflicto" entre los críticos y los defensores de la llegada de población migrante "hay que trabajarlo".
¿Dónde radica el secreto para que el programa de Luar haya atraído a dos mil jóvenes en diez años? "El tirón, creo, está en que nuestro programa respeta mucho la libertad de quien viene. No somos pesados, somos de intervención ligera, no presionamos a los jóvenes, no somos insistentes. Todo forma parte de su libertad, de que hagan cosas por sus propios medios, que con su libertad consigan lo que ellos pretendan, sin tutelaje y, sobre todo, sin moralina", sostiene Candela Herrera, que explica el manual de estilo de los formadores de Luar: "Tenemos capacidad de escucha y de planteamiento si vemos que las cosas van por derroteros raros. Entendemos que las estrategias de observación por nuestra parte y de participación son atajos para que los jóvenes consigan los objetivos de forma más autónoma".
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