Micaela Moya, ganadora del Premio de Investigación Literaria "Ángel González": "Casi todos los productos en torno al erotismo y al sexo están pensados por y para el hombre"
"Los poemas amorosos nos dicen mucho sobre la época en la que vivimos”, afirma la autora del estudio galardonado dedicado a la obra de Ana Rossetti, Ángeles Mora, Aurora Luque, Inmaculada Mengíbar y Josefa Parra

Micaela Moya. / LNE

Micaela Moya Cedrola (Mar de Plata, Argentina; 32 años) es la autora de "Manantial imposible: amor y erotismo en la poesía de Ana Rossetti, Ángeles Mora, Aurora Luque, Inmaculada Mengíbar y Josefa Parra", obra con la que ha obtenido el Premio Internacional de Investigación Literaria "Ángel González", que convoca la Universidad de Oviedo a través de la cátedra que vela el legado del poeta ovetense. Es profesora en Letras por la Universidad Nacional de Mar del Plata, Máster en Literatura española y estudios literarios en relación con las artes por la Universidad de Valladolid y Doctora por la Universidad de Salamanca.
¿Qué elementos comunes y qué divergencias encontró en la forma en que la cinco poetas a las que ha dedicado su investigación construyen su poética sobre el deseo femenino?
Fueron elegidas, en principio, por su cercanía generacional. Nacen entre 1950 y 1965, lo que permite un recorte temporal acotado. Aunque no podemos decir que pertenezcan a una misma generación, sí que hay una serie de vivencias sociales e históricas que cruzan sus vidas y sus producciones. Me refiero, sobre todo, al franquismo y la posterior Transición, que cifran una educación sentimental que se traduce en su poesía. Más allá de esta cuestión de índole más general, en su poesía amorosa y erótica hay muchos puntos de coincidencia. Encontramos una deconstrucción del amor romántico, con una mirada distinta sobre la separación, que se vive con cierta naturalidad. En relación con el erotismo, en todas hay una consciencia muy fuerte del propio deseo que se traduce en poemas más o menos explícitos. En algunas de ellas esto lleva a una serie de poemas que abordan temáticas novedosas como la masturbación femenina o la cosificación del cuerpo del hombre deseado. En lo que respecta a la forma, si bien pertenecen a formaciones discursivas diferentes, hay también puntos de contacto. Casi todas ellas tienen poemas en los que la reflexión sobre el amor se entremezcla con un ejercicio metapoético (es decir, una reflexión sobre el propio hacerse del poema). Abundan, asimismo, referentes comunes como la tradición clásica (especialmente relevante en la obra de Aurora Luque), el acervo católico o la naturaleza, entre otros, en los poemas amoroso-eróticos.
El jurado subrayó que su investigación propone una mirada que subvierte el orden tradicional, al contemplar al hombre como objeto de deseo. ¿Cómo se articula esta inversión de roles? ¿Y qué diferencia hay con la mujer objeto contemplada por los poetas varones?
La diferencia fundamental tiene que ver con que la mujer como objeto contemplado por los poetas hombres tiene una tradición antiquísima, casi desde el inicio de la literatura. Podemos rastrear montones de musas: en la literatura, en la pintura, en el cine, en la fotografía. Hay distintos modelos de mujeres en el arte según el momento histórico en el que nos encontremos, todos ellos absolutamente reconocibles. Por poner algunos casos: la donna angelicata del dolce stil novo o la femme fatale, entre muchos otros. Podemos hasta delinear modelos físicos de las mujeres deseadas. Sin embargo, ¿cómo es el muso? ¿Cómo es el hombre que se desea? ¿Varía con el tiempo? No lo sabemos. El hombre está muy escasamente cosificado en la poesía escrita por mujeres. Por eso los ejemplos que proponen nuestras autoras son innovadores. Dentro de todas las estudiadas, Ana Rossetti destaca especialmente en este punto. Rossetti se hace de los modelos de la publicidad y de la imaginería gay para cosificar a los modelos de los calzoncillos Calvin Klein o a los jeans de Wrangler. Y este es otro punto interesante: mayormente los hombres se encuentran cosificados en objetos artísticos realizados por otros hombres. De ahí que creo interesante resaltar estos poemas que son subversivos porque cambian el orden tradicional de las cosas. Ya no es la mujer el objeto: es sujeto de deseo y no solo eso, sino que convierte al hombre en objeto.
¿Cuál es la diferencia sustancial en la expresión del deseo masculino y femenino en la poesía contemporánea? ¿Y en la representación de los cuerpos objeto de ese deseo?
Estudiar el deseo femenino es, sobre todo, una reivindicación. La tradición literaria ha ubicado predominantemente a las mujeres en el lugar de musas silentes. Reparar en aquellos textos en los que expresan su deseo amoroso-erótico es una manera de visibilizarlo, de dar cuenta de que también existe. Aunque, cabe aclarar, que la manifestación del deseo amoroso-erótico femenino en la poesía en español precede a las autoras estudiadas en este trabajo. Hay otras autoras que lo hicieron antes que este grupo de poetas, aunque en la generación que comienza a publicar en los 80 hay un verdadero estallido de estos temas, impulsado por la llegada de la transición. No se trata de comparar las formas de expresar el deseo amoroso en la poesía escrita por mujeres y la de sus pares masculinos, sino de poner de manifiesto cómo se ejecuta en la poesía el deseo femenino. Para mí es una reivindicación doble: por un lado, darle entidad a la obra de las poetas que ha sido sistemáticamente borrada del canon de la poesía española, y por el otro, me interesa hablar de amor y erotismo desde una perspectiva femenina. Esto, en mi parecer, es un problema que excede al ámbito de la poesía y es muestra del sistema heteropatriarcal en el que vivimos: casi todas las formas y productos en torno al erotismo y al sexo a los que estamos expuestos se piensan por y para el hombre. Respecto a la representación de los cuerpos que son objeto de deseo, la diferencia es clara: los hombres cosifican mucho más a las mujeres y también a otros hombres. Encontrar un corpus de hombres cosificados es mucho más difícil. Al hablar de amor y erotismo, las poetas hablan mucho más de lo que ellas sienten ellas mismas que del cuerpo del amado. De hecho, buena parte de los hombres cosificados que se estudian en este trabajo no son directamente el sujeto amado, sino hombres inaccesibles como los modelos publicitarios de los que ya hablamos. Es una cuestión en la que creo que merece la pena seguir indagando.
¿Qué reminiscencias quedan en la obra de esas cinco autoras de la época en la que crecieron y de la educación nacional-católica que pudieron haber recibido?
Este punto es muy interesante porque por supuesto que esta formación está presente en todas ellas. Hay una sección en el trabajo en donde se estudia cómo los referentes religiosos son utilizados, en la poesía de nuestras autoras, para hablar de erotismo. En algunos casos, se subvierten estas referencias religiosas y en otros, sin llegar a eso, se toma este acervo para reflexionar en torno al deseo. Es particularmente interesante el segundo poemario de Ana Rossetti, Devocionario(1985) y también algunos poemas de Josefa Parra. El caso de Rossetti es especialmente llamativo porque, como la misma autora ha resaltado en numerosas oportunidades, las vidas de los santos son lecturas que marcan su formación, de modo que el acervo católico puebla toda su literatura y se recupera con distintos sentidos. En conclusión, la religión no aparece en las autoras estudiadas como castradora, sino que adquiere una potencia que sirve, incluso, para pensar en el deseo y en los cuerpos.
¿Tienen continuadoras? ¿Hay una generación joven de mujeres poetas cultivando la poesía de tema amoroso y erótico?
Por supuesto que es un tema que sigue vigente. El amor es uno de los temas más universales y con tratamiento desde el comienzo de la literatura. Todos amamos y todos pensamos que eso que sentimos es único y especial y es por eso que la literatura lo tematiza en tantas oportunidades. Parafraseando a Jorge Drexler, las servilletas de los bares guardan idénticos suspiros desde el “Cantar de los cantares”. Una de las cosas que me interesa para próximas investigaciones es justamente revisar este punto ¿Cómo se ejecutan estos temas en las poetas más jóvenes? El tema del erotismo que empezaba asomar con más fuerza en las autoras que estudia este trabajo ya está más resuelto y hay figuraciones mucho más explícitas. También ingresan nuevas reflexiones sobre el amor, más contemporáneas: la convivencia, el amor más libre, una reflexión sobre el amor desde los objetos cotidianos, entre otras formas. Me interesa seguir indagando y trabajando en este sentido. Estoy convencida de que los poemas amorosos y eróticos nos dicen también mucho sobre la época en la que vivimos.
Ángel González da nombre al premio que acaba de ganar. En su poesía de asunto amoroso, ¿hay alguna cualidad que lo haga excepcional?
Ángel González es para mí muy especial. Lo descubrí en 2014 mientras cursaba Literatura y cultura española contemporánea en la Universidad Nacional de Mar del Plata y fue un amor a primera vista. Después de la clase sobre el ovetense, hice todo lo posible para encargar su poesía completa que tardó algunos meses en llegarme. Mientras la esperaba, escuché sin parar el disco de Pedro Guerra que me permitía una primera aproximación. Mis primeras investigaciones, como estudiante de grado, fueron en torno a su obra. Ángel González tiene para mí algunos de los poemas de amor más inolvidables de la poesía española, como “Me basta así” en donde el poeta se plantea que si fuese Dios no solo reconstruiría a la amada, sino que también “haría /lo posible por ser Ángel González/ para quererte tal como te quiero”. Por todo esto, es para mí muy especial poder ganar un premio que lleve su nombre. No solo porque Ángel González es un poeta fantástico, sino porque fue mi primer objeto de estudio como investigadora.
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