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La historia de Longinos Fernández, el "cerebro" que convirtió a Oviedo en un referente nacional de los datos

Lavianés de nacimiento y filólogo de carrera, el jefe del servicio municipal de Estadística se jubila, cerrando una etapa de 43 años que inició como operario

Longinos Fernández.

Longinos Fernández.

Longinos Fernández (Laviana, 1959) es el Jefe de Sección de Registro y Estadística del Ayuntamiento de Oviedo. El jueves, 18 de diciembre, se jubilará poniendo fin a una trayectoria de 43 años trabajando en la estructura del Consistorio ovetense. Empezó ejerciendo como operario de obras y se retira siendo uno de los responsables de que el sistema de datos municipal sea considerado un «referente a nivel nacional» por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Nació en una pequeña aldea del concejo de Laviana, Fombermeja, en la que actualmente no quedan habitantes. A los cinco años de vida su familia se trasladó a Lorío y es allí donde conserva sus primeros recuerdos.Como la gran mayoría de los hombres de la época en la Cuenca del Nalón, su padre se dedicó a la minería, era barrenista en una subcontrata de HUNOSA. Su madre era ama de casa, cuidaba de sus tres hermanas y de las cabezas de ganado que tenían.

Pese a las estrecheces de la economía doméstica, después de que la silicosis incapacitase a su progenitor para seguir trabajando en la mina, la prioridad de su familia era que sus cuatro retoños pudiesen estudiar. Con tan solo nueve años, incitado por sus primos, Longinos se fue a estudiar a un colegio religioso en Bilbao. Sus parientes abandonaron el centro cuando él llegó y recuerda que los primeros días se le «caía el mundo encima». No obstante, nunca olvidará la satisfacción que sintió cuando vio a sus progenitores orgullosos porque, en una de sus visitas al País Vasco, uno de los sacerdotes destacó el buen comportamiento y el rendimiento académico de su único hijo varón.

Después de cuatro años en Bilbao, regresó al instituto de Pola de Laviana porque tenía claro que «no quería seguir la carrera eclesiástica». La opción de ser minero era tentadora, puesto que solucionaría muchos de los problemas económicos de su familia, pero su padre tenía claro que no quería esa vida para su hijo y a todo aquel que le incitaba a mandar a su chaval a la mina le decía que «cada uno gobierne en su casa».

Etapa universitaria

Siempre le llamaron la atención las ciencias y quería estudiar veterinaria. No había la posibilidad de cursar esa carrera en Asturias y acabó decidiéndose, sin tener muy clara la razón, por estudiar Filología Hispánica. Su etapa universitaria estuvo marcada por la autoexigencia, podía estudiar gracias a una Beca Salario y debía mantener buenas calificaciones para que se la siguiesen concediendo.

Aunque rendía muy bien en la Universidad, siempre trabajaba durante los veranos para sacar un «extra» de dinero. Cuando terminaba el último examen del curso, reservaba unos días para ayudar a su padre «tirando de guadaña» en la hierba y después buscaba trabajo en la obra para dos meses.

Hubo un verano que, animado por un compañero de piso que tenía en Oviedo, acabó viajando a trabajar en la cocina y en el servicio de limpieza de un hospital de Suiza. Allí conoció a muchas personas de diferentes nacionalidades y, cuando terminó su etapa allí, le ofrecían trabajo fijo por su valía. Recuerda con cariño una aventura por el Cantón del Valais y un compañero italiano con el que hacía tortillas de patata en su tiempo libre.

Llegada al Ayuntamiento

Terminó la carrera en 1982 y empezó a buscar trabajo porque «no podía permitirse un tiempo libre para opositar». Salieron unas plazas de operario en el Ayuntamiento y acudió a las pruebas de selección sin tener claro qué labor iba a desempeñar. Una de las pruebas era cambiar un montón de arena con una pala de un recipiente a otro, gracias a su experiencia en la obra, destacó por encima del resto en esta tarea y así empezó a trabajar en el Consistorio ovetense.

Una vez dentro de la estructura municipal, fue ascendiendo poco a poco y acabó consiguiendo el puesto de funcionario gracias a unas oposiciones que reconoce que le costaron«muchas horas de sueño». En la década de los 90, estuvo en el departamento de Gestión Tributaria, realizaba tareas relacionadas con auditoría interna y asesoramientos en el presupuesto municipal. Finalmente, en el 2000 llegó al área de Estadística, donde todavía sigue ejerciendo a día de hoy.

Tiene buenos recuerdos de todos los alcaldes que pasaron por el Ayuntamiento. Destaca la subida de salarios que implementó Luis Riera cuando él acababa de llegar, el cambio que supuso para la ciudad de Oviedo todos los proyectos impulsados durante el mandato de Gabino de Lorenzo y la libertad que tuvo siempre para hacer su trabajo correctamente, independientemente de la formación política que gobernase en la ciudad.

De todas las anécdotas que acumula en estos 43 años de trabajo, destaca una experiencia con uno de los becarios con los que compartió oficina. Por culpa de un error del sistema, el DNI asociado a un hombre que quería un volante de empadronamiento aparecía dado de baja por defunción. El chico que estaba aprendiendo, acudió a él ruborizado por la situación. Longinos todavía no puede aguantar la carcajada cuando lo cuenta.

Dejará de ejercer el próximo jueves, aunque confiesa que se planteó seguir porque siempre va con«mucha ilusión» a trabajar. Su mujer también se jubiló recientemente y piensan aprovechar al máximo el tiempo libre.Tiene miedo al vacío que puede sentir por no ir a la oficina, pero se consuela diciendo que «los jubilados siempre dicen que no tienen tiempo para nada, espero que a mí también me pase eso».

Se va orgulloso de su labor al frente de la Sección de Registro y Estadística. El delegado del INEen Asturias aseguró que la capital delPrincipado es un referente a nivel nacional en este ámbito, que es muy importante para el buen funcionamiento de gran parte de los sistemas municipales.

Culé y azul

Sigue yendo con la bicicleta al monte y le gusta mucho leer. Pero si se tiene que quedar con una de sus pasiones, sin duda, se queda con el fútbol. Desde pequeño es aficionado del Barça y del Oviedo y cuando era un chaval jugó en las categorías inferiores del Asturias de Blimea. Recientemente, en una pachanga tuvo una rotura de fibras, pero se lo toma con humor y asegura que «el cuerpo me dice que cada vez estoy más para verlo que para practicarlo».

A la vuelta de la esquina tiene sus primeras navidades como jubilado y tiene ganas de «disfrutar con la familia». No obstante, siempre está preparado para trabajar, su hijo está haciendo una nueva vivienda y confiesa que no tienen ningún problema por coger la desbrozadora o tirar de carretilla. Echará de menos a su equipo de trabajo y el ambiente que respiraba en la oficina, pero asegura que el descanso es «merecido». n

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